¿Qué pasa con la Izquierda ?
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Logo Enrique Neira

 

 

     

La contundente victoria de Aznar y su Partido Popular en España, y la consiguiente derrota de las izquierdas (el Partido Socialista Obrero Español en comandita con la Izquierda Unida), nos plantea la pregunta: ¿Qué está pasando con la Izquierda?. Pregunta que desde Colombia y Venezuela es pertinente y oportuna para ultramar y para toda Latinoamérica.

 

A la diestra y a la siniestra

La política no es geométrica ni topográfica. Pero “derecha–izquierda”, como otras dimensiones espaciales, ayudan a la percepción e interpretación de nuestros entornos físicos, sociales y aun ideológicos. Sobre todo desde la Revolución francesa (1789), cuando en la Asamblea del Pueblo, los más prudentes y conservadores resolvieron colocarse a la derecha, y los más impacientes y revoltosos a la izquierda, los términos se transformaron en símbolos de opciones y opiniones. En una percepción ideológica, ubicamos a la derecha lo religioso y estable (lo sacro es esencialmene estable); a la izquierda lo secular y lo cambiante. A la derecha colocamos la dominación; a la izquierda lo que conlleva reto y oposición. De modo que podríamos definir IZQUIERDA la tendencia al cambio social en la dirección de mayor igualdad (política, económica o social); y DERECHA la que apoya un orden social tradicional (más o menos jerárquico) y no quiere cambio hacia mayor igualdad.

 

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La izquierda europea

En los países desarrollados, a 150 años del famoso “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels (1848), el Comunismo, con su revolución social (que implicaba la extrema izquierda), ya no asusta; y el capitalismo (el ogro de las derechas), ha pasado a la ofensiva. El objetivo final de una transformación social sigue siendo común a las izquierdas; pero difieren mucho y se disputan sobre los medios para llegar allí. • Inglaterra, Francia, Alemania, Italia....tienen regímenes que pueden antojarse como de izquierda moderada. Pero son muy diferentes el laborismo “tercera vía” de Blair, la cohabitación del socialista francés Jospin con el capitalismo neo–liberal, el “rojo–verde” de Schroeder en Alemania y un cierto centro–postcomunista de los recientes gobiernos de Italia. • En España, se acaba de evidenciar una crisis interna del PSOE, que venía de atrás desde 1990 (cuando Guerra hegemonizaba el partido y Felipe González el gobierno). Crisis que Joaquín Almunia (su reciente líder a nivel nacional) atribuyó con franqueza, después de la derrota, a “la insuficiente renovación del partido”. Faltó mayor democracia dentro del partido; sus mensajes no se renovaron y siguieron anclados en el glorioso pasado; hubo problemas de liderazgo. Tras 14 años de gobierno y 4 años de “dulce derrota”, el Partido Socialista representa hoy una “izquierda aplastada”, en frase de Javier Tusell. • Para las izquierdas, por lo menos en Europa, el camino hacia el poder pasa por una “tercera vía”, no sólo mediante el rechazo de posiciones clásicas ya inaceptables, sino porque tiene que atraer a electores desideologizados no tan cercanos, mejor dispuestos a mensajes de contenidos concretos.

La izquierda latinoamericana

Entre tanta literatura de variopinto valor, el mexicano Jorge Castañeda allega suficientes materiales como para intentar un gigantesco mural de lo que han sido, en nuestros países al sur de Río Grande, las luces y sombras, los altibajos, los éxitos parciales y los grandes fracasos de las izquierdas (no ha existido una izquierda monolítica). Repásense su libro “La utopía desarmada” (Tercer Mundo 1994) y su artículo, entre otros, “La izquierda en ascuas y en ciernes” (revista Nueva Sociedad 1996). Desde formas de revolución de corte populista y/o nacionalista; pasando por proyectos revolucionarios propuestos por intelectuales universitarios desde sus cubículos o estimulados por una clase media; hasta revoluciones intentadas a punta de fusiles, con ametralladoras y bombas terroristas o iniciadas por vía parlamentaria, de todo se ha visto. Pero la revolución no es ya la opción en América Latina. Sin embargo, la Izquierda sí tiene todavía una palabra que decir y una acción sociopolítica que intentar como alternativa válida frente al capitalismo salvaje y a la globalización neoliberal que nos está engullendo.

La izquierda del futuro

Así se titula un estupendo libro – que me facilitó un eminente intelectual y amigo uruguayo– cuyo autor es Enrique Rubio, del Centro Uruguay Independiente, que apoyó la candidatura presidencial, por poco ganadora el 28 de noviembre pasado, de Tabaré Vásquez y su Frente Amplio. “En la actualidad nada es fácil para la Izquierda”, dice. Pero la Izquierda es porfiada. Para que sea viable en las nuevas coyunturas nacionales debe: 1) reelaborar su memoria (saldar algunas cuentas pendientes de la Izquierda clásica); 2) gobernar la globalización (es decir, insertarse en ella pero de acuerdo con sus propios objetivos), 3) dar cauce al empuje transnacional y a la integración regional; 4) reformar el Estado con miras a una democratización de la economía; 5) estimular el dinamismo en la sociedad; 6) buscar las confluencias de las fuerzas progresistas a escala internacional; y 7) muy importante, promover más democracia. Debe conducir un proyecto histórico al servicio de una utopía democrática–socialista.

Equivale a decir algo en lo que yo he sido machacón. La Izquierda debe ser DIFERENTE a lo que ha sido y VIABLE, no tan dogmática ni tan ideologizada. Debe revitalizarse, reconvertirse, purificarse y dejar sus desdenes por la democracia, por el reformismo, por la religión, por el desarrollo económico sostenido. “Queremos vino nuevo en odres nuevos” (pancarta en la Alexander Platz de Berlín oriental, noviembre 1989). “Hay que construir sobre los fundamentos del pasado, pero la construcción debe ser nueva” (Hobsbawn). “Caminar en dirección contraria a la de la mayoría es, en democracia, la mejor manera de no gobernar nunca“ (Jordi Sevilla, diputado electo del PSOE por Castellón).

8 mayo 2000