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América
Latina sigue imbuída de un sentimiento
popular religioso y signada todavía
por un cristianismo que permea todas sus
capas sociales. Y sigue siendo un subcontinente
empobrecido y, quizás por lo mismo,
especialmente sensible a las aspiraciones
mesiánicas. Cottier considera que
la experiencia de la miseria, cuando adquiere
intensidad dramática, favorece
un despertar de la utopía, la cual
alimenta, a su vez, una ideología.
Y ambas sostienen la esperanza en una
lucha denodada contra la desesperanza[1].
Este mecanismo psicosocial e ideológico
ayudaría a explicar por qué
Iberoamérica es terreno abonado
para nutrir mesianismos políticos,
con una alta dosis de utopía e
ideología. Ubicada en la geografía
del hambre y del subdesarrollo, por este
camino trata de enfrentar la esclavitud
con la liberación, el hambre con
la hartura, la desesperanza con la esperanza.
En nuestros países, cuando ciertas
generosas utopías se vuelcan sobre
los agudos problemas sociales, adquieren
pronto un tono mesiánico. Un pensador
europeo -pero buen conocedor de varios
países latinoamericanos y traductor
de cierta teología de la revolución-,
llega a sentenciar: "En Iberoamérica,
hasta el marxismo se vive como un mesianismo
.
A fortiori, los movimientos políticos
de inspiración cristiana ! "[2].
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Análisis
& Opinión
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Pues
bien, en los últimos 25 años
-recogiendo el amplio reclamo de las masas
por la justicia social y configurando
una avanzada de pensamiento cristiano
progresista- tanto el movimiento Cristianos
por el Socialismo como las varias corrientes
expresadas a través del cauce común
de Teología de la Liberación
constituyeron un intento de un mesianismo
político, de una ideología
y utopía de inspiración
cristiana, como respuesta a los grandes
desafíos de Latinoamérica.
Con un poco no más de reconversión
sincera y de reformulación teórico-práxica[3]
hay allí elementos compaginables
y enriquecedores para una nueva Izquierda
en América Latina. Los sugerimos
apenas.
1) Se puede partir de una opción
previa de fuerte cambio , que no da espera,
dadas las grandes injusticias y el clamor
masivo de los sectores populares de la
población. La Segunda Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano,
reunida en Medellín (1968) parte
de la comprobación de una situación
de miseria, como hecho colectivo, que
constituye una situación de injusticia
que clama a los cielos[4].
La Iglesia hace una lectura teológica
de esta realidad latinoamericana, en clave
de denuncia ético-profética
y avanza un proyecto de evangelización
liberadora para toda América Latina.
Esto da base legítima a transformaciones
estructurales de la sociedad y a movimientos
liberadores y compromisos sociopolíticos
de nuevo cuño revolucionario.
La Tercera Conferencia General del Episcopado
reunida en Puebla (1979) mantiene el compromiso
social político de los cristianos
y adopta como política la opción
preferencia " por los pobres",
en actitud de servicio para colaborar
en su autopromoción. Y en las pasadas
IV Conferencia y V General del Episcopado
Latinoamericano (Santo Domingo,1992 y
Aparecida, 2007), aunque se privilegia
el enfoque de lo que se llama "inculturación
evangélica", se mantiene la
opción por los pobres, que es la
que debe iluminar en la práctica
la acción evangelizadora. Sigue,
así, autorizada eclesialmente la
acción sociopolítica para
los cristianos de izquierda, pero se los
previene acerca de los riesgos y equivocaciones
en que pudiera volver a incurrirse por
influjos ideológicos modernos,
ya sea de derecha (ideología militarista)
o de izquierda (ideología revolucionaria
marxista-leninista).
2) La opción izquierdista de los
cristianos los puede llevar a asumir el
análisis marxista purificado. Ni
la fe cristiana como tal ni las interpretaciones
teológicas que se hacen de los
datos de fe, poseen instrumentos confiables
de análisis de lo social. Hay que
buscarlos, por lo mismo, donde ellos supuestamente
se encuentran mejor elaborados. La fe
cristiana vehicula una utopía humanista,
produce motivaciones religiosas generosas
a favor de los pobres, puede aportar valiosas
energías a la lucha política
en favor de la causa. Pero no posee, de
suyo, ni una racionalidad científica
ni un modelo de acción política.
Es normal entonces que grupos profundamente
cristianos, en su afán por construir
efectivamente una "utopía
concreta", echen mano de la presunta
racionalidad científica del marxismo,
de un modelo socialista de organización
humana y de algunas de las estrategias
y tácticas concretas válidas
en acción política.
3) Dicho análisis de izquierda
debe develar el componente político
y opresor de las actuales sociedades burguesas
neoliberales en construcción y
hacer una fuerte denuncia y crítica
de este fenómeno.
4) El nuevo cristiano de izquierda que
no quiere renunciar ni a su adhesión
religiosa a la Iglesia ni a su compromiso
político con los pobres, asumiría
entonces una opción (dialéctica
e inevitablemente conflictual) de un "cambio
radical" por la justicia social.
5) Esta opción -desde el punto
de vista político- se definiría
a favor de una metodología de lucha
efectiva social y política, dentro
de un juego democrático, buscando
la instauración de un nuevo orden.
6) Esta opción -desde el punto
de vista teológico- se definiría
en los términos en que lo hace
el Episcopado latinoamericano y la Docrina
Social de la Iglesia, como la búsqueda
-desde los referentes de la Fe cristiana
(Dios-Cristo-Hombre)- de una JUSTICIA
(socialismo) y de una PARTICIPACION (democracia)
en el continente.
Conclusión
Hacia una nueva ideología
política de izquierda
América Latina persiste en ser
un continente empobrecido y a la vez religioso.
Es, por lo mismo, sensible a mesianismos
con variada mezcla de utopía e
ideología. Y no se excluye un fuerte
rebrote de milenarismo y quialismo. Tenemos
derecho a preguntarnos: ¿Qué
ideología motorizará en
adelante las esperanzas de América
Latina ? ¿Habrá todavía
espacio para algún tipo de revolución
frente al empobrecimiento creciente de
los sectores populares por las políticas
aplicadas ahora por el neoliberalismo
y globalización capitalista ? ¿Cuál
será el alma matinal que nos despierte
para el nuevo siglo? Cualquiera que ella
sea, parece tendrá que ser una
mezcla dosificada de análisis crítico
del ahora y caracterización del
futuro, de cientismo y mesianismo, de
utopía concreta y esperanza cristiana.
El nuevo proceso liberador signado de
izquierda debe ser el resultado de una
conjunción dinámica y cálida
de "marxismo reformado" y "cristianismo
enfervorizado". Ambos deben conducir
un ascenso desde el Infierno al Empíreo
que vaya desde el análisis de nuestra
miseria dramática, pasando por
una utopía concreta con elementos
mesiánicos, y que desemboque en
una ideología política capaz
de orientar efectivas acciones transformadoras.
Tal el recorrido metodológico,
hace años entrevisto con clarividencia
por Jeanne Hersch en un estudio que conserva
actualidad para nuestra América[5].
La autora analiza ciertas estructuras
de comportamiento social y de pensamiento
que favorecieron, hace años, la
aparición de formas de socialismo
utópico en Europa y más
particularmente en Francia. Inmediatamente
se advierten analogías entre la
situación de entonces con sus comportamientos
y la situación y comportamientos
actuales en la mayoría de nuestros
países.
Hersch describe, como punto de partida,
la situación atroz que vivían
los obreros. Hace luégo el análisis
de los factores de los que esta miseria
deriva: mecanismo capitalista de la plusvalía
y de la ganancia, conflicto de intereses,
luchas de clases. Esboza, en seguida,
por contraste, la descripción de
una sociedad ideal, de la que se eliminarían
los dos grandes flagelos: la miseria y
la violencia. E insinúa la teoría
del "determinismo histórico"
que habrá de concretar, mediante
un mecanismo de "sólida esperanza",
los dos términos en tensión,
a saber, la situación real y la
sociedad utópica.
Son, pues, cuatro los componentes que
deberían llevar de la experiencia
de una miseria dramática a la adopción
de una utopía y una ideología,
capaces de sostener un esperanza de lucha
social. Son ellos:
a) la descripción de la situación
real de miseria y explotación;
b) el análisis o búsqueda
científica de las causas de dicha
situación;
c) la idea de la sociedad utópica,
es decir, el elemento mesiánico;
d) una ideología política,
que da a la esperanza un sustentamiento
subjetivo y confiere al mesianismo una
cierta racionalidad explicativa y orientadora.
Esta ideología de izquierda hay
que reelaborarla con elementos válidos
pero revisados de tipo teórico
y fundamentando una praxis más
acorde con el neocapitalismo actual, las
coyunturas socioeconómicas y los
factores políticos que hoy entran
en juego en América Latina.
En nuestro continente, "revolución
" y "mesianismo " tienen
que incluirse mutuamente. El cambio radical
social y económico que requieren
nuestros países no se dará
sin ir de la mano de un cambio cultural
radical, que es un mesianismo. Utopía
concreta y mesianismo religioso, ciencia
postmarxista y esperanza cristiana: son
los componentes de un nuevo mesianismo
político explosivo para América
Latina. La anterior propuesta de izquierda
requiere la fusión, o al menos
la conexión operativa, de los dos
polos renovados, el del postmarxismo y
el del cristianismo, en función
de una misma "utopía concreta"
para AmÉrica Latina siglo XXI.
"Queremos vino nuevo en odres nuevos"
[6].
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[1]
Georges Cottier, Esperanzas enfrentadas:
cristianismo y marxismo, Bogotá,
CEDIAL 1975. Existe otra edición
publicada en Caracas, UCAB 1979.
[2] Joseph Comblin "Libertad y liberación",
Concilium, Madrid, nº 96, junio 1974,
p. 399. De este autor son las obras: Théologie
de la Révolution, Paris, Cerf 1970
y Théologie de la pratique révolutionnaire,
Paris, Editions Universitaires 1974.
[3] Revisión del materialismo histórico,
corrigiendo su reduccionismo. Revisión
del modelo a perseguir: el socialismo real.
Revisión de la metodología
revolucionaria: tanta violencia cuanto sea
necesaria. Revisión del particularismo
político que privilegiaba el rol
del Partido, impidiendo un amplio y auténtico
pluralismo político. Revisión
de la abolición del mercado, cuando
se debe avanzar hacia una democracia económica.
[4] Documento de Medellín, vol. II:
Conclusiones, cap.1 Justicia.
[5] Jeanne Hersch, Idéologies et
realité. Essai d'orientation politique,
Paris, Plon 1956.
[6] Pancarta en la Alexander Platz de Berlín
Oriental, noviembre 1989.
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