El “eje del mal” internacional
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Logo Enrique Neira

 

 

     

El presidente norteamericano, George W. Bush, en su discurso sobre el estado de la Unión (29 enero), puso sobre el tapete lo que ha llamado “el eje del Mal”. El tema que es de raigambre filosófica y religiosa, tiene en sus labios una preocupante dimensión geopolítica.. En geometría, “eje” es una recta alrededor de la cual gira una línea o una superficie para engendrar un sólido. Es, pues, un elemento que se constituye en principio generador de mayor volumen. Hablar entonces del “eje del Mal” en el mundo actual es intentar designar la pieza fundamental que centrifuga tanto mal como se esparce por la superficie del planeta.

 

Algo de filosofía y religión

Al “problema del Mal”, desde muy antiguo todas las filosofías y religiones del mundo han tratado de dar una explicación, que ha resultado a veces errada y a veces sin resultado tangible.

• Para Platón, el bien no es un asunto opinable sino un objeto de conocimiento. Conocer y discernir el bien y el mal es el mejor fruto del árbol del conocimiento. Para Aristóteles, las ciencias morales –como son la ética y la política–, pueden tener una validez objetiva y universal, casi como la física y la matemática, al menos a nivel de principios. Para Kant, las dos partes principales de la filosofía (la física y la ética) se deslizan al mismo ritmo: la, una por el riel de las “leyes de la naturaleza” y la otra por el riel de las “leyes de la libertad”. En ambas hay un conocimiento empírico y un conocimiento “a priori”. La una es “metafísica de lo natural”, la otra “metafísica de lo moral”.

 

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• La cultura judeo–cristiana al tratar de explicar el mundo, rechaza la afirmación dualista, de dos principios universales como polos de todo el universo: uno el principio del Bien (Dios) y el otro el principio del Mal (Arihman en la concepción mazdea y maniquea). La Biblia utiliza la palabra hebrea “SATAN” para designar al Adversario del Dios único, como padre y personificación de la mentira y la violencia, que inclina a individuos y colectividades a servir al Mal e indisponerlos contra el Bien. “Satán”, sin ser un antidios y teniendo siempre conciencia de ser una criatura inferior a Dios, juega sin embargo un papel dramático en el destino de los hombres, tal como se lo define en el interior de cada uno. Basta leer las páginas del libro de Job, las que se refieren a las tentaciones de Jesús en los evangelios o a la lucha por el alma de Fausto en Goethe.

• De todo modos, podemos afirmar –siguiendo a buenos pensadores– que el Mal se constituye en problema solamente para la conciencia humana. Haciéndose eco de Montaigne, el Hamlet de Shakespeare observa que “nada hay bueno o malo sino que nuestro pensamiento es el que los hace tales”. Bien afirma G. Crespy en su “Ensayo sobre Teilhard de Chardin” que “el mundo no es malo ni perfecto: es bueno, es sencillamente lo que puede y debe ser un mundo que, contemplado desde nuestro ángulo y según nuestras posibilidades de apreciación, está en evolución y tiende a realizarse a través del hombre. El mal es asunto del hombre. Lo cual no significa que todo mal provenga necesariamente del hombre, sino que todo mal es mal para el hombre”.

 

El punto de vista de Washington

Llama la atención (desde el primer momento se me hizo desafortunada y exagerada) la afirmación del presidente Bush ante el Congreso norteamericano en pleno, tildando a tres países de constituir “el eje del Mal”. Según él, por Iraq, Irán y Corea del Norte pasa el eje de la centrifugadora que salpica por el mundo tanto mal como existe. Los tres son países orientales, de cultura asiática y dos de ellos de predominante religión islámica (el uno hitita y el otro sunnita). Los tres vienen acumulando un alto potencial letal con armas nucleares y tal vez también biológicas, que podrían llegar a configurar una amenaza global. Pero de ahí a que lo sean hay mucho trecho. Y es evidente el prejuicio con que se hace el señalamiento. Es chocante además la prepotencia con que se lo expresa, aplicando una diplomacia internacional de guapetón texano armado hasta los dientes como Rambo. El Imperio intimida, amenaza, clasifica quién es bueno y quién es malo. En su guerra antiterrorista no cuentan los matices ideológicos, religiosos o políticos; pasa por encima de las fronteras. Es la óptica del “amo del mundo”, que define por dónde pasa el eje de su Adversario, el Mal.


El punto de vista de París

Opuesta a la anterior está la óptica de países árabes en donde con frecuencia se designa popularmente a los Estados Unidos como “Satán”, el diseminador del Mal. La hace suya y la fundamenta el intelectual y comentarista Ignacio Ramonet, director del prestigioso “Le Monde diplomatique”. Como desde una atalaya, este observador viene siguiendo los procesos actuales de mundialización, denunciando sus injusticias y segregaciones, apuntando a soluciones no sólo técnicas sino también humanistas. Es un vocero de amplios sectores europeos, para quienes la visión guerrerista –a lo Rambo– de Bush no es sólo “simplista”, sino “primitiva” por no decir fundamentalista. A juicio de Ramonet, tres son los frentes en los que la globalización liberal ataca a los ciudadanos del mundo. Un frente central, el de la economía, en el que el “eje del Mal” está constituido por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Banca Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC). “Este eje maléfico –son sus palabras– continúa imponiendo al mundo la dictadura del mercado, la preeminencia del sector privado, el culto del lucro y el provocar en el conjunto del planeta terribles dígitos: hiperquiebra fraudulenta de Enron, crisis monetaria en Turquía, colapso calamitoso en Argentina, devastaciones ecológicas por doquier”. El segundo frente, clandestino, silencioso, invisible es el de la ideología: el “delicioso despotismo” de universidades, institutos de investigación, grandes medios de comunicación. Y el tercer frente, que ha comenzado a abrirse tras el 11 de septiembre, es el militar. El Tio Sam (el “primer Estado proto–mundial” según William Paff) ha mostrado en Afganistán que puede desempeñar, en forma efectiva y sin muchos aliados, el papel de brindar seguridad y orden en el mundo. Su dedo ya amenaza a Iraq y mira con el rabillo del ojo a inquietantes vecinos del sur como Colombia y Venezuela.

8 abril 2002