El
18° Congreso del PCCh
"China
encumbra a una nueva generación
de líderes" tituló
José Reinoso su comentario desde
Pekín en El País (14 nov
2012).
Los 2.270 delegados que participaban en
el 18º Congreso del Partido Comunista
Chino (PCCh) en Pekín escogieron
los 200 miembros del Comité Central
y estos, a su vez, el día siguiente,
conformaron el Politburó (25 miembros)
y, dentro de éste, el Comité
Permanente del Politburó, (7 personas).
Los delegados aprobaron además
una modificación de la Constitución
del Partido Comunista Chino, incluyendo
el concepto de "desarrollo científico"
impulsado por Hu Jintao, presidente saliente.
Finalmente - para presidir el Comité
Permanente como Secretario del Partido
y consiguientemente presidente de la República
Popular China- designaron a Xi Jinping
(59 años) y a Li Keqiang (57 años)
como primer ministro. Ambos toman posesión
en este marzo, ante la Asamblea Popular
del Pueblo (Parlamento) para un mandato
de 5 años prorrogables a 10 como
suele practicarse. Hu -presidente saliente-
en su discurso de clausura subrayó
que "se sustituyó a líderes
mayores por otros más jóvenes
[..] quienes tendrán un papel importante
para guiar el desarrollo completo de la
gran causa del socialismo con características
chinas”.
Se asegura, así, en China la transición
pacífica -y como está ordenado
por la Constitución- a una quinta
generación de líderes, tras
las de Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang
Zemin y Hu Jintao.
Xi Jinping el nuevo líder
Xi Jinping, de 59 años, fue nombrado
secretario general del Partido Comunista
Chino (PCCh), y en marzo de este 2013
se posesiona de la presidencia del país.
J. Reinoso describe al personaje en su
comentario "Un 'príncipe'para
días convulsos"(El País
10 nov. 2012).
Xi Jinping nació en junio de 1953
en Pekín . Alto, de complexión
fuerte, estilo directo, reformista cauto
y azote de la corrupción, su nombramiento
fue resultado del consenso entre las facciones
del partido comunista chino. En 1969,
en pleno caos de la Revolución
Cultural (1966-1976), fue enviado a trabajar
en el campo en Shaanxi. Fue encarcelado
cuatro veces. Pertenece al notablato de
los llamados< príncipes>:
los privilegiados descendientes de líderes
prominentes del PCCh presentes o pasados.
Es hijo de Xi Zhongxun, uno de los dirigentes
revolucionarios chinos quien fuera viceprimer
ministro (1959-1962), reformista y acusado
de deslealtad hacia Mao. Por la imagen
de su padre, la solicitud de Jinping para
ingresar al PCCh le fue rechazada nueves
veces. Pero lo logró en 1974. Entre
1975 y 1979, estudió ingeniería
química en la prestigiosa universidad
Qinghua, en Pekín, donde también
logró un doctorado en teoría
marxista. Entre 1979 y 1982, trabajó
en las oficinas de la Comisión
Militar Central y del Consejo de Estado.
A partir de ahí comenzó
realmente su carrera política,
que le llevó a ocupar cargos en
los gobiernos y secretarías del
PCCh en tres provincias costeras: Hebei,
Fujian y Zhejiang. Su paso por Zhejiang
(2002-2007) le granjeó la buena
fama de luchador contra la corrupción.
Y en marzo de 2007, asumió la secretaría
del partido en Shanghai después
de que su predecesor, Chen Liangyu, fuera
destituido y más tarde condenado
a 18 años de cárcel por
corrupción. Su camino hacia la
cumbre se había sellado en el 17º
Congreso, en octubre de 2007, cuando fue
designado uno de los nueve miembros del
Comité Permanente del Politburó.
Fue colocado en la jerarquía por
delante de otra estrella emergente, Li
Keqiang, quien actualmente quedó
como primer ministro.
Xi Jinping está casado en segundas
nupcias con la popular cantante de ópera
Peng Liyuan, quien describe a su esposo
como un hombre frugal, muy trabajador
y con los pies en la tierra. Tienen una
hija, Xi Mingze, que estudia en Harvard.
Xi Jinping fue responsable de la exitosa
organización de los Juegos Olímpicos
de Pekín en 2008.
Alguien ha observado que si logra concluir
bien su mandato, Xi será el primer
máximo líder que ha recorrido
toda su vida bajo el régimen único
del Partido Comunista. El exsecretario
del Tesoro estadounidense Henry Paulson
dijo de él que es “un tipo
que realmente sabe cómo cruzar
la línea de gol”.
¿Orientación
reformista o expasionista ?
La
elección de Xi, hijo del otrora
prestante reformista, como presidente
de China parece ser la resultante de un
compromiso entre los antiguos dirigentes
ya jubilados junto con miembros destacados
de la llamada facción de Shanghai,
y una elección que fuera aceptable
para la facción de las Juventudes
Comunistas conformadas en torno a Hu Jintao
anterior presidente. Xi tiene estrechos
contactos especialmente con el exvicepresidente
Zeng Qinghong, a su vez también
un 'notable' y mano derecha del expresidente
Jiang Zemin (2008).
Leyendo la historia, pareciera que China
se hubiera preocupado durante siglos exclusivamente
de su propia unidad y se presume ligeramente
que así seguirá siendo durante
el próximo milenio. No entra en
nuestras cuentas que el “Imperio
del Centro” pretenda convertirse
en un imperio belicoso y conquistador,
como quiso serlo a su modo Japón
entre dos guerras. Pero ha sido precisamente
de Japón de donde han llegado las
primeras señales de alarma, sobre
el apetito que China muestra concretamente
sobre un pequeño grupo de islas
niponas situadas en el mar de China y
se muestra intranquilo. Ahora pide la
revigorización del pacto de defensa
que obliga mutuamente a Tokio y Washington
desde el fin de la guerra. Y China, sin
disimularlo sigue preocupada por la idea
de recuperar Taiwán algún
día. Imparcialmente comenta J.M.
Colombani ("China quiere la primacía",
El País 11 nov. 2013):
"Hay dos opciones que, por otra parte,
no son excluyentes: 1) O bien apostamos
por el poder de arrastre del comercio
mundial, por la absoluta necesidad de
China de continuar creciendo a un ritmo
constante y, en consecuencia, por el hecho
de que necesita a los demás a toda
costa y, en tal caso, especulamos sobre
la inevitable democratización que
tendrá lugar a medida que crezcan
las aspiraciones de las nuevas clases
medias chinas. 2) O nos preocupamos antes
que nada de contener el eventual expansionismo
chino y pensamos en la constitución
de un arco democrático susceptible
de poner en marcha esa política
de contención, y que iría
desde Nueva Delhi a Tokio, pasando por
Indonesia, Australia y, sin duda, inevitablemente,
también Vietnam".
Los nuevos dirigentes del país
más poblado y segunda economía
del mundo tendrán que hacer frente
a una larga lista de desafíos:
atajar la corrupción a como dé
lugar, superar un entorno económico
difícil debido a la crisis global
que implica para China el darle un vuelco
a su política monetaria y de exportación
masiva, manejar equilibradamente unas
relaciones tensas con sus vecinos asiáticos,
aminorar a tiempo la degradación
medioambiental, detener el agravamiento
de la crisis de Tíbet, y, en particular,
atender a la necesidad de reformas económicas
y políticas, que permitan seguir
creciendo a China a un fuerte ritmo, respondiendo
a las crecientes protestas de una población
cada vez más informada, con más
conciencia de sus derechos y libertades
que comienza a ser más reivindicativa
de los mismos.
"Deberá continuar impulsando
el desarrollo, al tiempo que bascula hacia
un modelo más igualitario y respetuoso
con el medioambiente, más basado
en el consumo doméstico y menos
en las exportaciones y la inversión,
y con menor intervención estatal"(J.
Reinoso).
En el informe que el presidente Hu leyó
al inicio del Congreso 180 advirtió
con énfasis sobre la grave amenaza
que representa la corrupción para
el PCCh. “Si no somos capaces de
gestionar bien este problema -dijo- podría
ser fatal para el partido y causar incluso
el derrumbe del partido y la caída
del Estado”. Y es algo que viene
en China carcomiendo también las
bases éticas de todo su capitalismo,
con graves fenómenos de desigualdades
y desequilibrios sociales -a pesar de
su profesión de fe comunista- que
están saliendo a flote, ofendiendo
a la opinión pública con
escándalos como el revelado por
el caso Bo Xilai -que se ha constituido
en el mayor escándalo político
que ha vivido China desde las manifestaciones
de Tiananmen en 1989.
En los últimos meses, Bo Xilai,
alto dirigente y estrella ascendente,
fue <purgado> después de
que uno de sus colaboradores desvelara
que supuestamente la esposa de Bo había
asesinado a un empresario británico.
Sus partidarios aseguran que fue víctima
de las feroces luchas entre las diferentes
facciones del partido. Pero con méritos
para haber sido escogido para el Comité
Central del Partido, fue desprovisto de
todos sus cargos y está pendiente
de juicio, acusado de corrupción.
Sobre el caso ha corrido mucho internet
y twiter en la actual China (Véase
la columna de Hanna Beech "Bo Xilai.
Crossing a Red Line" en Time may
07. 2012, y una larga lista de otros comentarios
en Time 29 sept 12).
Queda una incógnita delicada por
despejar. Y es si Hu Jintao, anterior
presidente, conservará su puesto
como presidente de la Comisión
Militar Central, que controla la Fuerza
Pública en China (Ejército
Popular de Liberación) -integrado
por 2,3 millones de personas- lo que le
permitiría mantener una gran influencia
en el partido y en el gobierno. Su predecesor,
Jiang Zemin, retuvo el cargo dos años
después de haberle pasado a Hu
la presidencia como máximo líder
del PCCh.
Conclusión
Tras fino análisis, afirma Martine
Bulard en el interesante artículo
"El mundo secreto del Partido Comunista
Chino" (Maniére de voir #
125 Paris, juin-juillet 2012 "China-état
critique", pp. 91-94) que "
Ciertamente no se trata de una <elección>
como las otras en las que los mecanismos
de selección son oligárquicos.
Esta vez, a lo largo del año, los
enfrentamientos políticos han sacudido
la columna vertebral de la segunda potencia
mundial [..] El año 2012 permanecerá
como el de los mayores cambios de dirigentes
jamás realizados en un país
que se reclama del comunismo [..] La sucesión
en el seno del Partido Comunista Chino
se preparó con el mayor secreto,
por medio de oscuros juegos de poder,
de intrigas maquiavélicas, de actos
de pelea limpia y de golpes bajos [..]
El partido se ha vuelto una especie de
red amigable y de compadrazgo para lograr
éxito. Algo parecido a una asociación
profesional que ayuda a conseguir buen
empleo, con garantía de promoción;
pero que te vigila, exige y pide cuentas,
y a la larga resulta insostenible para
quienes tengan espíritu independiente".
Y Xulio Ríos hace un buen balance
desde Pekín en "El techo de
la reforma china", una entrevista
que hizo a Kerry Brown, de 45 años,
británico, director del Centro
de Estudios de China y profesor de política
china en la Universidad de Sidney (El
País 9 nov 2012). Preguntado Brown
sobre cuál era el balance de los
10 años en el poder de Hu Jintao,
respondió: "Los grandes logros
de Hu son un gran crecimiento del PIB,
a pesar de la crisis económica
internacional desde 2008, y haber mantenido
el consenso político en la élite.
Las cosas no tan buenas son las crecientes
desigualdades (sociales) y el fracaso
a la hora de hacer algo sobre reforma
política significativa". Y
a la pregunta sobre ¿Cuáles
son los mayores desafíos a los
que se enfrentan los nuevos líderes?,
respondió: "El mayor desafío
para los nuevos líderes será
en primer lugar establecer su legitimidad,
en el partido y de cara al público,
y luego comenzar a tratar las enormes
cuestiones de cambio sociopolítico:
gobierno de la ley, una sociedad más
equilibrada y un mayor papel para la sociedad
civil, entre otros. [..] El actual sistema
político chino necesita modernizarse,
y la mayoría de los dirigentes
y líderes lo saben. Pero miran
a lo que pasó en la Unión
Soviética cuando se desmoronó,
y quieren evitar que esto ocurra en China.
Así que no se sienten muy atraídos
por los modelos multipartidistas de Occidente.
Quieren preservar la unidad y el buen
crecimiento".
09-02-13