Es
dramático este final de siglo que
ve debatirse, con angustia, a millones y
millones de pobres dentro de un mundo inmensamente
rico. A pesar del parte de victoria y de
las perspectivas optimistas que el FMI (Fondo
Monetario Internacional) ha emitido en su
reciente Asamblea de Hong-Kong, la triste
realidad es que el crecimiento económico
mundial sigue favoreciendo a los países
industrializados y a unos segmentos muy
privilegiados de nuestros países.
La pobreza de los más
sigue aumentando y los beneficios de la
llamada globalización se queda
en los bolsillos de unos pocos. Así
lo acaban de denunciar -con conocimiento
de causa- Ernesto Samper, Presidente de
Colombia y del Movimiento de Países
No-Alineados (en su intervención
pública ante la reciente Asamblea
52 de la ONU) y Patricio Aylwin, ex Presidente
de Chile, en sesudo comentario (aparecido
en El Nacional el 27 de septiembre).
Globalización
Un globo terráqueo
es la representación cartográfica
tridimensional de la esfera terrestre.
Ofrece al observador una imagen con distancias
iguales, areas iguales y características
angulares iguales, algo imposible de apreciar
en un mapa bidimensional. El resultado
es una imagen continua sin saltos ni brechas.
Al alemán Martín Benhaim
se atribuye el haber hecho el primer globo
terráqueo moderno en 1492, coincidente
con el viaje de Cristóbal Colón.
El uso actual de la palabra
<globalización>
para designar el fenómeno de una
economía mundializada refleja una
concepción claramente liberal y
capitalista. Expresa el actual proceso
de libre movimiento de capitales y de
productos, haciendo caso omiso de las
fronteras y de las diferencias particulares.
El mundo aparece, asi, al observador como
un continuo, como una imagen continua
de crecimiento económico y bienestar
generalizado, sin las fisuras, clivages,
saltos y sobresaltos de la realidad económica
y social de gran parte del mundo.
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| La
palabra <mundialización>
se utiliza equivalentemente para denotar
esta situación internacional de libre
movimiento de capitales y de productos,
con lo que todo ello implica de apertura
económica para cada país,
leyes generalizadas de comercio, menor papel
de los Estados-nación y menor regulación
de su economía interna, campo abierto
para las multinacionales y mayor injerencia
de organismos mundiales tales como el Banco
Mundial, el FMI, la Organización
Mundial del Comercio, la OCDE. Para los
voceros y partidarios de este proceso, la
mundialización es inevitable y el
país que no entre al juego de esta
ronda o rueda internacional va a quedar
fuera, como un país paria y un seguro
perdedor. Los países que se resistan
a ser salvados por este nuevo mesianismo
globalista, serán condenados al infierno.
Véase si nó, lo que pasa con
Cuba, y no hace mucho lo que pasó
con Nicaragua en la era sandinista.
Dos
métodos
Para
alcanzar el nirvana del libre mercado y
disfrutar de los beneficios anunciados de
la <mundialización> hay dos
métodos probados, que pueden utilizarse
por separado o simultáneamente. Las
alusiones al reciente caso venezolano son
obvias.
1º
El achicamiento del Estado como agente económico
Significa eliminar cualquier tipo de subsidio
a la producción o al consumo, reducir
al mínimo políticamente posible
los gastos sociales en educación,
salud, viviendas e infraestructura y, desde
luégo, entregar a la iniciativa privada
- de preferencia extranjera- cualquier empresa
productiva de propiedad pública o
mixta. En consecuencia, el ideario de la
privatización (considerada como la
varita mágica para extender la economía
de mercado) se ha transformado en parte
esencial del dogma que estamos comentando.
2º
La apertura de las economías nacionales
a la economía global
Este método, por el cual se nos abren
las puertas al cielo, es la apertura total
e irrestricta de las fronteras. Adiós
aranceles, tarifas, cuotas, impuestos, medidas
protectoras y otros mecanismos que puedan
oler a nacionalismo o, peor todavía,
a estatismo o socialismo. Con ello, se nos
dice, nuestros países se harán
más competitivos y eficientes, bajarán
los costos y aumentarán los beneficios,
lograremos exportar y conquistar mercados
mundiales, aumentará el empleo, se
acelerarán las tasas de crecimiento
económico y el bienestar generalizado
se extenderá como crema batida en
un pastel…
6 octubre 1997
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