Los intelectuales y la política
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Aunque no busquen directamente puestos de mando, desde muy antiguo los intelectuales han girado alrededor del Poder. De ordinario pasan desapercibidos. Pero en épocas de crisis y turbulencia, la sociedad les asigna una función riesgosa para que le decodifiquen la intrincada maraña política que la envuelve, aportándole ideas, cuando los políticos no las tienen o no les funcionan. La Venezuela actual no es una excepción en la problemática actual del mundo. Lo ha expresado el intelectual larense Teódulo López Meléndez, Presidente del Pen Club de Venezuela, quien sucedió a José Ramón Medina, fundador de esta Asociación: "Es importante que el país mire a la intelligentsia nacional como un nutriente frente a la sequía[..] Cuando los políticos carecen de ideas, el país debe voltearse hacia sus intelectuales. Eso es algo fundamental".

El intelectual y su papel

Desde la Antigüedad, los hombres con ideas no han podido menos que influir en la conducción de los ciudadanos. A Platón -en su famosa "República"- le parecía mejor que la élite gobernante fueran los pensadores, debidamente formados, y no los guerreros, a pesar de sus habilidades en estrategia y armas. Debemos distinguir entre Sabio, Escritor e Intelectual. El sabio (filósofo, ideólogo) tiene poder sobre los espíritus mediante la idea. El Escritor (poeta, novelista, periodista) tiene poder sobre lo real mediante la palabra. El intelectual tiene poder sobre los hombres, mediante las palabras y las ideas. Intelectual no es el que crea, ni el que descubre, ni el que inventa, ni el que reflexiona, sino algo más modesto: el que opina en un contexto social. Y opina hablando o por escrito (ensayo, periódico, página web, internet). El intelectual se dirige a la opinión pública, con sus ideas, para despertarla, dirigirla, fustigarla, estimularla en un sentido u otro. No basta que sea una voz sabia, que clama en el desierto sin oyentes. Es de su momento. El proyecto para ejercer influencia es lo que distingue al intelectual del sabio. El intelectual aspira influir sobre la sociedad y sobre su tiempo, mediante su voz (hablada o escrita) que alerta, que critica, en un oficio lo más independiente posible. Pero tiene el peligro de caer en la trampa de la función social y el riesgo de ceder a la tentación de convertirse en 'vedette'.

 

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Se considera hoy que el primer intelectual moderno fue el francés Emile Zola, con su célebre "Yo acuso" (1898), que abrió tremendo debate público sobre los valores de referencia entonces, obligando a revisar el sonado caso del capitán Dreyfus. Hacemos nuestras algunas expresiones del intelectual larense, López Meléndez, ya citado (El Nacional, 28 abril 2003): " El papel del intelectual es combatir la abulia, la estupidez y el enmascaramiento [..] La voz del intelectual fustiga hacia todos los lados, sin detenerse en consideraciones secundarias. La voz del intelectual es la fijación de un camino o la que provee una orientación [..] Es la hora del intelectual alerta. El intelectual alerta es quien debe procurar el despertar del país".

Tipos de intelectuales

Espigando casos históricos, encontramos en todas partes y épocas, que así como ha habido intelectuales áulicos que han sido panegiristas y legitimadores de regímenes (algunos muy autoritarios), los ha habido también fuertemente críticos y desestabilizadores. Ha habido intelectuales lúcidos y comprometidos, así como intelectuales decepcionados y desencantados.

AÚLICOS. Un interesante libro de Mark Tilla ("Pensadores temerarios", Debate 2004) ofrece seis breves ensayos sobre intelectuales que tendieron perturbadores puentes de conciliación entre pensamiento filosófico y régimen tiránico. El primero de todos Martín Heidegger, el gran filósofo alemán de expresivo estilo, renombrado Rector de la Universidad de Friburgo desde abril 1933. Al mes de posesionado, se afilia al partido nazi y en su discurso de posesión del cargo, en lenguaje técnico ya suscribía la necesidad de someter las universidades a los objetivos nazis. Libros recientes como el de Safranski ("Un maestro de Alemania: Martin Heidegger y su tiempo, 1997), el de Steiner ("Heidegger" 1999, donde cambia el prólogo que había hecho a la primera edición de 1978) y sobre todo el del chileno Víctor Farías ("Heidegger y el nazismo", 1985) no dejan lugar a dudas sobre los innumerables servicios que dicho sobresaliente intelectual prestó al abominable nacional-socialismo de Hitler. En nuestra historia política venezolana, el historiador Luis Britto García, comentando "Los cuatro reyes de la baraja" de Francisco Herrera Luque, afirma que “los tronos de los reyes de la baraja se fundan sobre el oro y la sangre, pero se legitiman por la corona ideológica que les confieren los intelectuales. La dominación de Páez se cimenta sobre la historia de Venezuela escrita en clave épica por José María Baralt y Ramón Díaz. La del Ilustre Americano, en el incienso que le tributa la camarilla de plumíferos llamada adoración perpetua. Laureano Vallenilla Lanz, Gil Fortoul y Arcaya tejen para el Benemérito laureles de cesarismo democrático. El golpe de Estado del 18 de octubre es llamado Revolución por Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, Mariano Picón Salas”.

12 febrero 2007