China : sigue el rumbo con nuevo timonel (Editorial 121)
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El Partido Comunista Chino decidió celebrar su 18° Congreso justo apenas unos días después de las elecciones presidenciales estadounidenses (noviembre 2012). Señal clara de que tiene conciencia de la nueva jerarquía planetaria que ocupa China en el mundo en el que se ha convertido ya en la segunda potencia y espera llegar a convertirse en la primera. El siglo XIX fue el periodo del “desmembramiento” de China, el siglo de la humillación. El XX, en su periodo comunista, fue el siglo de la “restauración”, y el XXI está destinado a ser el siglo de la “dominación”.
La cuestión principal que se nos plantea es si China va a adoptar una línea cada vez más nacionalista y dominadora del mundo o si -profundizando con reformas su indudable progreso interno- se inscribirá en un juego mundial de interdependencias y resoluciones colectivas y pacíficas de los conflictos. Mucho dependerá del personaje que ha sido designado (por conciliación de tendencias dentro del PCCh) para dirigir su destino por otros cinco años y de la supuesta orientación “reformista” que parece animarlo.

 

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El 18° Congreso del PCCh

"China encumbra a una nueva generación de líderes" tituló José Reinoso su comentario desde Pekín en El País (14 nov 2012).
Los 2.270 delegados que participaban en el 18º Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) en Pekín escogieron los 200 miembros del Comité Central y estos, a su vez, el día siguiente, conformaron el Politburó (25 miembros) y, dentro de éste, el Comité Permanente del Politburó, (7 personas). Los delegados aprobaron además una modificación de la Constitución del Partido Comunista Chino, incluyendo el concepto de "desarrollo científico" impulsado por Hu Jintao, presidente saliente. Finalmente - para presidir el Comité Permanente como Secretario del Partido y consiguientemente presidente de la República Popular China- designaron a Xi Jinping (59 años) y a Li Keqiang (57 años) como primer ministro. Ambos toman posesión en este marzo, ante la Asamblea Popular del Pueblo (Parlamento) para un mandato de 5 años prorrogables a 10 como suele practicarse. Hu -presidente saliente- en su discurso de clausura subrayó que "se sustituyó a líderes mayores por otros más jóvenes [..] quienes tendrán un papel importante para guiar el desarrollo completo de la gran causa del socialismo con características chinas”.
Se asegura, así, en China la transición pacífica -y como está ordenado por la Constitución- a una quinta generación de líderes, tras las de Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao.


Xi Jinping el nuevo líder


Xi Jinping, de 59 años, fue nombrado secretario general del Partido Comunista Chino (PCCh), y en marzo de este 2013 se posesiona de la presidencia del país. J. Reinoso describe al personaje en su comentario "Un 'príncipe'para días convulsos"(El País 10 nov. 2012).

Xi Jinping nació en junio de 1953 en Pekín . Alto, de complexión fuerte, estilo directo, reformista cauto y azote de la corrupción, su nombramiento fue resultado del consenso entre las facciones del partido comunista chino. En 1969, en pleno caos de la Revolución Cultural (1966-1976), fue enviado a trabajar en el campo en Shaanxi. Fue encarcelado cuatro veces. Pertenece al notablato de los llamados< príncipes>: los privilegiados descendientes de líderes prominentes del PCCh presentes o pasados. Es hijo de Xi Zhongxun, uno de los dirigentes revolucionarios chinos quien fuera viceprimer ministro (1959-1962), reformista y acusado de deslealtad hacia Mao. Por la imagen de su padre, la solicitud de Jinping para ingresar al PCCh le fue rechazada nueves veces. Pero lo logró en 1974. Entre 1975 y 1979, estudió ingeniería química en la prestigiosa universidad Qinghua, en Pekín, donde también logró un doctorado en teoría marxista. Entre 1979 y 1982, trabajó en las oficinas de la Comisión Militar Central y del Consejo de Estado.

A partir de ahí comenzó realmente su carrera política, que le llevó a ocupar cargos en los gobiernos y secretarías del PCCh en tres provincias costeras: Hebei, Fujian y Zhejiang. Su paso por Zhejiang (2002-2007) le granjeó la buena fama de luchador contra la corrupción. Y en marzo de 2007, asumió la secretaría del partido en Shanghai después de que su predecesor, Chen Liangyu, fuera destituido y más tarde condenado a 18 años de cárcel por corrupción. Su camino hacia la cumbre se había sellado en el 17º Congreso, en octubre de 2007, cuando fue designado uno de los nueve miembros del Comité Permanente del Politburó. Fue colocado en la jerarquía por delante de otra estrella emergente, Li Keqiang, quien actualmente quedó como primer ministro.

Xi Jinping está casado en segundas nupcias con la popular cantante de ópera Peng Liyuan, quien describe a su esposo como un hombre frugal, muy trabajador y con los pies en la tierra. Tienen una hija, Xi Mingze, que estudia en Harvard.

Xi Jinping fue responsable de la exitosa organización de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008.

Alguien ha observado que si logra concluir bien su mandato, Xi será el primer máximo líder que ha recorrido toda su vida bajo el régimen único del Partido Comunista. El exsecretario del Tesoro estadounidense Henry Paulson dijo de él que es “un tipo que realmente sabe cómo cruzar la línea de gol”.

¿Orientación reformista o expasionista ?

La elección de Xi, hijo del otrora prestante reformista, como presidente de China parece ser la resultante de un compromiso entre los antiguos dirigentes ya jubilados junto con miembros destacados de la llamada facción de Shanghai, y una elección que fuera aceptable para la facción de las Juventudes Comunistas conformadas en torno a Hu Jintao anterior presidente. Xi tiene estrechos contactos especialmente con el exvicepresidente Zeng Qinghong, a su vez también un 'notable' y mano derecha del expresidente Jiang Zemin (2008).

Leyendo la historia, pareciera que China se hubiera preocupado durante siglos exclusivamente de su propia unidad y se presume ligeramente que así seguirá siendo durante el próximo milenio. No entra en nuestras cuentas que el “Imperio del Centro” pretenda convertirse en un imperio belicoso y conquistador, como quiso serlo a su modo Japón entre dos guerras. Pero ha sido precisamente de Japón de donde han llegado las primeras señales de alarma, sobre el apetito que China muestra concretamente sobre un pequeño grupo de islas niponas situadas en el mar de China y se muestra intranquilo. Ahora pide la revigorización del pacto de defensa que obliga mutuamente a Tokio y Washington desde el fin de la guerra. Y China, sin disimularlo sigue preocupada por la idea de recuperar Taiwán algún día. Imparcialmente comenta J.M. Colombani ("China quiere la primacía", El País 11 nov. 2013):

"Hay dos opciones que, por otra parte, no son excluyentes: 1) O bien apostamos por el poder de arrastre del comercio mundial, por la absoluta necesidad de China de continuar creciendo a un ritmo constante y, en consecuencia, por el hecho de que necesita a los demás a toda costa y, en tal caso, especulamos sobre la inevitable democratización que tendrá lugar a medida que crezcan las aspiraciones de las nuevas clases medias chinas. 2) O nos preocupamos antes que nada de contener el eventual expansionismo chino y pensamos en la constitución de un arco democrático susceptible de poner en marcha esa política de contención, y que iría desde Nueva Delhi a Tokio, pasando por Indonesia, Australia y, sin duda, inevitablemente, también Vietnam".
Los nuevos dirigentes del país más poblado y segunda economía del mundo tendrán que hacer frente a una larga lista de desafíos: atajar la corrupción a como dé lugar, superar un entorno económico difícil debido a la crisis global que implica para China el darle un vuelco a su política monetaria y de exportación masiva, manejar equilibradamente unas relaciones tensas con sus vecinos asiáticos, aminorar a tiempo la degradación medioambiental, detener el agravamiento de la crisis de Tíbet, y, en particular, atender a la necesidad de reformas económicas y políticas, que permitan seguir creciendo a China a un fuerte ritmo, respondiendo a las crecientes protestas de una población cada vez más informada, con más conciencia de sus derechos y libertades que comienza a ser más reivindicativa de los mismos.

"Deberá continuar impulsando el desarrollo, al tiempo que bascula hacia un modelo más igualitario y respetuoso con el medioambiente, más basado en el consumo doméstico y menos en las exportaciones y la inversión, y con menor intervención estatal"(J. Reinoso).

En el informe que el presidente Hu leyó al inicio del Congreso 180 advirtió con énfasis sobre la grave amenaza que representa la corrupción para el PCCh. “Si no somos capaces de gestionar bien este problema -dijo- podría ser fatal para el partido y causar incluso el derrumbe del partido y la caída del Estado”. Y es algo que viene en China carcomiendo también las bases éticas de todo su capitalismo, con graves fenómenos de desigualdades y desequilibrios sociales -a pesar de su profesión de fe comunista- que están saliendo a flote, ofendiendo a la opinión pública con escándalos como el revelado por el caso Bo Xilai -que se ha constituido en el mayor escándalo político que ha vivido China desde las manifestaciones de Tiananmen en 1989.

En los últimos meses, Bo Xilai, alto dirigente y estrella ascendente, fue <purgado> después de que uno de sus colaboradores desvelara que supuestamente la esposa de Bo había asesinado a un empresario británico. Sus partidarios aseguran que fue víctima de las feroces luchas entre las diferentes facciones del partido. Pero con méritos para haber sido escogido para el Comité Central del Partido, fue desprovisto de todos sus cargos y está pendiente de juicio, acusado de corrupción. Sobre el caso ha corrido mucho internet y twiter en la actual China (Véase la columna de Hanna Beech "Bo Xilai. Crossing a Red Line" en Time may 07. 2012, y una larga lista de otros comentarios en Time 29 sept 12).

Queda una incógnita delicada por despejar. Y es si Hu Jintao, anterior presidente, conservará su puesto como presidente de la Comisión Militar Central, que controla la Fuerza Pública en China (Ejército Popular de Liberación) -integrado por 2,3 millones de personas- lo que le permitiría mantener una gran influencia en el partido y en el gobierno. Su predecesor, Jiang Zemin, retuvo el cargo dos años después de haberle pasado a Hu la presidencia como máximo líder del PCCh.

Conclusión

Tras fino análisis, afirma Martine Bulard en el interesante artículo "El mundo secreto del Partido Comunista Chino" (Maniére de voir # 125 Paris, juin-juillet 2012 "China-état critique", pp. 91-94) que " Ciertamente no se trata de una <elección> como las otras en las que los mecanismos de selección son oligárquicos. Esta vez, a lo largo del año, los enfrentamientos políticos han sacudido la columna vertebral de la segunda potencia mundial [..] El año 2012 permanecerá como el de los mayores cambios de dirigentes jamás realizados en un país que se reclama del comunismo [..] La sucesión en el seno del Partido Comunista Chino se preparó con el mayor secreto, por medio de oscuros juegos de poder, de intrigas maquiavélicas, de actos de pelea limpia y de golpes bajos [..] El partido se ha vuelto una especie de red amigable y de compadrazgo para lograr éxito. Algo parecido a una asociación profesional que ayuda a conseguir buen empleo, con garantía de promoción; pero que te vigila, exige y pide cuentas, y a la larga resulta insostenible para quienes tengan espíritu independiente".

Y Xulio Ríos hace un buen balance desde Pekín en "El techo de la reforma china", una entrevista que hizo a Kerry Brown, de 45 años, británico, director del Centro de Estudios de China y profesor de política china en la Universidad de Sidney (El País 9 nov 2012). Preguntado Brown sobre cuál era el balance de los 10 años en el poder de Hu Jintao, respondió: "Los grandes logros de Hu son un gran crecimiento del PIB, a pesar de la crisis económica internacional desde 2008, y haber mantenido el consenso político en la élite. Las cosas no tan buenas son las crecientes desigualdades (sociales) y el fracaso a la hora de hacer algo sobre reforma política significativa". Y a la pregunta sobre ¿Cuáles son los mayores desafíos a los que se enfrentan los nuevos líderes?, respondió: "El mayor desafío para los nuevos líderes será en primer lugar establecer su legitimidad, en el partido y de cara al público, y luego comenzar a tratar las enormes cuestiones de cambio sociopolítico: gobierno de la ley, una sociedad más equilibrada y un mayor papel para la sociedad civil, entre otros. [..] El actual sistema político chino necesita modernizarse, y la mayoría de los dirigentes y líderes lo saben. Pero miran a lo que pasó en la Unión Soviética cuando se desmoronó, y quieren evitar que esto ocurra en China. Así que no se sienten muy atraídos por los modelos multipartidistas de Occidente. Quieren preservar la unidad y el buen crecimiento".

09-02-13