2.
“El gran dictador” (Chaplin
1940). “Dictador” es una versión
moderna, más mordaz que la de Charles
Chaplin en 1940 (su primer filme hablado)
coincidente con el apogeo del nazismo,
en el que la estrella y director desempeña
el papel de un emperador medio, europeo,
en el molde de Adolfo Hitler y del de
su doble, un barbero judío. Chaplin
termina haciendo que el barbero reemplace
al hombre fuerte y pidiendo con fervor
por la paz. ("¡Soldados! No
luchéis por la esclavitud! Luchad
por la libertad!").
3.
“El último rey de Escocia”.
Kevin McDonald narra la historia del dictador
ugandés Idi Amín Dada a
través de su médico personal.
Tanto la novela como el largometraje mezclan
ficción y realidad en los personajes.
El filme le valió el Oscar al protagonista
Forrest Whitaker. Amín ejercía
simultánea o alternativamente un
tremendo poder de atracción y una
gran capacidad de intimidación
sobre los demás. Fue amo y señor
de Uganda.
4.
“La fiesta del chivo”.
La cinta está basada en la novela
de Mario Vargas Llosa, actual Premio Nobel.
Narra la historia del complejo y omnipresente
Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo
Molina, Benefactor de la Patria (República
Dominicana) de la cual se adueñó
y que gobernó por treinta y un
años. Con su nombre rebautizó
una de las capitales más antiguas
del Nuevo Mundo. En dicho filme Isabella
Rossellini hace el papel de Urania, mujer
cultivada y que con dignidad rechaza los
acosos del caudillo ante quien todos se
doblegaban.
5.
“El otoño del patriarca”.
Es una estupenda obra literaria del Nobel
colombiano García Márquez
sobre un arquetipo de dictador y de corrupto
político, en el que resume los
rasgos de varios dictadores latinoamericanos
y del Caribe de conocida trayectoria.
Es un poema sobre la terrible soledad
del poder. El patriarca es un viejo solitario,
furioso y lascivo; despiadado y cruel;
cada día más degradado física
y mentalmente. Es violento, astuto, tramposo
y cínico. Su imposibilidad de amar
(aunque tiene un testículo del
tamaño de un riñón
de buey) lo ha sustituido por su enfermiza
concupiscencia del poder. Poder que corrompe.
Y cuando el poder es absoluto corrompe
absolutamente.
Anteriores
a la obra de García Márquez,
otros buenos autores han dejado rica narrativa
sobre famosos dictadores del continente,
como son Miguel Angel Asturias (“El
Señor presidente”
1946), Alejo Carpentier (“El
recurso del método”)
donde define al déspota ilustrado,
modernista, de armas tomar, y Roa Bastos
(“Yo el Supremo”)
quien sintetiza en la figura mítica
del Dr. José Gaspar Francia lo
que era un gobernante clásico a
comienzos de una nueva nación independiente
como Paraguay.
¿Qué
es la dictadura?
Por contraposición con el concepto
de democracia, se puede decir que hay
un sistema autócrata, en mayor
o menor grado, allí donde: * No
se reconoce la soberanía del pueblo,
por no haber elecciones representativas
ni adecuada representación de los
gobernados. * No hay igualdad política
de los ciudadanos ante la ley ni suficiente
libertad real para todos ellos.* No se
reconoce un Estado de derecho, sino simplemente
existe un gobierno de facto impuesto por
la fuerza, y no se respetan ciertos derechos
fundamentales de las personas y de los
grupos asociativos.
Como quiera que se la llame (tiranía,
despotismo, satrapía), la dictadura
es un sistema autócrata de gobierno.
Definición
Es un régimen político en
el cual la autoridad del Estado se concentra
en una sola persona (o grupo), que no
legitima sus decisiones. En toda forma
dictatorial de gobierno la autoridad política
está concentrada en un solo hombre
o en un pequeño grupo. El término
se usa para describir formas modernas
de absolutismo, a veces disimulado tras
una fachada de instituciones democráticas
y constitucionales.
Yo defino Dictadura como “el
gobierno creativo de un individuo o de
unos pocos, que ejecuta lo necesario sin
legitimidad”. El totalitarismo
es una forma autocrática todavía
más radical y extrema, es duradera
y absolutista.
En general, las dictaduras se caracterizan
por tres cosas:
a) En ellas el ejército desempeña
un papel independiente del partido o los
partidos, pero papel decisivo para la
totalidad del Estado, y que está
en el centro de la burocracia.
b) Suelen tener carácter temporal
o transitorio, sin ánimo de perpetuarse
(como sí lo son todos los gobiernos
totalitarios), y
c) La transformación que intentan
de la sociedad no la apoyan en una estricta
base utópica-ideológica
(como sí lo hacen los totalitarismos
).
Tipos de dictadores
Recogiendo unas agradables páginas
del escritor español José
María Gironella, tituladas El drama
de los dictadores, podemos recordar la
clásica división entre asténicos
y pícnicos, que puede aplicarse
a los hombres con vocación de mando
autoritario. Así lo hace el doctor
Enrique Salgado en su Radiografía
del dictador.
Los asténicos son fríos,
irritables, introvertidos y a salvo de
oscilaciones provenientes del exterior.
Autosuficientes y con una enfermedad latente
o posible: la esquizofrenia. En esta línea
se pueden mencionar a Robespierre, a Salazar,
a Chiang Kai-chek y Jomeini. Los pícnicos
se muestran, por el contrario, extrovertidos,
propensos al humor y a la acción,
histriónicos, audaces, de optimista
sensualidad, ambivalentes, con frases
melancólicas y tendencias maniaco-depresivas.
En ese cuadro podríamos citar a
Nerón, Napoleón, Mussolini,
Kruschev, Tito, Mao Sedung, Pérez
Jiménez, Saddam Hussein. El psicólogo
Adler habla de los muchos dictadores bajitos:
César, Napoleón, Hitler,
Mussolini, Franco. A los que cabe oponer
los de talla impresionante: Nasser, Fidel
Castro, Idi Amín Dadá, Gadafi.
También abundan, por supuesto,
los dictadores de talla mediana.
Desfile
mortuorio de dictadores
La historia de casi todos los pueblos
está salpicada por manchas de dictadores
o césares. Especialmente en épocas
de crisis, surgen conductores carismáticos,
líderes que ejercen fascinación
sobre las masas, jefes que hábilmente
logran el poder y se empalagan con él.
Pisístrato en Grecia, Julio César
en Roma, Cola di Rienzo en Italia, Cromwell
en Inglaterra, Robespierre y Napoleón
en Francia. Más recientemente Franco
en España, Salazar en Portugal,
Stroessner en Paraguay, Perón en
Argentina, Duvalier en Haití, Trujillo
en República Dominicana, Somoza
en Nicaragua, Marcos en Filipinas, Idí
Amín en Uganda, Ceausescu en Rumania,
Noriega en Panamá, Pérez
Jiménez en Venezuela, Rojas Pinilla
en Colombia, Fujimori en Perú.
Sin hablar de los grandes dictadores totalitarios
(fenómeno mucho más grave
por sustentarse en un partido único,
ideológico y de masas), como fueron
Hitler, Mussolini, Stalin, Mao Zedung,
Pol Pot, Kim Il Sung, Saddam Hussein,
Milosevic, mientras le llega su turno
al último de los “inmortales”,
Fidel Castro.
Como dice la sabiduría popular:
“No hay mal que dure 100 años
ni cuerpo que lo resista”. Principio
aplicable también al tejido social
de los pueblos. La diferencia está
en que hace unos lustros, los pueblos
aguantaban hasta 40 años, antes
de sacudirse una dictadura. Después
"guapeteaban" (aguantaban) hasta
20 años. Pero, ahora, ya no resisten
más allá de 11 años
¿Cómo
surge y cómo muere una dictadura?
•
Recomiendo para mis lectores de lengua
española el excelente libro de
Ramón Guillermo AVELEDO “El
dictador. Anatomía de la tiranía”,
Caracas, Editorial Libros Marcados 2008.
El autor es Doctor en Ciencias Políticas,
escritor de varios libros, fue dos veces
Presidente de la Cámara de Diputados,
se viene desempeñando con éxito
como Coordinador de la Mesa de Unidad
Democrática de la oposición
en el gobierno de Chávez. El libro
tiene un Prólogo valioso de Teodoro
Petkoff .
•
¿Cómo
nace una dictadura?
1) Ningún dictador nace de la nada,
nace de sociedades en crisis. Como en
todo fenómeno de liderazgo sobre
una comunidad, el proceso no parte de
cero, sino de un individuo por lo general
bien dotado y con cierta musculatura de
carácter.; que no es una persona
común y corriente. Lo suelen acompañar
cualidades de visión, de voluntad,
de persuasión y manejo de las masas,
de tenacidad, elocuencia y otras muy propias
suyas. Y a su encuentro le sale una sociedad
que quiere o necesita ser dirigida, estableciéndose
entre ambos una especie de transacción.
Puede ser que el líder inicie ideas
para el grupo. Y estas ideas aparecen
aceptables para los asociados. Otras veces,
el grupo encuentra que la realización
de los planes que alimenta se facilita
con lo que el posible conductor hace y
dice. Y el colectivo le concede entonces
a esa persona un papel de dirigencia y
mando. Y comienza a hacer suyas la visión
y el coraje que promete el líder.
Pero hay una diferencia notable entre
el simple líder político
y el dictador. A aquel lo quema un ideal
que contagia a las masas, pero es respetuoso
de ellas y avanza en diálogo con
la gente. Al dictador, en cambio- lo anima
–en forma innata o adquirida- la
lógica del poder, que tiende a
ser total y permanente. La lógica
de Lucifer y de Prometeo. La tendencia
a concentrar el poder de líder
en sus manos, por tiempo indefinido y
sin aceptar controles ni limitaciones
por parte de la sociedad que domina o
de algún otro poder que no sea
el suyo.
Teniendo cualidades personales (o maná
como decía Jung), es decir, prestigio,
aura, el dictador no surge por su libre
decisión, sino por el sentimiento
de todos para dejarse conducir por él.
Si Boves resultó ser el tirano
de las masas desvalidas de Venezuela,
fue porque tenía maná, carisma;
pero además porque esas masas le
otorgaron sus favores. Ningún dictador
surge de la nada. Ninguno es un rayo en
un cielo despejado.
2) Cada dictador es una respuesta de sociedad
a su particular crisis. Por ello, las
maneras de alcanzar el poder son diferentes
y corresponden a coyunturas políticas
diferentes. Hay dictadores que ya estaban
encaramados en grupos de combate callejero
antes de conformar las “camisas
negras” (Mussolini). Otros venían
ya en lomos de un partido político
de masas, fuerte e ideológico (Stalin,
Hitler). Alguno había sido dejado
como administrador y mandadero por una
potencia extranjera intervencionista (Trujillo).
Hay quienes se han aprovechado de un régimen
anterior democrático pero débil,
que requería el establecimiento
de medidas de excepción invistiendo
legalmente al presidente de poderes especiales,
de los cuales se pasa a la dictadura (algunos
casos de América Latina). Otros
surgieron de una guerra civil que requería
la construcción de una nueva sociedad,
siguiendo el diseño del vencedor
(Franco, Mao, Fidel Castro). Pero es la
sociedad o una parte de ella la que crea
el “monstruo”, que como al
Dr. Frankestein termina saliéndosele
de las manos y de su control. El inicial
acuerdo que al principio existió
entre una parte de la sociedad y la personalidad
que encarnó sus intereses, cede
el lugar al ejercicio puro y duro del
poder que ya no necesita de la base social
que lo hizo posible y que el mismo poder
omnímodo la va moldeando a su antojo
como una figura de plastilina.
¿Cómo
muere una dictadura?
Así titula uno de sus artículos.
el autorizado y bien informado telecomunicador
venezolano Moisés Naím,
con sede en Washington (www.efectonaim.com).
¿Qué determina que algunas
dictaduras sean depuestas y otras se perpetúen?
Se pregunta. Y responde: “ Las razones
son tan variadas como la naturaleza misma
de estos regímenes. Hay dictaduras
que son totalitarias y brutalmente represivas.
Otras son dictablandas que intentan hacerse
pasar por democracias: organizan elecciones
que nunca pierden, toleran una oposición
anémica y permiten periódicos
"libres" que pocos leen. Muchas
necesitan del sostén de potencias
extranjeras. Arabia Saudí depende
de Estados Unidos, Bielorrusia de Rusia
y Corea del Norte de China. Y claro está,
la historia, la cultura y la religión
fortalecen ciertas monarquías despóticas.
Aunque cuando un pueblo se harta y sale
a la calle dispuesto a morir por la libertad
-y el Ejército no lo masacra- no
hay cultura, historia, religión
o potencia extranjera que salve a un déspota.
Pero ¿qué hace que esto
ocurra?”. Y enumera varios factores
que interactúan, a saber.
-
Los militares son siempre el actor
determinante. ”Todas las tiranías
dependen de ellos. A veces los militares
están exclusivamente al servicio
del tirano. En otros casos, cambian de
parecer y deciden defender a su patria,
y no al régimen. Al final, lo único
que cuenta es si los militares están
dispuestos a disparar contra sus compatriotas.
Cuando se niegan a hacerlo, nace la libertad”.
- La vejez. “Los Gobiernos
también envejecen. Ver y oír
a Hosni Mubarak pronunciando discursos
totalmente desconectados de lo que estaba
pasando en las calles de su país
es el más reciente ejemplo de una
dictadura aislada de su pueblo y del mundo,
lenta en reaccionar y que, a pesar de
sus costosos servicios de inteligencia,
estaba patéticamente mal informada.
Hay dictaduras que fallecen por "viejas"
no solo debido a la avanzada edad o a
la muerte de sus líderes, sino
por la esclerosis de sus vetustas estructuras
de gobierno”.
- La pelea por el botín. A veces
la caída de un régimen se
produce por peleas entre las élites
en el poder y no entre el pueblo y su
Gobierno. Algo de esto pasó recientemente
en Túnez.
- Errores mortales. “Las
autocracias pocas veces pagan altos precios
por sus equivocaciones. Esto, en combinación
con la propensión de los dictadores
a rodearse de ayudantes que temen criticarlos
o expresar desacuerdos, crea un ambiente
donde los errores son frecuentes. Y alguno
puede llegar a acabar con el régimen.
Sadam Husein es un buen ejemplo de esto.
O el general Leopoldo Galtieri, el jefe
de la Junta Militar argentina quien, en
1982, decidió que era una buena
idea invadir las islas Malvinas. Su derrota
contribuyó a poner fin a la dictadura
en Argentina”.
- El contagio.“La democratización
de Portugal y España vinieron muy
juntas. También la de los países
del Cono Sur de América. Y la de
Europa central. Ahora, después
de Túnez, ha venido Egipto. No
hay duda de que la muerte de una tiranía
irradia esperanzas en otros países
gobernados por dictadores, y sirve de
ejemplo y .estímulo para quienes
se oponen al régimen. La libertad
es contagiosa”.
- La información. “Un
pueblo mejor informado de los abusos y
la corrupción de sus autoridades,
enterado de cómo se vive y se gobierna
en otros países y que, además,
se puede conectar y coordinar fácilmente
con otras personas que, en su misma ciudad
o en el otro lado del mundo, piensan igual,
es un pueblo peligroso para una dictadura.
Está claro que las tecnologías
que informan y conectan a la población
son un nuevo dolor de cabeza para los
autócratas”.
Conclusión
“Algo análogo (a la concentración
del poder del Estado en un solo mortal)
puede decirse de las dictaduras en épocas
tormentosas y en períodos de grandes
cambios; pero en estos casos el dictador
surge en relación íntima
con el agitado conjunto del tropel de
acontecimientos. Se yergue sobre el torbellino
precisamente porque forma parte de él.
Es el hijo monstruoso de las apremiantes
circunstancias. Puede poseer acaso fuerza
y cualidades para dominar millones de
espíritus y cambiar el curso de
la Historia. Pero hacer un sistema permanente
de dictadura, hereditaria o no, es preparar
un nuevo cataclismo” (Winston
S. Churchill, El ex-Kaiser, “Grandes
contemporáneos”).
19-05-12