La Izquierda busca nuevo rumbo
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Logo Enrique Neira

 

 

     

"Queremos vino nuevo en odres nuevos", fue una de las pancartas que jóvenes comunistas enarbolaron en la Alexander Platz de Berlín Oriental en las jornadas memorables de noviembre de 1989, que echaron por tierra el muro de Berlín.

IZQUIERDA

Aunque los términos "derecha" e "izquierda" tienen un significado originalmente espacial, poco aplicable a ideas, valores y comportamientos, sin embargo, la palabra se ha constituido en un símbolo de corriente uso en nuestro siglo. Con el correr del tiempo, la izquierda comienza a ligarse con el movimiento, la aceleración de la historia, el cambio, el adelanto; y la derecha se identifica con la estabilidad, la seguridad, la tradición, la continuidad. Desde cuando se eligieron los primeros parlamentos europeos, los representantes más conservadores y prudentes resolvieron colocarse a la derecha de la presidencia, y los más impacientes y revoltosos a la izquierda. Hasta hace unos años, podía aceptarse con Laponce que "a la derecha encontramos lo religioso (lo sacro es esencialmente estable); a la izquierda, lo secular y lo cambiante. A la derecha, dominación; a la izquierda, reto y oposición". Y podemos definir con Lipset "izquierda el cambio social en la dirección de mayor igualdad (política, económica o social); derecha lo que apoya un orden social tradicional (más o menos jerárquico) y se opone al cambio hacia mayor igualdad".

 

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IZQUIERDA EN CRISIS

La izquierda, casi toda ella de inspiración marxista, ha hecho crisis en Europa y en Latinoamérica. El mexicano Jorge Castañeda en su libro La utopía desarmada (1994) ha recogido prácticamente la historia de todas las izquierdas del continente desde 1948, con sus varias personalidades, ideales revolucionarios, conflictos, triunfos y muchos fracasos. Es una historia aleccionadora para todos. Para los revolucionarios de nuevo cuño, para los políticos, para los analistas.

POR UNA IZQUIERDA VIABLE Y DIFERENTE

Así titulé un artículo publicado en el último número 12 de la Revista Venezolana de Ciencia Política, que hemos incluido atrás como número 1. El trabajo tiende a mostrar que como tendencia, la izquierda tiene un gran futuro, en nuestros países. Pero tiene que ser -al mismo tiempo- viable y diferente. Si no es diferente a la izquierda de años anteriores y no es, en alguna forma, diferente al neocapitalismo liberal, no va a pegar en nuestros ambientes tan golpeados por las medidas macroeconómicas de cuño liberal. Pero si es demasiado diferente, no va a ser viable, y entonces tampoco va a pegar. La izquierda tiene que fijarse nuevas metas y aprender nuevas tácticas.

1. Primero, debe reconocer que la revolución ya no es la opción. El bloque oriental, liderado por la Unión Soviética ha muerto. El régimen de Castro perdió su cordón umbilical con Moscú y apenas sobrevive, gracias al aire que le dió el Papa, frente a las amenazas de Estados Unidos y de los cubanos americanizados. Los sandinistas han perdido, por dos ocasiones consecutivas, las elecciones de su país. Sendero Luminoso y el Movimiento Tupac Amaru en Perú están prácticamente liquidados por el régimen de Fujimori. A la muy legendaria guerrilla izquierdista en Colombia le está pasando su "hora". Ha demostrado en casi 50 años su inutilidad y fracaso. Ni ha sido protagonista del cambio: no ha tomado el poder ni ha hecho la revolución. Ni ha servido de catalizador de la reforma del sistema. Por el contrario, desaprovechó los espacios políticos que le abrió el sistema en la reforma constitucional de 1991 y con su accionar armado- terrorista no ha hecho sino dar pretextos a todos los 8 últimos gobiernos republicanos para hacerse represivos. No se ve en la actual sociedad latinoamericana movimiento alguno que esté dispuesto a embarcarse en otro experimento de un "socialismo real", mala copia del que comenzó a derrumbarse por el mundo en 1989. Y menos aún, hay apoyo de opinión pública para intentar un proyecto socialista a través de la metodología 'de violencia armada. Es algo que hoy resulta anacrónico y fuera de tiesto.

2. Segundo, la izquierda debe dejar su desdén por el reformismo y debe propender por que las democracias (antiguas y jóvenes) del hemisferio sean eso: democráticas. "Democratizar la democracia" es la única opción real de la izquierda.

3. Y tercero, aunque a la izquierda no tenga por qué gustarle el capitalismo, tiene que reconocer con realismo que lo que está hoy vigente en todo el mundo (también en China comunista) es algún tipo de capitalismo y de mercado. La izquierda, sin renegar de ser izquierda, debe apuntarse a las políticas que conduzcan a un crecimiento económico sostenido. Y, a la vez, y esto es lo suyo propio, debe abogar por la justicia social y la equidad dentro de ese modelo económico.


LA NUEVA POLITICA DE IZQUIERDA

Tiene, en consecuencia, que estar ahora más cerca de los "emprendedores" (entrepreneurs) que de los empresarios. Es la propuesta reciente que Fernando Flores hace en el foro abierto por El País de Madrid sobre el tema: "La izquierda del futuro". Flores tiene buenas credenciales izquierdistas: fue ministro de Economía en Chile, con Salvador Allende y en la actualidad preside Business Design Associates. A su juicio, Henry Ford antes que empresario fue emprendedor modelo, que produjo cambios, a diferentes escalas, en los hábitos de la sociedad de su entorno. Creó masivamente autos baratos y duraderos, a unos precios que pudieran pagar sus propios trabajadores, a los que mejoró sus retribuciones. Con su innovación, las ciudades pasaron a ser centros de trabajo y comercio, mientras una buena parte de la población se desplazó a residir en las afueras. Los grandes desplazamientos se hicieron normales.

Desde Adam Smith, el mismo liberalismo ha sabido distinguir entre los empresarios competitivos y los empresarios monopólicos (simples rentistas del capital, que pretenden obtener su beneficio obstaculizando la competencia y apalancándose en favores y privilegios que arrancan al poder político de turno). Dado que las oportunidades de empujar el cambio crecen en el mundo actual, un político de izquierda debe hoy estar más cerca de los verdaderos emprendedores, de quienes invierten arriesgando sus capitales (estilo Ford, estilo Netscape, estilo Palm), de quienes buscan crear comunidades con métodos innovativos. Y no reducirse a buscar cómo limitan más las ganancias del capital, cómo aumentan los impuestos para mantener funcionando un cierto Estado de Bienestar (el Estado hacedor y distribuidor de riqueza), cómo levantan banderas demagógicas. Por este camino, la derecha impetuosa (la de un José María Aznar que promete a los españoles reducir los impuestos) acaba por enloquecer la brújula de un Almunia (Izquierda Unida española) y de otros izquierdistas de todo el mundo.

23 marzo 1998