|
|
| |
| |
| |
|
|
La
humanidad siempre ha suspirado por un
futuro mejor. El mito del Paraíso
terrenal expresa, en muchas culturas,
un anhelo vivo del grupo zoológico
humano. Bajo diferentes esquemas, las
sociedades, a lo largo de la historia,
esperan una Ciudad Ideal [1].
Como lo ha expresado bien Uslar Pietri
a propósito del valioso y casi
exhaustivo estudio de Isaac Pardo [2],
"la historia de la humanidad es fundamentalmente
el recuento de la inconformidad del hombre
con su condición"[3].
Siempre ha estado persiguiendo la Utopía,
es decir, buscando la felicidad para unos
pocos o para todos. Mitos antiguos, creencias
religiosas, especulaciones de grandes
filósofos y oscuros acontecimientos
históricos a lo largo de 25 siglos
de civilización occidental muestran
que el hombre sigue buscando ese lugar
que no existe, pero que es invitación
a crearlo a través de una transformación
de la sociedad.
Un gran pensador alemán marxista,
Ernst Bloch, elaboró no hace mucho
un impresionante sistema filosófico
desde un epicentro utópico. Este
es el motor de la historia. "Es el
punto de contacto entre el sueño
y la vida". Sin él, "el
sueño sólo produce utopía
abstracta, la vida sólo trivialidad".
"Es la función utópica
la que arroja al hombre del perezoso camastro
de la contemplación, la que le
abre los ojos a cimas realmente escalables
y endereza su perspectiva, sin deformaciones
ideológicas, al contenido objetivo
de la esperanza humana"[4].
|
|
Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
Biografia
del autor
CV, trayectoria, principales
obras y publicaciones y personajes
de la historia que lo han
inspirado
Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy. |
|
|
| |
Utilizando una metáfora exitosa
en la filosofía marxista, Bloch
considera que hay que parar sobre sus
pies (como lo hizo Marx con Hegel) la
capacidad utópica de la humanidad.
El término utopía para el
pensamiento marxista precedente estaba
desacreditado como algo meramente desiderativo,
inconcreto, inconsistente para devenir
realidad.
Bloch reivindica al interior de la tradición
marxista un espacio central para la utopía.
Pero distingue bien entre los "sueños
nocturnos "(las utopías de
carácter abstracto, ensoñaciones
ineficaces, ilusiones imposibles) y los
que llama "sueños diurnos
".
Entre estos hay un primer grupo de sueños
triviales y cotidianos, correspondientes
a las 4 edades de la vida (kleine tagtrume).
Y hay un segundo grupo de imágenes
desiderativas reflejadas en el espejo
burgués o en el del pueblo (Wunschbilder
im Spiegel). Pero es el tercer grupo el
que le merece especial atención:
son las visiones desiderativas o proyectos
de un mundo mejor (Grundrisse einer besseren
Welt). Aquí se expresa la utopía
concreta. Es utopía porque su objeto
es aún inexistente, inalcanzado.
Pero es concreta porque el análisis
complejo de sus condiciones de existencia
y la movilización de los sujetos
para su cumplimiento, permiten afirmarla
como posibilidad real. Es utopía,
porque aquello a lo que se aspira no existe
en ninguna parte. Y es concreta, porque
el análisis detecta su factibilidad
. En su voluminosa obra, Bloch inquiere
desde la posibilidad ontológica
de la utopía hasta las condiciones
políticas de su realización.
Una original tarea filosófica le
permite construir lo que Él denomina
un sistema abierto. A él añade
una muy erudita y prolija reflexión
histórica, cultural y literaria
que lo lleva a indagar en las grandes
utopías sociales. Tomadas en conjunto,
descubre en ellas un común denominador,
un hiloconductor: "las utopías
tienen su itinerario"[5].
Aun siendo muy distintas unas de otras,
las utopías sociales obedecen a
la tendencia del hombre a superar cualquier
peldaño social. Su característica
principal consiste en la búsqueda
del estado social perfecto [6].
Bloch se detiene, de modo especial, en
la consideración de las siguientes
utopías. El "Estado universal
internacional" de Zenón, el
estoico [7]. El
comunismo de la caridad del primitivo
Cristianismo [8].
La utopía De Civitate Dei de San
Agustín, en la que todos los hombres
podemos considerarnos hermanos, aun cuando
no todos crean en el mismo Padre [9].
El "tercer reino" (reino del
espíritu) de Joaquín de
Fiore, que a diferencia de la "ciudad
de Dios", se concibe como algo inmanente,
que tiene lugar en un futuro histórico.
Para Bloch, equivocadamente, el contenido
de esta utopía había comenzado
a verificarse en la URSS [10].
La Nueva Isla Utopía de Tomás
Moro que es la gran utopía de la
libertad social, "algo no llegado
a ser terrenamente, sino proyectado en
la tendencia humana a la libertad: un
mínimo en trabajo y un máximo
en alegría" [11].
Tres características presenta esta
isla maravillosa e imaginaria:
* la práctica abolición
del Estado,
* la supresión de la propiedad
privada conducente a una hermandad más
perfecta, y
* la tolerancia religiosa.
La "Ciudad del Sol" de Campanella
es, en cambio, la utopía del orden
social. Se insinúa ya la propuesta
de un socialismo de Estado, que va a ser
retomada más tarde por Saint-Simon,
y en parte también por el materialismo
dialéctico [12].
Otras utopías sociales nos fueron
ofrecidas en el siglo XIX [13].
Unas de corte federativo, como las de
Owen y Fourier. Otras de corte centralista,
como las de Cabet y Saint-Simon. Otras
de corte individualista y anarquista,
como las de Stirner, Bakunin y Proudhon.
La propuesta de este último es
cáusticamente ironizada por Bloch
como "dictadura de la mediocridad".
Al hacer un balance de las utopías
sociales anteriores, Bloch encuentra que
hay en ellas separación absoluta
entre sentimiento y razón. Por
un lado, el corazón condena el
sistema capitalista y desea el advenimiento
de la justicia. Por otro lado, la razón
busca construir un mundo mejor. Pero las
utopías decimonónicas fueron
fantasías políticas ahistóricas,
adialécticas y estáticas[14].
No hacían sino preludiar la verdadera
"utopía concreta" de
Marx. La criba crítica aventa de
ellas "el diletantismo y la paja,
pues el grano se ha marchado con el marxismo"
[15]. Para curar
el mal social, las otras utopías
utilizan el exorcismo, la magia, la aspirina.
Solamente el marxismo puede aplicar la
vacuna para suscitar las autodefensas
necesarias.
|
| |
[1]
Véase R. Muchielli, Le mythe de la
cité ideale, Paris, P.U.F., 1960.
[2]
Isaac J. Pardo, Fuegos bajo el agua. La
invención de Utopía, Caracas
1983. Vuelto a editar por la Biblioteca
Ayacucho 1991.
[3]
A.
Uslar Pietri, "Don y maldición
de la Utopía", El Nacional,
Caracas, 21 julio 1991, p. A/4.
[4]
E. Bloch, Das Prinzip Hoffnung, Frankfurt
am Mein 1959, p. 177ss. En adelante lo citaremos
PH. Existe la traducción española
El principio esperanza, Madrid, Aguilar
1977-1980, 3 tomos.
[5]
PH 155.
[6]
PH 555-556.
[7]
PH 569-575.
[8]
PH 575-582.
[9] PH 582-590.
[10]
PH 590-598.
[11]
PH 598-607.
[12] PH 607-614.
[13]PH
647-670. Consúltese además
a G.H.D. COLE, Historia del pensamiento
socialista, México, Fondo de Cultura
Económica 1962, Tomo Iº.
[14] PH 675. 29.
[15] PH 720.
|
|
| |
|
|