El
movimiento de "Indignados" y
las protestas populares que se vienen
poniendo de moda (bajo diferentes y aun
frágiles pretextos) contra varios
gobiernos (en países de la Unión
Europea, en Turquía, Africa y Brasil)
acabaron con el mandato legítimo
del presidente Mursi elegido democráticamente
apenas hace un año tras la era
autoritaria de 30 años de Mubarak.
¿Qué está pasando
con esta especie de endemia política
contagiosa? Es preciso intentar una reflexión
más allá de los titulares
llamativos y las fotos sensacionalistas
a que nos tienen acostumbrados los medios
audio-visuales. De entrada me permito
observar que lo que está pasando
en Egipto es simple coincidencia con lo
que ocurre en la actual Venezuela. Los
dos son casos muy diferentes e independientes.
Aunque no se excluye que los errrores
cometidos por los principales agentes
políticos de la tragedia allá
puedan servir como lecciones para que
los correspondientes agentes de acá
no los cometan ingenuamente.
Recuento
breve de lo ocurrido en Egipto
En 1952, una revolución de jóvenes
militares egipcios destituyó al
rey Farouk y llevó al gobierno
al coronel Gamal Abdel Nasser, quien se
convirtió en hombre fuerte y líder
del mundo árabe. Lo sucedió
Anwar El-Sadat (premio Nobel de la Paz)
quien firmó en 1979 con Israel
el tratado de paz de Camp David y fue
asesinado en 1981. Hosni Mubarak, quien
era su vicepresidente, lo sucedió
en el poder en el que se mantuvo por 30
años, tras cinco reelecciones,
y dimitió el 10 de febrero de 2011.
Bajo la vigilancia imparcial de las Fuerzas
Armadas, Egipto el 16-17 de Junio del
2012 eligió presidente en las urnas
entre dos candidatos finalistas .
El uno Ahmed Shafiq, general retirado,
último primer ministro de Hosni
Mubarak, con buena reputación de
honradez, un equilibrado programa de gobierno,
compromiso de gobernar para todos los
egipcios (sin discriminación de
sexos, de religiones, de colores políticos
partidistas). Prometió públicamente
a los jóvenes respetar la revolución
con la que habían logrado hacer
dimitir a Mubarak. Resultó un contrincante
fuerte y avezado.
Por el otro lado, Mohamed Mursi el abanderado
de los Hermanos Musulmanes, organización
islamista que en las elecciones anteriores
para el Parlamento egipcio (2011-2012)
había obtenido una llamativa e
importante victoria (47% de los votos
a favor), que los había dejado
con 235 curules sobre 498. Esto le representaba
una ventaja electoral sobre su inmediato
y difícil competidor, Shafiq.
Tras una reñida decisión
en la dirección de los Hermanos
Musulmanes (que se resolvió por
solo 56 votos a favor contra 52 ) la Organización
resolvió escoger como candidato
presidencial no a su máximo jefe
-a quien le correspondía- sino
a Mohamed Mursi. Quiso tal vez así
-con oportunismo electoral- subrayar su
pretendido pluralismo, la supuesta unidad
que tenía como partido y su no
convincente rechazo a caer en individualidades
mesiánicas o eventual ‘culto
de personalidad’, para con el líder.
Mursi, consecuentemente aceptó
y convocó a 'candidatos y personalidades'
para abrir un diálogo nacional
con el objeto de "salvar a la revolución
de los <fulul>, llamados así
como "remanentes del antiguo régimen".
Con apenas un año de desempeño
en el cargo de presidente (junio 2013),
los militares relevaron del cargo a Mursi
y escogieron un suplente, convocando a
nuevas elecciones generales.
Islamismo como política
Es importante el nuevo concepto de islamismo.
Remito a mi artículo “El
Islam político en el siglo XXI”
basado en un estudio serio del internacionalista
Ferran Izquierdo Brichs, de la Universidad
Autónoma de Barcelona (www.enrique-neira.com
Editorial 61, 5 julio 2011). Asumo islamismo
-siguiendo a Guilain Denoeux (2002)- como
“una forma de instrumentalización
del Islam por individuos, grupos y organizaciones
que persiguen objetivos políticos.
Proporciona respuestas políticas
a los desafíos de la sociedad actual
imaginando un futuro cuyas bases se apoyan
en la reapropiación y reinvención
de conceptos tomados de la tradición
islámica”.
Desde los años ochenta, el Islam
político o islamismo despierta
una enorme preocupación tanto en
los medios políticos como en los
medios informativos. La revolución
en Irán a finales de los años
setenta y la victoria electoral del FIS
en Argelia a finales de los ochenta del
siglo pasado marcaron dos momentos álgidos
de la movilización popular e ideológica
por parte de los grupos islamistas. Seguidamente,
la guerra civil argelina y la violencia
terrorista dejaron su huella en los años
noventa. Todavía existe el temor
contra el “yihadismo” (beligerancia
armada, yihad guerra) propuesta a finales
del siglo pasado por unos pocos grupos
fundamentalistas. Pero hay que tener en
cuenta que los grupos islamistas mayoritarios
han sufrido una gran evolución,
y que el contexto en el que se mueven
hoy también es muy distinto. Más
que por el yihadismo o la radicalidad
ideológica del siglo pasado, el
Islam político actual está
mucho mejor representado por la moderación
–tanto ideológica como en
la actividad política– del
AKP turco, del PJD marroquí, del
al-Nahdah en Túnez y de la mayoría
de los partidos o grupos grandes como
parecía ser el partido de los Hermanos
Musulmanes en Egipto. Esta dinámica
de moderación es fruto por una
parte de la relación que supo adoptar
frente al gobierno de Mubarak y, por la
otra, la reivindicación que venía
haciendo de la democracia liberal como
estrategia en su lucha política
por llegar al poder que parece lo va a
perder ahora (habiéndolo tenido)
por reincidir en el radicalismo de antaño.
La Hermandad Musulmana egipcia
La organización fue creada en 1928
por Hassan Al-Banna. Desde entonces venía
actuando como fuerza de oposición
al poder establecido y daba muestras de
mucha habilidad en las estrategias y flexibilidad
para los acuerdos pragmáticos con
otras fuerzas políticas.
Se unieron con los Militares en 1952 que
destronaron al rey Farouk quien gobernaba
desde 1936. Se enfrentaron desde 1954
a Nasser quien los reprimió. Lucharon
contra El Sadat desde 1970 quien los utilizó
en su lucha contra los nasseristas y para
hostigar a la izquierda. En el largo gobierno
de 30 años de Mubarak, desde 1981
-sin ser reconocidos como fuerza legal-
los Hermanos sobrevivieron oscilando entre
el compromiso con el dictador, la mutua
tolerancia parcial y la represión
selectiva por parte de él.
La caída de Mursi
Un lúcido e impecable editorial
de El Nacional de Caracas (7 de julio)
señala bien lo que pudiéramos
designar como los 5 pecados capitales
de Mursi, por los que fue llamado a calificar
servicio público en Egipto, con
apenas un año en ejercicio y fue
depuesto.
1) No hay malabarismos retóricos
que valgan. Incumplió sus promesas
de prosperidad y convivencia tras la revolución
contra el régimen despótico
de Hosni Mubarak. No honró el compromiso
de pluralismo y mejor calidad de vida
que, en junio de 2012, le mereció
los votos de poco más de la mitad
del electorado.
2)) Mursi tuvo la oportunidad de hacer
realidad la aspiración de cambio
que los egipcios expresaron con sus votos
e impulsar la transformación de
Egipto. Su desafío como presidente
de la transición era muy grande:
una economía por recuperar, un
viejo entramado institucional corrupto
y uno nuevo por construir, una vida política
por asumir desde la pluralidad y, especialmente,
mucha confianza y acuerdos por cultivar
dentro y fuera de su país. El balance
de un año y tres meses fue desolador.
3) La economía no comenzó
a superar el desplome del crecimiento
que padecía desde 2008, acompañada
por la caída de las inversiones,
reservas internacionales en baja y endeudamiento
en alza, una tasa de desempleo en aumento
así como la escasez de energía
y de alimentos que debe importar una insostenible
economía de subsidios.
4) Más grave fue el panorama político.
Mursi copó los espacios de poder
con sus socios políticos, los Hermanos
Musulmanes. En medio de la transitoriedad,
mediante decisiones “definitivas
e inapelables por cualquier método
o ante cualquier órgano”,
se impuso sobre el Poder Judicial para
así asegurarse el decisivo peso
de los suyos en el Gobierno y sobre el
proceso constituyente. "Lo más
grave para la sociedad egipcia, y para
el propio presidente, fue la pretensión
de olvidarse de ese 48,3% de los egipcios
que no votaron por él, proporción
que creció a medida que se desnudó
el proyecto de un régimen sordo
y ciego ante una sociedad diversa, agobiada
por graves problemas, que dejó
de sentirse representada y así
lo demostró en las calles desde
hace meses".
5) Mursi y sus Hermanos Musulmanes no
supieron comprender ni quisieron intentar
algo que recordaba John Carlin en un escrito
publicado en el diario El País:
“Los grandes estadistas, los que
pasan a la historia, como Mandela y Abraham
Lincoln, son los que aspiran a unificar
sus pueblos”.
Bien resume David Alandete desde El Cairo
(30 junio 2013) las que llama "Las
razones del hastío contra Morsi"
y que alimentaron las protestas que finalmente
condujeron a que fuera depuesto por los
militares, quienes un año antes
habían permitido que se posesionara
y tratara de gobernar. "Detrás
de las protestas contra el presidente
egipcio, está el paro, la carestía,
el ascenso islamista y la sensación
de que no está a la altura del
cambio que alumbró la revolución".
Conclusión
Algunos paises hoy en día parece
que requieren para sobrevivir el que sean
gobernados por un <superman> o alguna
<supermujer>. No se contentan con
menos. Así lo comentaba Sarah El
Deeb con cierta ironía para Time
el 24 de mayo: " Los egipcios dicen
que quieren que su próximo líder
sea honrado, inteligente, un caballero,
un hombre con corazón, un militar,
un hombre religioso, uno que descienda
del pueblo y se reúna con él..
Lo que realmente están buscando
es un superhombre". "Queremos
un presidente perfecto. Queremos que sea
fuerte, justo y respetable, limpio, alguien
que esté del lado de los pobres.
Básicamente, quiero un superhombre",
dijo Heba El-Sayed, un profesor de 42
años, al preguntársele sobre
el mismo tema.
El pragmatismo venía siendo tendencia
visible en los últimos años
del Islamismo en los países árabes.
Ha sido factor de éxito en Turquía
y podía haberlo sido también
en Egipto. Los “Hermanos Musulmanes”
en Egipto lo practicaron por supervivencia
y buen olfato político -durante
el largo gobierno hegemónico de
Mubarak- y recientemente les hubiera permitido
liderar grandes sectores de la población
egipcia como alternativa válida
y confiable para regir los destinos del
país en los próximos años.
Pero se impuso el radicalismo ideológico
con desmedro del buen gobierno, cuya razón
de ser es atender bien a la solución
de los problemas reales del pueblo. Ya
lo intuía el pequeño gran
Den-Xiaoping, timonel exitoso del actual
desarrollo de China, cuando gráficamente
consignó "No importa de qué
pelaje sean los gatos; lo que importa
es que cacen ratones".
09-07-13