Socialismo y socialismos
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Logo Enrique Neira

 

 

     

Tanto la palabra "socialismo" como la palabra "democracia", están en la boca de todos y significan cosas muy diversas. Sobre socialismo se habla y se escribe ahora mucho. Y es de buena nota presentarse como socialista del siglo XXI. En América Latina se califica simplemente a gobiernos recientes de izquierda moderada y democrática (Uruguay, Panamá, Argentina, Brasil) como ‘socialistas’, sólo por el hecho de mezclar sus políticas económicas (a veces bastante neo-liberales) con un alto sentido de justicia social y equidad en la distribución de riquezas. En Venezuela hay todo un proceso revolucionario en marcha que ha comenzado a cobijarse bajo el rótulo de Socialismo siglo XXI. Es que hay algo en el concepto mismo de socialismo que lo recomienda como una forma de vida más acorde con la naturaleza igualitaria y social del hombre. Por eso grupos políticos, movimientos y regímenes quieren apropiarse de su nombre. Pero advertimos que no se puede hablar de socialismo sin calificativo. Hay que distinguir bien entre los valores del socialismo (ideal, utopía) y los varios intentos de realización a través de un sistema real socio económico y político, en los que hay muchos, diferentes y aun contrapuestos ejemplares.

 

Socialismo como ideal y como sistema

En primer lugar, hay que tomar conciencia de que generalmente, cuando se pondera al socialismo, se está hablando de un ideal utópico de una posible sociedad en la que existan perfecta igualdad y justicia para todos los ciudadanos, sin que haya privilegiados por su nacimiento, su dinero o su clase social. Son los valores del socialismo en referencia a una sociedad tal y como debería ser, y que todos anhelamos sinceramente. Estos valores socialistas -como dijo Pio XI- se aproximan mucho a los postulados sociales del cristianismo y ninguna persona sensata puede oponerse a ellos, sino más bien desearlos.

 

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Pero también hay que enfocar el socialismo como sistema, como intento concreto de encarnar históricamente los valores socialistas. En un primer momento, el sistema socialista implica racionalización y modernización del Estado. En un segundo momento implica la propuesta de que el Estado favorezca la propiedad colectiva o social, es decir, que sirva al bien de todos y no solamente al de unos pocos privilegiados. En un tercer momento el socialismo como sistema exige un tipo de organización socioeconómica de un país, basada en la propiedad colectiva de los medios de producción, por lo menos de los más importantes .

No podemos olvidar que, en cuanto sistema, el socialismo tiene un rostro múltiple. Son muy diferentes y aun contradictorias las varias experiencias de organización que se cobijan bajo el mismo rótulo de "socialistas".

Hay socialismos moderados que solo buscan una "organización racional" de la sociedad, haciendo que la propiedad sea social, es decir, que no pertenezca únicamente a un grupo de individuos o familias sino a toda la sociedad. Y hay socialismos extremos cuya base es la "colectivización total" de los medios de producción ( tierra, industria, banca, comercio..).

Hay socialismos democráticos que garantizan la libertad de las personas y los grupos, facilitan el debate público y permiten la activa participación política de los ciudadanos en el manejo de la cosa pública. Y hay socialismos totalitarios que aplastan derechos fundamentales del hombre, que no permiten elecciones populares ni discusión de los asuntos públicos, que todo lo imponen dentro de un autoritarismo absoluto.


Diversidad de sistemas socialistas

Combinando dos coordenadas o hipótesis o factores fundamentales, como son el factor económico y el factor polìtico, podemos vislumbrar diferentes tipos de socialismo según se combine en ellos la democracia políìica (con pluralismo) o la no–democracia (partido único) con la colectivización parcial o total de los medios de producción en manos del Estado.

El socialismo como sistema de organización política y socioeconómica se presenta, así, dividido en dos grandes corrientes, a las que se puede añadir un grupo tercermundista muy variado de experiencias socializantes o comunitarias[1]:

 

1) El socialismo marxista-leninista, conocido como comunismo.

Fue el socialismo extremo y totalitario de la Unión Soviética y sus satélites del bloque Oriental, lo mismo que el impuesto en la China, Mongolia, Corea del Norte, Vietnam, Laos. Cambodia, Cuba, Albania y Yugoslavia. Es la forma más radical de socialismo. Afirma la lucha de clases, la dictadura del proletariado y la concentración de casi todo el poder en manos de un partido único y bien organizado, que se supone es la vanguardia de la revolución. El comunismo es dogmático en su intento de acabar con la propiedad privada y nacionalizar todos los medios de producción, como primeros pasos hacia una futura sociedad sin clases.

Hubo algunos intentos fallidos de limarle las aristas a este socialismo totalitario, para darle un rostro humano y permitirles a los ciudadanos cierto juego de libertad y participación política. Tal el intento de la llamada "Primavera de Praga", aplastada por los tanques soviéticos en agosto de 1968. Tal el intento de la llamada "autogestión" obrera de los medios de producción de Yugoslavia. Tal el intento parlamentario de Allende de implantar en Chile un socialismo típico, sin partido único, sin dictadura del proletariado y garantizando la propiedad privada de bastantes empresas. Intento que tuvo un final abrupto en septiembre de 1973 con el golpe de Pinochet. Han sido más exitosos los intentos de los obreros del sindicato Solidaridad en la actual Polonia y las profundas reformas constitucionales adoptadas en 1990 por antiguos países comunistas como Hungría, República Checa, Eslovenia, Alemania Oriental, Bulgaria.


Valoración

No se puede negar que este tipo de socialismo logra buenas realizaciones en los campos económico y social: industria pesada, empleo para todos, buena cobertura de educación y salud para la población. Pero junto a ello, se han evidenciado inocultables fallas.

• Desde el punto de vista económico, estos sistemas colectivistas forzados tienen permanentes fracasos en la agricultura, el artesanado, la pequeña y mediana industria, el comercio y la vivienda.

• Desde el punto de vista político, estos sistemas constituyen un poder absoluto de dominación, controlado por el partido y con un aparato tremendo de represión policial. No hay libertad de asociación, de expresión, de desplazamiento. El disentir de la línea impuesta por el partido se paga con trabajos forzados, con prisiones o clínicas psiquiátricas. La existencia de archipiélagos Gulag no es un accidente sino el modo propio de estos socialismos burocráticos y autoritarios. Uno de los nuevos filósofos de izquierda francesa ha dicho: "Entre la barbarie del capitalismo, que se censura a sí mismo en todo momento, y la barbarie del socialismo, que nunca se censura, me decido por el capitalismo" ( B-H. Lévy).

• Desde el punto de vista religioso, estos sistemas trataron de imponer el ateísmo desde el gobierno y recortar al máximo las libertades religiosas, de modo que apenas les quedara aire para respirar a la Iglesia y a las demás confesiones religiosas.

Todo esto hace pensar que no es fácil instaurar un socialismo de rostro humano mientras se mantenga un apego total a la ortodoxia marxista-leninista. El stalinismo, más que ser una aberración, es una consecuencia. El archipiélago Gulag, con sus islas de exterminio, no es un accidente en este tipo de socialismo rígido y autocrático.

"Así como los errores que detectó Copérnico llevaron a cambiar el sistema estelar tal como lo había trazado Ptolomeo, así los errores grandes del sistema socialista marxista-leninista imponen una revisión dolorosa del mismo sistema", con sinceridad y oportunamente el marxista francés Roger Garaudy[2]. Las islas de felicidad como Cuba no son tales. De los verdaderos paraísos no suele la gente escaparse con el riesgo de ser devorados por los tiburones o fusilados por el régimen.

 

2) La social democracia

Es una forma más liberal de socialismo. Este tipo de socialismo moderado y democrático, solo o en coaliciones, controló por varios años los gobiernos de Alemania Occidental, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo, Noruega, Holanda, Senegal y, desde mayo de 1981 hasta 1995, el gobierno de Francia. Puede decirse que fue también el régimen del Partido Socialista Obrero de España. En Suecia dominó durante 44 años. Este tipo de sistema socialista rechaza, desde Bad Godesberg (1959), los dogmas del marxismo-leninismo. Su propósito es integrar las ventajas del socialismo con las de la democracia. Admite el pluralismo democrático. Rechaza el Estado omnipotente y la dictadura del proletariado. Renuncia a la colectivización a la fuerza y acepta un sistema mixto en el cual también hay propiedad privada de algunos medios de producción. No hay un partido único sino que se admiten otros partidos autónomos. Admite que en unas elecciones populares se pueda llegar a perder el poder, como ocurrió en Suecia en 1976, después de tener 44 años el gobierno, y como ocurrió en España tras el gobierno socialista moderado de Felipe González.


Valoración

Estos socialismos democráticos del mundo libre presentan sus ventajas. Han logrado buen desarrollo económico, con respeto de las libertades fundamentales. Hay justicia social y a la vez libre juego democrático. Hay una economía socializada (que sirve al interés general y no a los intereses de unos pocos), pero con rostro humano (economía que no aplasta a los individuos).

Sin embargo, no puede olvidarse que en todo sistema socialista se corre el riesgo de un agigantamiento exagerado del poder central, que fácilmente se vuelve un pulpo devorador de personas y de grupos intermedios. Dijo con razón el líder socialista de India, Asoka Mehta, que el socialismo es una atractiva meta, pero la concentración de poder es tan peligrosa como la concentración de capital. Tampoco puede olvidarse el peligro de elefantiasis de la burocracia oficial, con malgasto de los dineros públicos e ineficiencia administrativa. En general, el Estado es mal administrador. Los sectores socializados y oficiales suelen recargarse de burocracia y funcionar negligentemente.

Hace 25 años se hablaba, con frases laudatorias, de la Europa de los siete socialistas[3]:

• En Portugal, Mario Soares, secretario general del partido socialista, volvió a ocupar el 9 de Junio de 1983 el palacio de Sao Bento, como jefe de gobierno. Ya lo había hecho anteriormente por dos ocasiones: después de la Revolución en abril de 1974, y luégo presidiendo un "gobierno minoritario" de julio de 1976 a diciembre de 1977. En Lisboa se dice popularmente que "Mario es un socialista creyente pero no practicante...". Posteriormente perdió como primer ministro las elecciones frente a un candidato de derechas, pero ganó el nombramiento de Presidente.

• En Austria, Fred Sinowatz sucedió desde el 17 de mayo de 1983 como primer ministro, al célebre socialista Bruno Kreisky (falllecido en 1990). En este país de solo seis millones de habitantes, el socialismo democrático está ya bien aclimatado.


• En España, Felipe González preside los destinos políticos desde octubre de 1982, dentro de un socialismo poco ideológico y muy pragmático. Su autoridad personal como líder se impuso en el Congreso del PSOE ( partido socialista obrero español) en 1979 , en el que se suprimió del partido toda referencia al marxismo-leninismo.

• En Suecia, Olof Palme, el 19 de septiembre de 1982, volvió al poder después de seis años, durante los que gobernó el partido conservador. Fue asesinado en 1986. El socialismo en libertad y con rostro humano, de pequeñas pero constantes reformas, ha funcionado bien en este país escandinavo.


• En Grecia, Andreas Papandreu, de avanzada edad, logró mantenerse en el poder desde octubre de 1981 hasta 1990, cuando cayó por sonados casos de corrupción administrativa y escándalo marital. Durante siete años hizo de PASOK (movimiento socialista panhelénico) el primer partido del país. Y con 172 diputados sobre 300, controló la Asamblea Nacional de Grecia.

• En Francia Francois Miterrand, por 14 años gobernó como presidente constitucional el Estado francés. Apoyado por una coalición de partidos de izquierda, entre ellos el partido comunista francés, gana las elecciones en mayo de 1981. Por puro pragmatismo hace a un lado las políticas socialistas (estatización de la banca y de empresas, elevado gasto público, alza de salarios, ampliación de los seguros sociales..) y aplica políticas económicas conservadoras. Gana una segunda elección en 1988, con votos del centro-izquierda y gobierna como presidente otros 7 años, cuando lo sucede Jacques Chirac, presidente de centro–derecha.


Hoy se recomiendan las experiencias de la llamada "tercera vía", intermedia entre la experiencia social–demócrata y la neo–liberal capitalista.


3) El socialismo idealizado del Tercer Mundo

Abraza sistemas muy diferentes de nuevos Estados africanos y asiáticos. Estos solo se parecen entre sí por una fuerte afirmación de nacionalismo y por su deseo de distanciarse de los dos bloques que dominaban el mundo, el del capitalismo y el del comunismo. Tal el socialismo musulmán de Argelia y Libia, el de Siria e Iraq, el "ujamáa" de Tanzania. Y pueden quizás asimilarse a ellos las experiencias fracasadas de cooperativismo en Guyana (Burham), y de un social-nacionalismo en Perú (Velasco Alvarado).


[1] Utilizamos páginas de Bartolomé Sorge (1976): La opción política del cristiano, Madrid Biblioteca de Autores Cristianos.

[2] Roger Garaudy (1974): Riconquista della speranza, Torino SEI.

[3] Semanario (1983): Le Nouvel Observateur, Paris 12 aôut, p. 34-35.