| En
América Latina hemos fundado países
sin antes haber construido paisajes, o hemos
construido paisajes al borde del mar y hemos
empujado sus fantasmas hacia un interior
regido por la naturaleza absoluta. Pero
esas duras abstracciones volaron menos que
nuestros propósitos. Antes de haber
tenido paisanos, antes de haber efectuado
la gran inferencia paisajista que supone
ir de los múltiples pasos a la Constitución
de un país, quisimos poseer formas
políticas. Es decir, nos contentamos
con la cáscara institucional, sin
haber madurado antes el fruto cultural de
los paisajes. Porque un país no se
deduce, sino que se induce. Va de la célula
al organismo y no de lo concreto centralista
a la vaga periferia. Es a la vez una síntesis
cuantitativa y un análisis cualitativo,
un equilibrio entre el caso concreto de
la región y las escalas abstractas
de la capital. Hemos usado y abusado de
la política antes de poseer la polis,
el término ideal entre el campo ciudadanizado
accesible y la ciudad campesina atenta al
contorno. El imperativo de América
Latina es construir paisajes. No alcanza
solo con poblar. Gobernar es hacer paisajes,
es trascender la tierra, es buscarle razones
históricas a la vida de una comunidad.
Región
es, según descripción de Kayser,
un espacio preciso pero no inmutable, inscrito
en un marco natural dado, y que responde
a tres características esenciales:
los vínculos existentes entre sus
habitantes/ su organización alrededor
de un centro dotado de cierta autonomía/
y su integración funcional en una
economía global. La regionalización
implica un salto cualitativo a partir de
los paisajes organizados. Pero ello implica
no solo los elementos económicos
y sociales, sino también una toma
de conciencia por parte de los habitantes
de la región. La regionalización
es la impresión en el espacio geográfico
de una política económica
con sus consecuencias sociales, pero también
la toma de conciencia de los habitantes
de esa región, que son depositarios
y garantía de un patrimonio. Un patrimonio
social que conviene utilizar del mejor modo
posible para las necesidades del momento
y previsible futuro [2]
2.
Concepto de Nación
Etimológicamente
“nación” (derivada de
nasci en latín) significa un grupo
de gente nacida en el mismo lugar. Alude
al origen común. En la Edad Media,
en las universidades europeas, naciones
eran los grupos de estudiantes procedentes
de una misma área geográfica
y cultural. Hoy la palabra “nación”
tiene un significado no solo geográfico
y cultural, sino también político.
Significa un conjunto de individuos unidos
por vínculos geográficos,
históricos y culturales, pero que
además se sienten en capacidad de
organizarse políticamente en un Estado
o, al menos, de intentar hacerlo con éxito.
Se dice, con razón que una Nación
es una comunidad de sentimiento, que se
manifiesta de modo adecuado en un Estado
propio. En consecuencia, una Nación
es una comunidad que normalmente tiende
a producir un Estado propio. Siempre el
concepto de Nación nos refiere al
poder político, y lo nacional se
vincula a la idea de una organización
política propia.
Sintetizamos,
así, las dos grandes vertientes que
se han dado sobre este tema[3]
:
a) La corriente alemana tiene una concepción
orgánica de loa nación. La
expresa bien Johann Herder cuando afirma:
“No es una idea abstracta, sino que
es, ante todo, una comunidad de hombres.
Esta comunidad está integrada por
la san gre y por el hecho de compartir una
misma cultura, cultura que está integrada
por elementos centrales como son la religión,
la distinción de raza y sobre todo,
la lengua. Esta perspectiva de la nación
supone, e implica, la primacía del
orden social sobre el orden político
encarnado en el Estado”.
b)La
corriente francesa tiene una concepción
política de la nación. La
expresa el gran pensador Ernest Renán
cuando dice: “Una nación es
entonces una gran solidaridad,
constituida por el sentimiento de los sacrificios
que se han hecho y de los que se está
dispuesta a hacer todavía. Ella supone
un pasado; ella se resume en el pressente
por un hecho tangible: el consentimiento,
el deseo claramente expresado de continuar
la vida común. La existencia de una
nación es (perdóneseme esta
metáfora) un plebiscito de todos
los días, como la existencia
de un individuo es una afirmación
permanente de vida...” [4].
c)
Obsérvese bien que el grupo étnico
constituye la base humana y cultural de
la Nación, pero ésta lo desborda
al configurarse en una organización
política, que el grupo étnico
no tiene por sí solo. Puede decirse
que son tres los elementos comunes
que integran una Nación:
a)
Elementos de orden material: territorio
propio y etnia (raza). Es decir, comunidad
de origen.
b) Elementos de orden cultural: historia
común, lengua, tradición,
religión. Es decir, comunidad de
valores y creencias.
c) Elementos de orden político: sentimiento
y conciencia nacional. Es decir, comunidad
de vocación política.
Hoy se da mucha importancia a que exista
el tercer elemento, esa conciencia nacional
que unifica voluntades y energías
y que debe estar alimentándose todos
los días con un sano nacionalismo.
A ello aluden las siguientes frases:
*Una Nación es un plebiscito cotidiano
( E. Renán).
* Nación es la adhesión de
los hombres a un proyecto incitativo ( Ortega
y Gasset ).
* Una Nación es un estilo. Un estilo
de vida colectiva (M. García-Morente
). * Un pueblo se despliega en Nación
mediante un acto de conciencia de sí
mismo y de su voluntad (G. Leibholz) .
3.
Definición
Los
elementos anteriores se encuentran en una
definición dada ya en 1851 por Mancini,
y que sigue teniendo vigencia [5].
La Nación designa un particular fenómeno
étnico-histórico y psicológico,
dirigido a configurar un conjunto de hombres
vinculados por lazos comunes de raza, historia,
lengua, cultura y conciencia nacional.
Para
nosotros es el conjunto de regiones
humanas con nexos comunes materiales, culturales
y voluntad política de autonomía.
Bien
recoge F. González todos los elementos
de nación en la siguiente frase:
El
fenómeno de la Nación se origina
en el asentamiento permanente de una comunidad
humana estable en un territorio determinado:
este grupo humano llega a establecer una
comunidad de cultura (identidad compartida,
historia sentida como común, que
se expresa en costumbres, símbolos
y valores comunes) de la cual expresa conciencia
a través de una comunidad de consentimiento
(pacto o contrato social de unión
voluntaria). Cuando ésta comunidad
humana concreta decide convertirse en sujeto
político con soberanía, surge
el [Estado]-Nación: la soberanía
excluye la dependencia frente a un gobierno
externo o metrópoli y supone un control
efectivo que cohesione a la comunidad por
medio de un gobierno-
4.
Nociones afines
Muy
relacionados con el concepto de Nación
existen otros, que deben conocerse y matizarse
exactamente para su correcto uso en ciencia
política.
a)
Población (término
cuantitativo y aritmético). Es la
totalidad de los seres humanos que conviven
en determinado territorio para realizar
sus fines sociales. Comprende, por consiguiente,
a criollos y extranjeros, a mayores de edad
y a niños, a los ciudadanos y a los
que no lo son, que viven en un mismo territorio.
¿Cuánta población se
requiere para que haya un Estado-nación?
El número es muy relativo. La polis
griega tenía alrededor de 10.000
habitantes, sin incluir los esclavos, según
Aristóteles. Pero la polis podía
darse con menos habitantes, según
Platón. En la Edad Media el número
de habitantes era factor secundario. Hoy
varía según las circunstancias.
Hay Estados de muy reducida población
(Andorra, San Marino, El Vaticano) y Estados
de enorme población (China, India,
URSS, Estados Unidos, Brasil).
b)
Raza (término zoológico).
Es el complejo de caracteres somáticos
que caracterizan a determinado grupo animal
(y humano), y que se transmiten por herencia.
La raza es uno de los elementos de la población
y de la nación, pero no el principal.
Es aberrante querer determinar la configuración
de un Estado-Nación por el factor
raza, como fue el intento racista de Hitler
en Alemania y fue el racismo de Sudáfrica
(apartheid). No aceptamos el presupuesto
de que hay unas razas superiores a otras.
c) Pueblo (término jurídico).
Son todos los ciudadanos de un Estado, cualquiera
que sea el lugar donde se encuentren. Constituyen
pueblo los que están sujetos a la
potestad de Estado, ligados por el vínculo
de la ciudadanía, vivan o no en su
territorio. “La soberanía reside
intransferiblemente en el pueblo, quien
la ejerce directamente en la forma prevista
en esta Constitución y en la ley,
e indirectamente mediante el sufragio, por
los órganos que ejercen el poder
público” (Constitución
de Venezuela 1998, art. 5).
No forman pues, parte del pueblo ni los
extranjeros, ni los menores de edad, ni
los declarados inhábiles para ejercer
sus derechos ciudadanos. Una buena definición
técnica de pueblo la da Maritain
cuando dice que es “la multidud de
personas que, unidas bajo leyes justas,
por la mutua amistad y por el bien común
de sus humanas existencias, constituyen
una sociedad política o un cuerpo
político”[6].
d)
Patria (término emotivo).
Es la suma de las cosas materiales e inmateriales,
pasadas, presentes y futuras, que cautivan
la amorosa adhesión de los patriotas.
Se ha definido la patria como la síntesis
de los más nobles sentimientos de
un ser humano. Dichos sentimientos patrios
están especialmente simbolizados
en la bandera, el escudo y el himno nacional.
Mancini expresa que la patria no es el territorio,
éste no es más que la base;
la patria, la idea que brota sobre aquél,
es el pensamiento de amor, el sentimiento
de comunidad que estrecha en uno a todos
los hijos de aquel territorio.
e)
Territorio (término geográfico).
La llamada por los antiguos ‘terra
patrum’, es la porción de la
superficie terrestre, en la cual el Estado
ejerce en forma exclusiva su soberanía
y que le sirve de apoyo unitario a sus instituciones.
Según Kelsen, es el ámbito
espacial de validez del orden jurídico
del Estado. Para Heller, es la condición
geográfica del obrar estatal. Hoy
se le concede gran importancia al territorio
concebido como el espacio vital de una Nación
(véanse los artículos 10 a
15 de la Constitución de Venezuela).,
y se habla mucho de geopolítica,
que es, de acuerdo con F. Ratzel, la interdependencia
de los datos geográficos y los acontecimientos
políticos.
f)
Principio de nacionalidades. Es
la vinculación de la idea de nacionalidad
con la idea de Estado. El principio fue
formulado por Mancini así: “toda
Nación apunta a su propio autogobierno;
toda Nación tiene derecho a convertirse
en Estado”. Este principio, tan aceptado
hoy, deriva de la idea de que toda Nación
soberana tiene el derecho exclusivo de darse
sus leyes fundamentales, idea que cristalizó
durante la Revolución Francesa (1789)
.De este principio de nacionalidades fluye
también la obligación que
tiene todo Estado de darles protección
a las minorías de nacionalidad, lengua,
raza o religión y garantizarles sus
derechos, tales como: 1) el libre ejercicio
público y privado de la religión
o creencia. 2) El uso libre de la lengua
nacional, así como la enseñanza
de la misma. 3) La igualdad desde el punto
de vista del disfrute de los derechos civiles
y políticos (véanse los artículos
119 a 126 de la Constitución de Venezuela).
Piénsese
en las detonantes consecuencias de este
principio de nacionalidades aplicado a casos
recientes como el de los vascos ( en España),
el de los palestinos (entre Israel, Siria,
Líbano y Jordania), el de los flamencos
(en Bélgica), el de Canadá
francés, el de Irlanda del Norte,
y en sentido inverso, el de las dos Alemanias,
que con todo derecho se han reunificado,
o las dos Coreas, que siendo juntas una
nación de alta homogeneidad, se la
sigue mantiene dividida como resultado de
la guerra.
g)
Nacionalismo. Es la voluntad de
construir Nación. Como dice Kohn,
es un estado de ánimo en el cual
el individuo siente que debe su lealtad
suprema al Estado nacional[7].
Según Renán, este estado de
ánimo, compartido por los individuos
de una población, es el que le da
la base a todo Estado nacional, apoyándolo
con un consenso dinámico de voluntades,
como un plebiscito diario (véanse
los artículos 32 a 38 de la Constitución
de Venezuela).. No hay un solo tipo de nacionalismo,
sino varios tipos que corresponden a diferentes
construcciones históricas de Nación.
Hubo
un nacionalismo monárquico, hasta
la Revolución Francesa, que identificó
la Nación con el soberano. Hubo un
nacionalismo burgués, en Europa y
en nuestros países latinoamericanos
recién emancipados (desde la Revolución
Francesa hasta 1918), que identificó
la Nación con la élite burguesa,
depositaria del voto ciudadano. Entre la
primera y la segunda guerras mundiales surgieron
nacionalismos a ultranza, como el nacionalismo
fascista y el nacionalsocialismo alemán.
Por
esa misma época, se desplegó
por todo el mundo un movimiento antinacionalista,
con la bandera del comunismo internacional
y el slogan de “Proletarios de todo
el mundo: uníos”. En nuestro
tiempo hay también casos de hipertrofia
e inflación de nacionalismo, ligados
unas veces con poderes internacionales económicos,
y otras con apetencias de imperialismo.
h)
Chauvinismo. Esta palabra, derivada
del francés, designa un tipo extremo
y fanático de nacionalismo, con no
justificada xenofobia, como el que los franceses
achacaban a los bonapartistas y sus sucesores.
El chauvinismo supone una afirmación
exclusiva de los valores nacionales, y la
subvaloración sistemática
de las otras naciones, o, al menos, de las
que se considera que están por debajo
del desarrollo propio. Según Giorgio
Bianchi, por chauvinismo se designa una
actitud de exasperado y ciego patriotismo
que lleva a una continua polémica
negadora de los derechos de otros pueblos
y naciones. La palabra deriva del nombre
del soldado Nicolás Chauvin, valeroso
combatiente en las guerras napoleónicas,
famoso por una singular fidelidad al emperador,
que la mantuvo también durante la
Restauración, cuando ya el mito había
desaparecido. Su figura se hizo proverbial
como ejemplo de fanatismo patriótico
a ultranza. De allí nacieron caricaturas,
canciones, anécdotas chistosas y
hasta una comedia de los hermanos Cogniard.
El término que se usó inicialmente
en Francia, pasó luégo a otros
países y equivale al término
inglés de jingoísmo que hace
alusión a la diosa japonesa Jingo[8]
. Para Arnold J. Toynbee, el chauvinismo
es “una fuerza política que
disgrega a la raza humana en un número
cada vez mayor de unidades cada vez más
pequeñas”.
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