El
terrorismo ha estallado en Moscú,
con una fuerza y sincronización,
que tomó a todos por sorpresa.
Tres atentados terroristas en diez días
dejaron un saldo de casi 300 muertos en
la capital. Putin , el joven primer ministro,
quien viene de dirigir los servicios de
seguridad del Estado, reaccionó
inmediatamente. Ordenó la toma
de Moscú por la policía;
responsabilizó a los separatistas
islámicos de la república
de Daguestán, que tienen su santuario
en Chechenia; y reconoció en la
Duma que “el terrorismo se ha convertido
en el principal problema de Rusia”.
Problema que comenzó a lidiar con
un fuerte brazo político y otro
militar. Pero terrorismo se acaba de vivir
también en Timor Oriental y en
Kosovo; está latente en España,
mientras los comandos de la ETA ganan
tiempo, y entre Israel y la Autonomía
Palestina mientras se afianza la tregua;
y sigue altanero a través del accionar
del ELN y las FARC en Colombia, con sus
secuestros indiscriminados, bombas explosivas
en pipotes de gas, ajusticionamientos
salvajes. El terrorismo es algo que le
ha merecido atención al presidente
Chávez desde antes de su posesión
(carta personal al “Chacal”
Illich) y luégo desde la Cancillería.
Por esa intercomunicación rápida
y televisada de nuestra aldea mundial,
el terrorismo (como otros fenómenos)
trasciende las fronteras y se convierte
en un problema internacional.
Terror
y terrorismo
El
terrorismo es una variante de la violencia
humana. Es una forma de aplicar la violencia
a alguna situación conflictiva.
Tiene como finalidad amedrentar, crear
un temor incontrolable, aterrorizar a
un individuo o a toda una colectividad
a fin de obterner determinados resultados,
mediante el terror. Terrorismo viene de
terror. Y no es algo de este tiempo ni
siquiera de sólo el siglo pasado.
Ya Jenofonte, cuatro siglos antes de Cristo,
habla de las ventajas de atemorizar a
las poblaciones civiles, para lograr mejores
efectos de la guerra.
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TERROR se ha llamado el recurso intimidatorio
al que han recurrido ciertos regímenes
para mantenerse en el poder. El ejemplo
más conocido fue el del período
de la dictadura del Comité de Salud
Pública, impuesta por Robespierre,
Saint–Just y Carnot cuando la revolución
francesa, que duró casi un año,
hasta el de Thermidor (27 julio 1794). Su
precio fueron casi 40.000 víctimas
guillotinadas. Pero casi tres siglos antes,
Maquiavelo ya recomendaba que para mantener
el poder, era necesario periódicamente
“infundir el terror o el miedo en
los hombres que lo habían infundido
para conquistarlo”. Y Nerón
y Tiberio, mucho antes, lo aplicaron así
en Roma. En nuestro siglo, Trotski (en su
famoso “Terrorismo y Comunismo”),
disiente de Kautsky y recomienda el terrorismo
como conjunto de medidas de lucha contra
las tentativas contrarrevolucionarias. El
terror puede asumir muchas caras, pero todas
convienen en adoptar un mismo método:
la implantación del terrorismo.
•
TERRORISMO. Se lo puede definir como el
asesinato deliberado y sistemático,
desbaratando y amenazando al inocente (individuo
o colectivo), para inspirar temor, con miras
a lograr ciertos objetivos, por lo general
políticos. Para Yona Alexander (Universidad
de New York), terrorista es aquel que hace
uso criminal, indiscriminado, de la fuerza
para intimidar a un grupo más amplio
que el círculo de las víctimas
más inmediatas o naturales, con miras
a lograr objetivos realistas o imaginarios.
En general, el terrorismo envuelve la idea,
por una parte, de golpear por sorpresa y
sin miramiento, lo que se estima un objetivo
(un blanco) político–militar;
y por otra parte, la idea de aterrorizar
al adversario, de provocar miedo, inseguridad,
entendiendo por adversario incluso a la
sociedad misma. Causar miedo e inestabilidad,
debilitar al adversario sin importar el
costo en vidas de inocentes (niños,
espectadores, servidores públicos)
es el objetivo. André Malraux, en
uno de sus trabajos polìticos, ubica
el terrorismo dentro de una patología
entre la esperanza y la desesperación.
El grupo terrorista abriga la esperanza
de un éxito frente a un enemigo que
se lo considera demasiado poderoso como
para luchar contra él con armas más
convencionales. Y es el accionar de un desesperado
que se encuentra acorralado y busca, aterrorizando,
el desahogo de la venganza con la destrucción.
Según R. Kupperman ( director de
un Centro de Estudios Estratégicos
e Internacionales norteamericano), el terrorismo
es extorsión política, es
la guerra del débil, que usa teatralidad
para dar una imagen de impotencia al poderoso.
Los terroristas no reconocen ninguna regla
o convención de guerra o derecho
humano internacional; no distinguen entre
combatientes y no combatientes. En su mundo
maniqueo (de bien o mal, de blanco o negro),
nadie tiene derecho a ser neutral. O se
está con ellos o contra ellos.
Asesinato politico como terrorismo
.
Mezclado con cierta tendencia al anarquismo,
desde el siglo pasado se utilizó
el terrorismo para despertar la conciencia
popular y obligarla a dar el salto del resentimiento
pasivo a la lucha activa, eliminando personajes
que representaban y en cierto modo encarnaban
como símbolos lo que se quería
destruir. El movimiento clandestino “Naródnaia
volia” sale del anonimato ante el
pueblo, poniendo bombas a los funcionarios
del régimen y asesinando al zar Alejandro
II (1º marzo 1881). No escapan de esta
dialéctica los asesinatos de los
presidentes McKinley y Kennedy en Estados
Unidos; de los líderes Ghandi en
India y Luther–King jr. en EUA; el
intento de eliminar a Juan Pablo IIº
en la plaza de San Pietro en Roma; el asesinato
de Olaf Palme en 1986, primer ministro sueco
y conocido por sus esfuerzos de paz en el
mundo. Y más cercanos a nosotros
están los asesinatos en 1989, perpetrados
por sicarios del Cartel de Medellín,
pagados por los capos Pablo Escobar y Rodríguez
Gacha (“el mexicano”) de tres
precandidatos presidenciales; así
como las balas que han eliminado figuras
brillantes que encarnaban la risa y el talento
colombiano al servicio de la verdadera paz
como eran el humorista Jaime Garzón
y el profesor universitario Jesús
Bejarano.
Publicidad
y terrorismo
Un reconocido historiador del terrorismo,
como es Walter Laqueur ha escrito que “el
acto terrorista no es casi nada en sí
mismo, mientras que la publicidad de ese
acto es casi todo...En el fondo, la subversión
es una exhibición: pretende proyectarse
como un espectáculo .El éxito
de una operación terrorista depende
casi por completo de la cantidad de publicidad
que recibe. Esta fue una de las principales
razones que movieron a cambiar la guerrilla
campesina por la guerrilla urbana en los
años 60. En las ciudades, el terrorista
puede contar siempre con la presencia de
periodistas y cámaras de TV”.
Por ello, cualquier política exitosa
antiterrorista debe empezar por quitarles
pantalla y vitrineo gratis a los terroristas.
Lo acabo, así de expresar en carta
electrónica a la Dirección
de revista Semana (Bogotá) que salió
publicada en la edición nº 907
del pasado 27 de septiembre: “Sus
excelentes materiales me son de gran utilidad
para los cursos y seminarios de politología
que imparto en la Universidad de Los Andes.
En su edición 905 llaman la atención
sobre el papel (no pretendido) de <idiotas
útiles> de la subversión,
que siguen desempeñando algunos medios
en Colombia. En todas partes del mundo,
la bestia del terrorismo se alimenta con
la propaganda gratis y espectacular que
le brindan los medios y que le permite agigantarse
para intimidar a una sociedad y, si pudiera,
paralizarla”.
11 octubre 1999 |