Para
Claire Sterling, autora de “La
red del terror”, se buscaba
esencialmente debilitar a Occidente, aplicando
la definición clásica de
la guerra formulada por Clausewitz: continuación
de la política, por otros medios
menos caros, menos peligrosos, pero no
menos siniestros. Las guerras de Estado
a Estado son demasiado devastadoras y
traen un desgaste a todo nivel El terrorismo
tiene sus ventajas en el mercado de la
guerra: hace la guerra sin los riesgos
que la guerra comporta. Exige menos inversiones
y debilita al enemigo sin declarar abiertamente
hostilidades.
Aunque
en los años 70, se habló
de una especie de Multinacional del Terror
y se la relacionó con el grupo
de Mohammed Boudia en Buenos Aires, hoy
todo ello resulta una fábula. La
gran diversidad de las bandas terroristas
y su volatilidad ideológica, hacen
difícil pensar en un centro mundial,
eficaz, que marque las directricas estratégicas
y tácticas a sus asociados, al
estilo de lo que hizo, en su tiempo, la
IIIa. Internacional Socialista en otro
plano. Además, las fuertes presiones
políticas, económicas y
militares ejercidas por Estados Unidos
de América y sus aliados, acabaron
por desalentar el aventurismo terrorista
en que se habían embarcado Cuba,
Libia e Irán. Pero se sigue insistiendo
en que –dado que el éxito
del terrorismo en alguna pequeña
parte del mundo, estimula a los terroristas
de cualquier otro lugar–, al terrorismo
hay que manejarlo como un problema global
e indivisible, en una lucha también
unificada e indivisible. Esto explicaría
el porqué las “Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia” (Farc),
al ser catalogadas por Estados Unidos
como un movimiento terrorista (y además
con fuertes lazos narcotraficantes), en
buena lógica, deberían ser
enfrentadas por una acción continental
unificada, como ha venido insistentemente
solicitando el Presidente Alvaro Uribe.
Lo que allí se juega afecta no
solamente la democracia colombiana, sino
también a la de Bolivia, Perú,
Panamá, Ecuador, Venezuela... e
indirectamente el concepto mismo de Seguridad
Nacional que maneja EUA.
¿
Una ley internacional contra el terrorismo?
•
Se ha avanzado mucho en el manejo de los
problemas que afectan a toda la humanidad.
Se reconoce hoy un Derecho Internacional
Humanitario, que debe ser observado por
los gobiernos y por quienes insurgen contra
los gobiernos; está aprobada desde
la reunión en Roma de 1998 una
Corte Penal Internacional; se han autorizado
intervenciones de organismos internacionales
en Haití, Bosnia, Kosovo, Timor
Oriental; se dió via libre a la
extradición de Pinochet para que
fuera eventualmente juzgado por graves
crímenes, no solamente contra chilenos
sino contra la humanidad. Y sin embargo,
cuando se trata de atacar el terrorismo
en forma mancomunada y eficaz a nivel
internacional, no se ha podido encontrar
una fórmula de consenso.
•
Mark Whitaker en un artículo de
“Newsweek” (‘Diez
maneras de luchar contra el terrorismo’)
recomienda reforzar las medidas de seguridad
en los aeropuertos tanto pequeños
como grandes; mejorar la cooperación
internacional sobre todo en lo referente
a servicios de información e inteligencia;
proteger con especial cuidado los evantuales
y posibles objetivos terroristas; mantener
bien entrenado un contingente antiterrorista,
que pueda intentar rescatar los secuestrados
mientras se mantiene la flexibilidad en
las negociaciones; presionar a los aliados
del grupo terrorista; no excluir una represalia
selectiva, como la que hizo EUA en Libia
y suele hacer, con frecuencia, Israel.
• Abraham Sofaer, uno de los asesores
del Departamento de Estado morteamericano,
tiene un artículo en “Foreign
Affairs” donde reconoce que “las
naciones civilizadas han intentado controlar
el terrorismo internacional condenándolo
y calificándolo de PIRATERIA (caso
Somalia), procesando a quienes lo practican
bajo las leyes de los Estados afectados,
creando normas internacionales que establecen
como criminales ciertos actos que se cometen
en cualquier lugar, y cooperando mediante
la extradición y otras estratagemas,
con las naciones atacadas por los terroristas”.
Pero admite que la ley contra el terrorismo
no es sólo defectuosa sino contraria
a su propósito, porque deja sin
regulación, en algunos aspectos,
la VIOLENCIA POLITICA. A pesar de que
en 1985, la Asamblea General de las Naciones
Unidas adoptó una resolución
que “condena inequívocamente
como criminales todos los actos, métodos
y prácticas del terrorismo”,
al haber reafirmado el derecho inalienable
de cada pueblo a su autodeterminación
y la legitimidad de la lucha en contra
de los regímenes colonialistas,
racistas y otras formas de dominación
foránea, dejó abierta la
puerta para que ciertos actos terroristas
de “violencia política”
puedan ser interpretados y calificados
como lícitos porque supuestamente
persiguen fines justos. Su conclusión
es que “la ley no se está
utilizando para combatir el terrorismo,
sino que se ha puesto demasiado al servicio
de quienes abrazan la violencia política”.
Los actuales ordenamientos jurídicos
ordinarios resultan, pues, inadecuados
para proteger efectivamente a la sociedad
contra esta nueva plaga.
“El
caballo cadavérico”
Con
este título y bajo seudónimo,
publicó en Francia en 1909 una
novela el terrorista ruso Boris Savinkov.
El libro era sencillamente el diario de
un terrorista. La alusión al libro
sagrado del Apocalipsis es clara. En el
capítulo 6, verso 8, se consigna
al abrir el cuarto sello: “Se presentó
un caballo verdoso. Al que lo montaba
lo llaman la MUERTE, y detrás de
él montaba otro: el Lugar de los
Muertos. Se le dió permiso para
exterminar la cuarta parte de los habitantes
de la tierra por medio de la espada, del
hambre, de la peste, de las fieras”.
El terrorismo, en todas sus formas y con
sus varios aperos, es un exterminador
cruel. Pero ello no le da derecho a existir
en una humanidad civilizada. Porque, según
aquel axioma que aduce la célebre
penalista española Concepción
Arenal: “La crueldad, en ningún
caso, puede ser un derecho”.