El
presidente norteamericano, George W. Bush,
en su discurso sobre el estado de la Unión
(29 enero), puso sobre el tapete lo que
ha llamado “el eje del Mal”.
El tema que es de raigambre filosófica
y religiosa, tiene en sus labios una preocupante
dimensión geopolítica..
En geometría, “eje”
es una recta alrededor de la cual gira
una línea o una superficie para
engendrar un sólido. Es, pues,
un elemento que se constituye en principio
generador de mayor volumen. Hablar entonces
del “eje del Mal” en el mundo
actual es intentar designar la pieza fundamental
que centrifuga tanto mal como se esparce
por la superficie del planeta.
Algo
de filosofía y religión
Al
“problema del Mal”, desde
muy antiguo todas las filosofías
y religiones del mundo han tratado de
dar una explicación, que ha resultado
a veces errada y a veces sin resultado
tangible.
• Para Platón, el bien no
es un asunto opinable sino un objeto de
conocimiento. Conocer y discernir el bien
y el mal es el mejor fruto del árbol
del conocimiento. Para Aristóteles,
las ciencias morales –como son la
ética y la política–,
pueden tener una validez objetiva y universal,
casi como la física y la matemática,
al menos a nivel de principios. Para Kant,
las dos partes principales de la filosofía
(la física y la ética) se
deslizan al mismo ritmo: la, una por el
riel de las “leyes de la naturaleza”
y la otra por el riel de las “leyes
de la libertad”. En ambas hay un
conocimiento empírico y un conocimiento
“a priori”. La una es “metafísica
de lo natural”, la otra “metafísica
de lo moral”.
|
|
Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
Biografia
del autor
CV, trayectoria, principales
obras y publicaciones y personajes
de la historia que lo han
inspirado
Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy. |
|
|
| •
La cultura judeo–cristiana al tratar
de explicar el mundo, rechaza la afirmación
dualista, de dos principios universales
como polos de todo el universo: uno el principio
del Bien (Dios) y el otro el principio del
Mal (Arihman en la concepción mazdea
y maniquea). La Biblia utiliza la palabra
hebrea “SATAN” para designar
al Adversario del Dios único, como
padre y personificación de la mentira
y la violencia, que inclina a individuos
y colectividades a servir al Mal e indisponerlos
contra el Bien. “Satán”,
sin ser un antidios y teniendo siempre conciencia
de ser una criatura inferior a Dios, juega
sin embargo un papel dramático en
el destino de los hombres, tal como se lo
define en el interior de cada uno. Basta
leer las páginas del libro de Job,
las que se refieren a las tentaciones de
Jesús en los evangelios o a la lucha
por el alma de Fausto en Goethe.
• De todo modos, podemos afirmar –siguiendo
a buenos pensadores– que el Mal se
constituye en problema solamente para la
conciencia humana. Haciéndose eco
de Montaigne, el Hamlet de Shakespeare observa
que “nada hay bueno o malo sino que
nuestro pensamiento es el que los hace tales”.
Bien afirma G. Crespy en su “Ensayo
sobre Teilhard de Chardin” que “el
mundo no es malo ni perfecto: es bueno,
es sencillamente lo que puede y debe ser
un mundo que, contemplado desde nuestro
ángulo y según nuestras posibilidades
de apreciación, está en evolución
y tiende a realizarse a través del
hombre. El mal es asunto del hombre. Lo
cual no significa que todo mal provenga
necesariamente del hombre, sino que todo
mal es mal para el hombre”.
El
punto de vista de Washington
Llama
la atención (desde el primer momento
se me hizo desafortunada y exagerada) la
afirmación del presidente Bush ante
el Congreso norteamericano en pleno, tildando
a tres países de constituir “el
eje del Mal”. Según él,
por Iraq, Irán y Corea del Norte
pasa el eje de la centrifugadora que salpica
por el mundo tanto mal como existe. Los
tres son países orientales, de cultura
asiática y dos de ellos de predominante
religión islámica (el uno
hitita y el otro sunnita). Los tres vienen
acumulando un alto potencial letal con armas
nucleares y tal vez también biológicas,
que podrían llegar a configurar una
amenaza global. Pero de ahí a que
lo sean hay mucho trecho. Y es evidente
el prejuicio con que se hace el señalamiento.
Es chocante además la prepotencia
con que se lo expresa, aplicando una diplomacia
internacional de guapetón texano
armado hasta los dientes como Rambo. El
Imperio intimida, amenaza, clasifica quién
es bueno y quién es malo. En su guerra
antiterrorista no cuentan los matices ideológicos,
religiosos o políticos; pasa por
encima de las fronteras. Es la óptica
del “amo del mundo”, que define
por dónde pasa el eje de su Adversario,
el Mal.
El punto de vista de París
Opuesta
a la anterior está la óptica
de países árabes en donde
con frecuencia se designa popularmente a
los Estados Unidos como “Satán”,
el diseminador del Mal. La hace suya y la
fundamenta el intelectual y comentarista
Ignacio Ramonet, director del prestigioso
“Le Monde diplomatique”. Como
desde una atalaya, este observador viene
siguiendo los procesos actuales de mundialización,
denunciando sus injusticias y segregaciones,
apuntando a soluciones no sólo técnicas
sino también humanistas. Es un vocero
de amplios sectores europeos, para quienes
la visión guerrerista –a lo
Rambo– de Bush no es sólo “simplista”,
sino “primitiva” por no decir
fundamentalista. A juicio de Ramonet, tres
son los frentes en los que la globalización
liberal ataca a los ciudadanos del mundo.
Un frente central, el de la economía,
en el que el “eje del Mal” está
constituido por el Fondo Monetario Internacional
(FMI), la Banca Mundial y la Organización
Mundial del Comercio (OMC). “Este
eje maléfico –son sus palabras–
continúa imponiendo al mundo la dictadura
del mercado, la preeminencia del sector
privado, el culto del lucro y el provocar
en el conjunto del planeta terribles dígitos:
hiperquiebra fraudulenta de Enron, crisis
monetaria en Turquía, colapso calamitoso
en Argentina, devastaciones ecológicas
por doquier”. El segundo frente, clandestino,
silencioso, invisible es el de la ideología:
el “delicioso despotismo” de
universidades, institutos de investigación,
grandes medios de comunicación. Y
el tercer frente, que ha comenzado a abrirse
tras el 11 de septiembre, es el militar.
El Tio Sam (el “primer Estado proto–mundial”
según William Paff) ha mostrado en
Afganistán que puede desempeñar,
en forma efectiva y sin muchos aliados,
el papel de brindar seguridad y orden en
el mundo. Su dedo ya amenaza a Iraq y mira
con el rabillo del ojo a inquietantes vecinos
del sur como Colombia y Venezuela.
8 abril 2002 |