Paradigmas en política (Editorial 11)
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Paradigmas en política  

Toda buena final de la Copa Mundial de Fútbol nos permite admirar el desempeño de dos modelos, ejemplos o paradigmas de balompié, enfrentados en duelo a muerte. Por un lado, suele darse el sólido e impenetrable equipo europeo (Alemania, España, Inglaterra, Holanda) respaldado por una larga trayectoria y compactado con mucha inteligencia. Por el otro, el equipo de Brasil, rápido, innovativo, creando situaciones sorpresivas con ágiles figuras individuales. Lo ocurrido en el mundo del deporte nos lleva connaturalmente al mundo más amplio y complejo de la política.

Los paradigmas

De origen griego, el término ‘paradigma’ significa modelo, ejemplo. Equivale en ciencias a matriz disciplinaria o guia que se asume para el manejo de problemas, métodos y conocimientos. T.S. Kuhn, físico e historiador de la ciencia norteamericana, en su conocido libro “La estructura de las revoluciones científicas”, sostiene que el progreso histórico de la ciencia no se logra añadiendo ulteriores descubrimientos y teorías a los hallazgos de la época anterior. La ciencia avanza, más bien, en zig–zag. Su evolución (como en el árbol de la vida) presenta momentos de discontinuidad, callejones sin salida, o verdaderas revoluciones, en las que a la luz de un nuevo descubrimiento o de una nueva teoría, parece desplomarse el edificio hasta entonces vigente para reedificarse desde sus cimientos otro, con un nuevo estilo. La revolución científica es el cambio de un paradigma o matriz disciplinaria por otro paradigma nuevo. Es un proceso complejo donde juegan un rol importante factores psicosociales además de la fuerza de los argumentos.

 

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Lo que es un paradigma puede entenderse mejor en términos de los modelos de universo que representaron Ptolomeo y Copérnico. Por 13 siglos, la humanidad asumió —como lo enseñó Ptolomeo– que el sol giraba alrededor de la tierra. Era un paradigma que funcionaba. Pero se volvió Viejo Paradigma cuando Copérnico propuso el Nuevo Paradigma de que la tierra gira alrededor del sol.

Aplicando dicha teoría a la política, podemos afirmar que las revoluciones socio–políticas en la historia de los pueblos no es sólo un cambio o relevo de élites (de categorías dirigentes) –como lo han sostenido Taine y Tocqueville–, sino que es, a la vez, un cambio de paradigma, de modelo, o de matriz ordenadora. Una verdadera revolución política no es el simple cambio de fichas y nombres en la conducción del país, ni siquiera el relevo de una generación por otra o del conjunto de minorías que venían ejerciendo el poder por otras. Es sobre todo, el cambio de paradigma político, es decir, de modelo, de ‘pattern’, de ejemplo a seguir por la sociedad. Pero no puede pasarse por alto que en todos los procesos evolutivos, tanto científicos como sociales y políticos, puede darse una entremezcla de paradigmas. Lo nuevo va tomando consistencia y vigor mientras lo viejo va cediendo y derrumbándose. Como ocurre en el avance y predominio de la modernidad sobre la tradición. Hay sociedades como la nuestra donde conviven ambas por largo tiempo. Y hay que advertir que un Viejo Paradigma no es necesariamente malo; y un Nuevo Paradigma no es necesariamente bueno.

 

El viejo y el nuevo paradigma

He encontrado en Lance Morrow, autorizado columnista de “Time”, reflexiones que me permito utilizar. La línea divisoria entre el milenio anterior y el que estamos viviendo sirve para designar un esquema de cosas que se han desintegrado y otro de cosas que están tomando forma. El siglo XX es casi un volcán en extinción; el XXI es un embrión naciente que promete mucho de todo. La Guerra Fria (entre las dos superpotencias mundiales) era el paradigma del antiguo orden global. La Ideología fuerte, el Totalitarismo, el Comunismo y el Socialismo, el Centralismo político acentuado y autoritario son Paradigma Viejo. Viejos Paradigmas como la dictadura de partido, el liberalismo a ultranza, el conservadurismo, el “apartheid” (segregación racial), el Confesionalismo, el Siglo de Norteamérica, CBS News, Irlanda del Norte… son hoy Fidel Castro, Ronald Reagan, John F. Kennedy, Mijail Gorbachov, aunque en su momento representaron un nuevo modelo. Con mayor razón, son hoy anacrónicos como paradigmas Irak, Irán, Ariel Sharon y Yasser Arafat, el terrorismo fundamentalista de Al Qaeda en el mundo islámico y el terrorismo guerrillero de las Farc en Colombia. El verdadero genio transformador de los pueblos –más allá de su riqueza y su Constitución–, es su capacidad para la auto–transformación, para la renovación, para la improvisación, para engendrar de un viejo paradigma otro nuevo. El test o prueba de un Nuevo Paradigma es que funcione, es su ‘output’, sus resultados. Y no tanto su ‘input’, sus contenidos, sus apropiaciones, sus elementos ideológicos o doctrinarios.

 

El erizo y el zorro

En uno de los fragmentos que han llegado hasta nosotros del poeta griego Arquilocuo, hay uno que dice: “El zorro sabe muchas cosas; el erizo sabe un gran cosa”. El profesor alemán Isaiah Berlin (premio Nobel de Literatura), al comienzo de su magistral ensayo sobre la teoría de la historia de Tolstoi (autor de “La Guerra y la Paz”), utiliza dicha fórmula para diferenciar dos clases de pensadores, de artistas, de seres humanos y podemos añadir de gobiernos y sistemas políticos.
1) ERIZO. Están los que poseen una visión central, sistematizada de la vida, una matriz ordenadora en función de la cual se ensamblan tanto los acontecimientos históricos y los menudos sucesos individuales así como las personas y la sociedad. Es una visión “centrípeta”, totalizadora (alrededor de un núcleo bien trabado), que convierte en orden el caos múltiple de la vida. Se expresa en un paradigma que suele nutrirse de la religión (República Islámica), de la fe (Ciudad de Dios de San Agustín), de la razón económica o psicológica (Marx, Freud).
2) ZORRO. Están aquellos que tienen una visión dispersa y múltiple de la realidad y de los hombres, que no integran lo que existe en una explicación u orden coherente. Es una visión “centrífuga”, dispersa, de apertura y tolerancia fácil hacia otras maneras de ver. Se expresa en un paradigma de democracia abierta, de pluralismo, de participación consentida y promovida (Obama). Pero aunque el zorro envidie al erizo porque éste puede vivir más fácilmente en claridad y orden, el erizo preferirá a veces la sombra y menos disciplina del zorro. De todos modos, un erizo y un zorro pueden convivir en una misma persona, en un mismo movimiento, en un mismo gobierno.

03-12-09