La
contundente victoria de Aznar y su Partido
Popular en España, y la consiguiente
derrota de las izquierdas (el Partido
Socialista Obrero Español en comandita
con la Izquierda Unida), nos plantea la
pregunta: ¿Qué está
pasando con la Izquierda?. Pregunta que
desde Colombia y Venezuela es pertinente
y oportuna para ultramar y para toda Latinoamérica.
A
la diestra y a la siniestra
La
política no es geométrica
ni topográfica. Pero “derecha–izquierda”,
como otras dimensiones espaciales, ayudan
a la percepción e interpretación
de nuestros entornos físicos, sociales
y aun ideológicos. Sobre todo desde
la Revolución francesa (1789),
cuando en la Asamblea del Pueblo, los
más prudentes y conservadores resolvieron
colocarse a la derecha, y los más
impacientes y revoltosos a la izquierda,
los términos se transformaron en
símbolos de opciones y opiniones.
En una percepción ideológica,
ubicamos a la derecha lo religioso y estable
(lo sacro es esencialmene estable); a
la izquierda lo secular y lo cambiante.
A la derecha colocamos la dominación;
a la izquierda lo que conlleva reto y
oposición. De modo que podríamos
definir IZQUIERDA la tendencia al cambio
social en la dirección de mayor
igualdad (política, económica
o social); y DERECHA la que apoya un orden
social tradicional (más o menos
jerárquico) y no quiere cambio
hacia mayor igualdad.
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| La
izquierda europea
En
los países desarrollados, a 150 años
del famoso “Manifiesto Comunista”
de Marx y Engels (1848), el Comunismo, con
su revolución social (que implicaba
la extrema izquierda), ya no asusta; y el
capitalismo (el ogro de las derechas), ha
pasado a la ofensiva. El objetivo final
de una transformación social sigue
siendo común a las izquierdas; pero
difieren mucho y se disputan sobre los medios
para llegar allí. • Inglaterra,
Francia, Alemania, Italia....tienen regímenes
que pueden antojarse como de izquierda moderada.
Pero son muy diferentes el laborismo “tercera
vía” de Blair, la cohabitación
del socialista francés Jospin con
el capitalismo neo–liberal, el “rojo–verde”
de Schroeder en Alemania y un cierto centro–postcomunista
de los recientes gobiernos de Italia. •
En España, se acaba de evidenciar
una crisis interna del PSOE, que venía
de atrás desde 1990 (cuando Guerra
hegemonizaba el partido y Felipe González
el gobierno). Crisis que Joaquín
Almunia (su reciente líder a nivel
nacional) atribuyó con franqueza,
después de la derrota, a “la
insuficiente renovación del partido”.
Faltó mayor democracia dentro del
partido; sus mensajes no se renovaron y
siguieron anclados en el glorioso pasado;
hubo problemas de liderazgo. Tras 14 años
de gobierno y 4 años de “dulce
derrota”, el Partido Socialista representa
hoy una “izquierda aplastada”,
en frase de Javier Tusell. • Para
las izquierdas, por lo menos en Europa,
el camino hacia el poder pasa por una “tercera
vía”, no sólo mediante
el rechazo de posiciones clásicas
ya inaceptables, sino porque tiene que atraer
a electores desideologizados no tan cercanos,
mejor dispuestos a mensajes de contenidos
concretos.
La
izquierda latinoamericana
Entre
tanta literatura de variopinto valor, el
mexicano Jorge Castañeda allega suficientes
materiales como para intentar un gigantesco
mural de lo que han sido, en nuestros países
al sur de Río Grande, las luces y
sombras, los altibajos, los éxitos
parciales y los grandes fracasos de las
izquierdas (no ha existido una izquierda
monolítica). Repásense su
libro “La utopía desarmada”
(Tercer Mundo 1994) y su artículo,
entre otros, “La izquierda en ascuas
y en ciernes” (revista Nueva Sociedad
1996). Desde formas de revolución
de corte populista y/o nacionalista; pasando
por proyectos revolucionarios propuestos
por intelectuales universitarios desde sus
cubículos o estimulados por una clase
media; hasta revoluciones intentadas a punta
de fusiles, con ametralladoras y bombas
terroristas o iniciadas por vía parlamentaria,
de todo se ha visto. Pero la revolución
no es ya la opción en América
Latina. Sin embargo, la Izquierda sí
tiene todavía una palabra que decir
y una acción sociopolítica
que intentar como alternativa válida
frente al capitalismo salvaje y a la globalización
neoliberal que nos está engullendo.
La
izquierda del futuro
Así
se titula un estupendo libro – que
me facilitó un eminente intelectual
y amigo uruguayo– cuyo autor es Enrique
Rubio, del Centro Uruguay Independiente,
que apoyó la candidatura presidencial,
por poco ganadora el 28 de noviembre pasado,
de Tabaré Vásquez y su Frente
Amplio. “En la actualidad nada es
fácil para la Izquierda”, dice.
Pero la Izquierda es porfiada. Para que
sea viable en las nuevas coyunturas nacionales
debe: 1) reelaborar su memoria (saldar algunas
cuentas pendientes de la Izquierda clásica);
2) gobernar la globalización (es
decir, insertarse en ella pero de acuerdo
con sus propios objetivos), 3) dar cauce
al empuje transnacional y a la integración
regional; 4) reformar el Estado con miras
a una democratización de la economía;
5) estimular el dinamismo en la sociedad;
6) buscar las confluencias de las fuerzas
progresistas a escala internacional; y 7)
muy importante, promover más democracia.
Debe conducir un proyecto histórico
al servicio de una utopía democrática–socialista.
Equivale
a decir algo en lo que yo he sido machacón.
La Izquierda debe ser DIFERENTE a lo que
ha sido y VIABLE, no tan dogmática
ni tan ideologizada. Debe revitalizarse,
reconvertirse, purificarse y dejar sus desdenes
por la democracia, por el reformismo, por
la religión, por el desarrollo económico
sostenido. “Queremos vino nuevo en
odres nuevos” (pancarta en la Alexander
Platz de Berlín oriental, noviembre
1989). “Hay que construir sobre los
fundamentos del pasado, pero la construcción
debe ser nueva” (Hobsbawn). “Caminar
en dirección contraria a la de la
mayoría es, en democracia, la mejor
manera de no gobernar nunca“ (Jordi
Sevilla, diputado electo del PSOE por Castellón).
8
mayo 2000 |