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En
nuestra columna anterior, definimos el
terrorismo como el uso criminal e indiscriminado
de la fuerza, para intimidar a un grupo
más amplio que el círculo
de las víctimas inmediatas o naturales,
con miras a lograr objetivos realistas
o imaginarios. Dijimos que el terrorismo
envuelve la idea, por una parte, de golpear
por sorpresa y sin miramiento, lo que
se estima un objetivo político–militar;
y por otra parte, la idea de aterrorizar
al adversario, de provocar miedo, inseguridad,
entendiendo por adversario incluso a la
sociedad misma. Ahora nos fijaremos en
el terrorismo que se utiliza con fines
políticos, por parte de un grupo
o movimiento con miras a desestabilizar
el país y obtener algunos resultados
políticos supuestamente “revolucionarios”,
es decir, que ayuden a sustituir un sistema
político por otro.
Tipos de terrorismo
Las
bandas terroristas solamente anidan en
las democracias. No hay espacio para ellas
en un régimen fascista o totalitario.
Ejemplos, las “Brigatte rossi”
en Italia, la banda “Baader Meinhof”
en Alemania, el “Frente Islámico
de Salvación” en algunos
países, la “Milicia “
en Michigan (Estados Unidos), el ETA en
España, el Hamas en el sur del
Líbano e Israel, el movimiento
Tamil en Sri Lanka, “Sendero Luminoso”
en Perú, las FARC y el ELN en Colombia.
Hay terrorismos que son étnicos,
como el del Ku–Klux–Kan en
Estados Unidos, el de los hutus contra
los tutsis en Ruanda y Burundi, el de
los serbios contra los bosnios y los kosovares.
Hay terrorismo por razones eminentemente
religiosas, como el de “La Verdad
Suprema” de origen budista. Hay
terrorismo por razones simplemente mercantiles,
como los de la Mafia y Carteles de la
droga. Y hay terrorismo por razones predominantemente
políticas. Tal el del grupo “Mau
Mau” en Kenia, cuando era colonia
británica; el de los “tupamaros”
en Uruguay y el de los “montoneros”
en Argentina; el de la fracción
del IRA en el Ulster, buscando la integración
en la República de Irlanda, hasta
los recientes acuerdos.
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Análisis
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| ¿Revolucionarios
terroristas ?
•
Es curioso que movimientos o grupos supuestamente
“revolucionarios” sigan recurriendo
al terrorismo como vía para intentar
la conquista del poder. Porque no hay en
la historia política de la humanidad
registrado el hecho de que un pequeño
grupo terrorista se haya adueñado
del poder político por tal vía.
“La sociedad tolera usualmente
el terrorismo sólo mientras no pasa
de ser una molestia” (W. Laqueur).
Así ocurrió con los Tupamaros
y los Montoneros y los Senderistas. No se
adueñaron del poder; pero sí
produjeron suficiente malestar y contra–terrorismo;
tanto que exasperaron la represión
del régimen político del momento,
con una posterior evolución democrática
de la sociedad, que los deja sin pretextos.
Y esto acabará por pasar en Colombia,
si las FARC y el ELN persisten equivocadamente
en su actual metodología terrorista
de “propaganda con sangre y extorsión”.
•
Es muy clara al respecto la posición
de los grandes estrategas de la revolución
de izquierda marxista. Lenin, en “El
marxismo y la insurreccion” recalca
que la insurrección no puede apoyarse
en simples acciones terroristas, sino que
debe cabalgar sobre el ascenso revolucionario
del pueblo. Y debe darse en el momento oportuno
y favorable de “viraje de la historia”.
No antes ni después. Y el momento
de viraje de la historia es el momento favorable
a la revolución, el momento crítico
en la historia de un país, “cuando
los de abajo no quieren y los de arriba
no pueden seguir viviendo como antes”.
Y a este factor objetivo, que suele ser
una crisis nacional general, debe añadirse
el factor subjetivo, la capacidad de una
clase revolucionaria para llevar a cabo
acciones revolucionarias de masas bastante
fuertes. Para Lenin, la insurrección
armada es un arte; algo serio, responsable,
creativo. No puede reducirse a un aventurismo
ni a un “putchismo” ni a un
accionar terrorista. Su condición
“sine qua non” es “acercarse
a las masas”. Hay que conquistar las
masas y no alejarlas, como condición
previa para la conquista del poder. Para
la auténtica estrategia marxista–leninista,
las acciones terroristas, desvinculadas
de un verdadero ascenso revolucionario de
las masas, son sólo gestos desesperados,
estertores de quienes no creen en la revolución.
No pasan de ser sino simples fuegos fatuos
de publicidad sangrienta, simples crispaciones
armadas de no–revolucionarios. “El
terrorismo de grupos pequeño–burgueses
anarquistas, es el resultado así
como el síntoma y el compañero
de la falta de fe en la insurrecciòn,
de la falta de condiciones para la revolución
“ (Clara Setkin).
Democracia y terrorismo
Lo
difícil para un régimen democrático
es cómo defenderse contra estos grupos
o movimientos que utilizan medios y tácticas
antidemocráticas. Ya lo advertía
el profesor Ferracutti de Roma: “Los
terroristas toman ventaja de todas las libertades
legales y saben que estas libertades no
pueden ser suprimidas selectivamente”.
Las sociedades democráticas prácticamente
no imponen restricciones a hablar, a moverse,
a comunicarse, y muy pocos límites
al derecho de reunión y de manifestación.
Los israelíes, que tienen una larga
y amarga experiencia en defenderse de los
terroristas, previenen, con razón,
que ceder a sus peticiones es la peor respuesta
de todas. Dice Heyward Isham: “Puede
parecer cruel, pero el minuto en que los
terroristas piensan que pueden chantajearlo
a usted lleva una cadena sin fin de exigencias”.
Lo que Walter Laqueur corrobora: “Cuanto
más peligroso es su contrincante,
tanto mayor el peligro de ceder”.
Los gobiernos democráticos, cuando
las vidas de los rehenes o secuestrados
están en peligro, quedan sometidos
a una muy intensa e intolerable presión.
Pero aun entonces, los expertos israelíes
aconsejan que “bajo ninguna circunstancia
un gobierno debe descartar categóricamente
una respuesta militar simplemente por el
riesgo de bajas civiles...Debe tratar de
minimizarlas. Pero no puede garantizar inmunidad
al agresor terrorista simplemente porque
su eventual respuesta pueda poner en peligro
a los civiles...Los terroristas generalmente
tienen miedo a una intervención militar,
y ese miedo tiene un tremendo efecto inhibitorio
para aplicar violencia sobre los rehenes.
La única política aconsejable
a un gobierno chantajeado así es
el rechazo a ceder y la presteza para aplicar
la fuerza. Política que consiste
en decir al terrorista: "no aceptaré
sus exigencias; le exijo que suelte a los
secuestrados; y si no lo hace pacíficamente,
estoy preparado para usar la fuerza El terrorismo
no enfrentado con vigor, inevitablemente
crece...”.
El
terrorismo que sustituye la lucha política
(legal o no) por el atentado sanguinario,
el secuestro cobarde y vil o el asesinato
indiscriminado, hace dudar seriamente de
la autenticidad de los intereses políticos
e ideológicos que el grupo terrorista
dice defender
18
octubre 1999 |
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