IZQUIERDA
EN CRISIS
La izquierda, casi toda ella de inspiración
marxista, ha hecho crisis en Europa y
en Latinoamérica. El mexicano Jorge
Castañeda en su libro La utopía
desarmada (1994) ha recogido prácticamente
la historia de todas las izquierdas del
continente desde 1948, con sus varias
personalidades, ideales revolucionarios,
conflictos, triunfos y muchos fracasos.
Es una historia aleccionadora para todos.
Para los revolucionarios de nuevo cuño,
para los políticos, para los analistas.
POR
UNA IZQUIERDA VIABLE Y DIFERENTE
Así titulé un artículo
publicado en el último número
12 de la Revista Venezolana de Ciencia
Política, que hemos incluido atrás
como número 1. El trabajo tiende
a mostrar que como tendencia, la izquierda
tiene un gran futuro, en nuestros países.
Pero tiene que ser -al mismo tiempo- viable
y diferente. Si no es diferente a la izquierda
de años anteriores y no es, en
alguna forma, diferente al neocapitalismo
liberal, no va a pegar en nuestros ambientes
tan golpeados por las medidas macroeconómicas
de cuño liberal. Pero si es demasiado
diferente, no va a ser viable, y entonces
tampoco va a pegar. La izquierda tiene
que fijarse nuevas metas y aprender nuevas
tácticas.
1.
Primero, debe reconocer que la revolución
ya no es la opción. El bloque oriental,
liderado por la Unión Soviética
ha muerto. El régimen de Castro
perdió su cordón umbilical
con Moscú y apenas sobrevive, gracias
al aire que le dió el Papa, frente
a las amenazas de Estados Unidos y de
los cubanos americanizados. Los sandinistas
han perdido, por dos ocasiones consecutivas,
las elecciones de su país. Sendero
Luminoso y el Movimiento Tupac Amaru en
Perú están prácticamente
liquidados por el régimen de Fujimori.
A la muy legendaria guerrilla izquierdista
en Colombia le está pasando su
"hora". Ha demostrado en casi
50 años su inutilidad y fracaso.
Ni ha sido protagonista del cambio: no
ha tomado el poder ni ha hecho la revolución.
Ni ha servido de catalizador de la reforma
del sistema. Por el contrario, desaprovechó
los espacios políticos que le abrió
el sistema en la reforma constitucional
de 1991 y con su accionar armado- terrorista
no ha hecho sino dar pretextos a todos
los 8 últimos gobiernos republicanos
para hacerse represivos. No se ve en la
actual sociedad latinoamericana movimiento
alguno que esté dispuesto a embarcarse
en otro experimento de un "socialismo
real", mala copia del que comenzó
a derrumbarse por el mundo en 1989. Y
menos aún, hay apoyo de opinión
pública para intentar un proyecto
socialista a través de la metodología
'de violencia armada. Es algo que hoy
resulta anacrónico y fuera de tiesto.
2.
Segundo, la izquierda debe dejar su desdén
por el reformismo y debe propender por
que las democracias (antiguas y jóvenes)
del hemisferio sean eso: democráticas.
"Democratizar la democracia"
es la única opción real
de la izquierda.
3.
Y tercero, aunque a la izquierda no tenga
por qué gustarle el capitalismo,
tiene que reconocer con realismo que lo
que está hoy vigente en todo el
mundo (también en China comunista)
es algún tipo de capitalismo y
de mercado. La izquierda, sin renegar
de ser izquierda, debe apuntarse a las
políticas que conduzcan a un crecimiento
económico sostenido. Y, a la vez,
y esto es lo suyo propio, debe abogar
por la justicia social y la equidad dentro
de ese modelo económico.
LA NUEVA POLITICA DE IZQUIERDA
Tiene, en consecuencia, que estar ahora
más cerca de los "emprendedores"
(entrepreneurs) que de los empresarios.
Es la propuesta reciente que Fernando
Flores hace en el foro abierto por El
País de Madrid sobre el tema: "La
izquierda del futuro". Flores tiene
buenas credenciales izquierdistas: fue
ministro de Economía en Chile,
con Salvador Allende y en la actualidad
preside Business Design Associates. A
su juicio, Henry Ford antes que empresario
fue emprendedor modelo, que produjo cambios,
a diferentes escalas, en los hábitos
de la sociedad de su entorno. Creó
masivamente autos baratos y duraderos,
a unos precios que pudieran pagar sus
propios trabajadores, a los que mejoró
sus retribuciones. Con su innovación,
las ciudades pasaron a ser centros de
trabajo y comercio, mientras una buena
parte de la población se desplazó
a residir en las afueras. Los grandes
desplazamientos se hicieron normales.
Desde
Adam Smith, el mismo liberalismo ha sabido
distinguir entre los empresarios competitivos
y los empresarios monopólicos (simples
rentistas del capital, que pretenden obtener
su beneficio obstaculizando la competencia
y apalancándose en favores y privilegios
que arrancan al poder político
de turno). Dado que las oportunidades
de empujar el cambio crecen en el mundo
actual, un político de izquierda
debe hoy estar más cerca de los
verdaderos emprendedores, de quienes invierten
arriesgando sus capitales (estilo Ford,
estilo Netscape, estilo Palm), de quienes
buscan crear comunidades con métodos
innovativos. Y no reducirse a buscar cómo
limitan más las ganancias del capital,
cómo aumentan los impuestos para
mantener funcionando un cierto Estado
de Bienestar (el Estado hacedor y distribuidor
de riqueza), cómo levantan banderas
demagógicas. Por este camino, la
derecha impetuosa (la de un José
María Aznar que promete a los españoles
reducir los impuestos) acaba por enloquecer
la brújula de un Almunia (Izquierda
Unida española) y de otros izquierdistas
de todo el mundo.
23
marzo 1998