La
reunión XVI de la NOAL (Naciones
No Alineadas) celebrada en La Habana la
semana pasada (12-16 septiembre) ha sido
un nuevo intento por recomponer cierta
unidad de lo que fue durante la Guerra
Fría (1958-1988) un cierto bloque
de naciones en desarrollo que quisieron
ponerse al margen del gigantesco pugilato
entre Estados Unidos y la Unión
Soviética. Ni alinderamiento con
el Imperio norteamericano ni alinderamiento
con el Imperio soviético. Pero
son ya muchos los años que han
pasado y el mundo global ha cambiado demasiado.
Al derrumbarse el muro de Berlín
(1989) y en cascada los otros de países
comunistas, sólo quedaron visibles
como emblemas de superioridad mundial:
las Torres gemelas de Nueva York (en lo
económico), el Pentágono
en Washington (en lo militar) y el Capitolio
(blanco no logrado en lo político).
Por ello, hace justo 5 años, fueron
el objetivo apetecido de una furia de
terrorismo planetario, que parece no tener
patria.
La
NOAL, hoy, es poco lo que puede hacer
de modo efectivo y en consenso de sus
116 miembros para ubicarse como alternativa
fiable de poder mundial. Son muy diferentes
y aun contrapuestos los intereses nacionales
y geopolíticos. Son muy hondos
los abismos ideológicos que los
separan. Y hay allí un pelotón
de países de vanguardia, con ideologías
extremistas e irreconciliables con los
del resto.
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| La
ideología en política
No
entramos en la discusión filosófica
de si la ideología como "conocimiento"
es válida o nó, debido a que
no es ciencia positiva. Pero "en política",
la ideología cuenta y mucho. No puede
hablarse del 'ocaso de las ideologías'
políticas; cada día reverdecen,
se multiplican, amplían sus tentáculos
de poder. La ideología política
es un sistema de creencias o símbolos,
que lleva, a la vez, una carga de verdad
(elemento cognitivo) y una carga de pasión
(elemento dinámico). Por ello, es
algo muy útil e imprescindible para
cualquier movimiento, revolución,
partido, organización que pretenda
influir en lo social y político.
Si no hay ideología, no queda para
sus miembros sino el simple pragmatismo,
el activismo sin brújula, el vaivén
a todos los vientos. Gran parte de la crisis
de los partidos tradicionales (casos en
Venezuela de AD, COPEI, quizás el
MAS) se puede achacar a que arriaron sus
banderas de origen ideológico y doctrinario.
Pero los elementos duros de la ideología
política (el doctrinario y el emotivo)
pueden volverse exagerados y no flexibles,
cayendo en un absolutismo impotable en sus
afirmaciones y acciones, incapacitándola
para cualquier diálogo verdadero
con otras ideologías políticas.
La
broma de las ideologías totalitarias
El
siglo pasado fue escenario de procesos destructores
de sociedades enteras y de trágicas
guerras internacionales, debido a ideologías
extremistas y fuertemente estatizantes,
ubicadas aparentemente en polos diferentes
(unas de derecha, otras de izquierda) pero
que terminaron siendo iguales en métodos
y resultados destructivos. El Fascismo de
Mussolini en Italia, el Nacional-Socialismo
de Hitler en Alemania, el Comunismo de Stalin
en la Unión Soviética y países
comunistas, aplicaron sin compasión
la fórmula: "Nada sin el
Estado. Nada contra el Estado. Nada por
fuera del Estado".
Milan
Kundera, escritor checoslovaco, tiene una
famosa novela (su primera), titulada LA
BROMA, publicada en 1967, traducida a 12
lenguas y que le mereció en 1968
el premio de la Unión de Escritores
Checoslovacos, pero después fue prohibida
y retirada de las bibliotecas públicas.
Aunque el autor la definió como "una
novela de amor", su trama y sus personajes
(siete cuyos nombres señalan las
siete partes de la obra) se mueven dentro
de un marco muy politizado. Refleja la opresión
de un mundo muy cerrado por el partido stalinista,
en el que todo el mundo estaba obligado
a pensar igual y además demostrarlo.
El protagonista, Ludvick, un joven estudiante
universitario, comete un simple error, pero
de graves consecuencias. En un momento de
despecho, escribe a su novia una postal
con las palabras: "el optimismo
es el opio del pueblo", con el
ánimo de molestar a su novia que
ha preferido ir a un campo de trabajo del
Partido cuando el abrigaba planes de compartir
con ella. Una simple broma. Pero ella, Marketa,
toma sus frases en serio y lo denuncia a
través de la Unión de Estudiantes
al Partido. Su vida cambiará absurda
y radicalmente: es expulsado de la universidad,
mandado al cuartel con la unidad de "los
negros" (los enemigos del régimen)
a trabajar en las minas. Lleno de incredulidad
y rencor deberá adaptarse poco a
poco a la nueva vida.
Moraleja
Es muy arriesgado vivir en un país,
bajo una ideología totalitaria, donde
el porvenir ya tuvo lugar.
18
septiembre 2006 |