Mandela. Un duro verano de 27 años
Análisis & Opinión > Asia & África > Sudafrica > Mandela. Un duro verano de 27 años
Logo Enrique Neira

 

 

     

¡Qué distinto era el Mandela que había ingresado en la cárcel en 1962, a sus 43 años, brillante abogado, atractivo orador, dinámico comandante de una lucha sin cuartel contra la segregación racial impuesta por los blancos, y el Mandela que salió de la estrecha prisión de Robben Island, frente a la Ciudad del Cabo, el domingo 11 de febrero de 1990 ! Tras 10.000 días de penoso encierro en un régimen penitenciario brutal, incomunicado, en trabajos forzados, con escasa protección frente a las inclemencias del Atlántico sur, Mandela salía con sus 71 años, con el pelo blanco, gastado y menoscabado por enfermedades y afrentas. Su lema había sido el verso bíblico: "Me doblarán, pero no me vencerán".

Salió de la cárcel doblado, pero no vencido. Su corazón seguía joven y firme como antes. Seguía con una confianza absoluta en sí mismo y en su pueblo. Rebosaba seguridad en sus planes de liberación largamente meditados. Seguía albergando un intenso sentido del destino que le aguardaba y veía más próximo. Su papel heróico lo tenía a las manos, pero con menos pomposidad y sin estridencias. Había entrado a la cárcel con todas las dotes de un agitador y guerrero revolucionario, pero no de filósofo. Ahora retornaba a la lucha convertido en un filósofo, en un sabio conductor, listo para desempeñar la delicada misión de líder de 20 millones de negros surafricanos. Acertadamente afirma El País de Madrid que "los 27 años que el líder guerrillero pasó como prisionero político le dieron la imponente autoridad moral que necesitaba para hablar en nombre de los negros surafricanos y conducirlos a hacer la paz con sus antiguos opresores". "Yo allí maduré ", reconoce Mandela.

 

Análisis & Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor

Biografia del autor
CV, trayectoria, principales obras y publicaciones y personajes de la historia que lo han inspirado

Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy.

 

• Maksim Gorki, el gran escritor proletario ruso de Kasan, tuvo una experiencia semejante. En su escrito "Las universidades de mi vida" recuerda cómo al ser liberado de la prisión zarista en 1906, tuvo la percepción de que "la cárcel había sido su gran universidad ". Así lo experimentó también aquella generación del 48, que dió inicio a la democracia venezolana del siglo pasado. Y así lo aprecian quienes de la cárcel de los llanos del Yari salieron para dar un fuerte impulso de cambio al país. Pero Mandela los aventaja a todos. Salió con postgrado en 1990 de la dura universidad de Robben Island, con pocas pero profundas lecciones que no olvidó en sus siguientes 8 años. Maharaj llegó a la misma cárcel de Robben Island en 1965 y permaneció cerca de Mandela durante 12 años. Ha dicho que "la cárcel hizo a Mandela más comedido. La prisión le da a uno la posibilidad de relajarse y decir: 'Muy bien, no hay ningún momento culminante, ningún plazo'. Y le permite a uno darse el lujo de analizar punto por punto, la forma de obtener las cosas". Dos objetivos se propuso Mandela en Robben Island. 1) Tratar de humanizar la cárcel, cambiando la relación con las autoridades de la prisión, pues consideraba que ella era un microcosmos que reflejaba la Suráfrica del "apartheid". Y 2) prepararse para la etapa cuando el Gobierno blanco se viera obligado a negociar con la oposición negra.

 

El líder en acción

• La misión de un líder o conductor es "llevar a su pueblo de donde está a donde debe estar". Mandela tiene conciencia de su misión al salir de la cárcel y la expresa con realismo y sencillez: "Estoy ante ustedes pero no como un profeta, sino como un humilde servidor de ustedes, el pueblo. Soy un hombre ordinario. Las circunstancias me convirtieron en líder". Y concibe su liderazgo con recuerdos de su niñez pastoril: "Cuando tú quieres llevar un rebaño hacia cierta dirección, te pones atrás con un bastón. Luégo unos pocos de los más enérgicos del rebaño se mueven hacia adelante y el resto del rebaño los sigue. Tú realmente estás guiando todo el rebaño desde atrás". Para ser líder o conductor de un pueblo, de ordinario se requieren tres excelentes condiciones, según precisamos atrás. Una gran VISION, una gran VOLUNTAD, una gran capacidad de CONCERTACION. Al salir de Robben Island, a Mandela lo devoraba una gran visión: la de liberar a su pueblo del régimen opresivo y discriminatorio ("apartheid"), que habían levantado los blancos. Lo animaba también una gran pasión, un contagioso coraje, una voluntad troquelada en 27 largos años de autodisciplina, paciencia y espera. Una fe y una energía capaz de movilizar votos como montes y empujar hacia el mar las deleznables arenas blancas que todavía se opusieran. Y además añadía ahora el equilibrio del sabio experimentado, del negociador, del político maduro, del estadista futuro. Del que sabe bien que la política es el arte no de lo mejor en teoría, sino de lo posible en la práctica, de lo viable según la coyuntura y las circustancias. Recién liberado, en su despacho de Soweto, Mandela concede una entrevista al periodista Eddie Koch, de la Agencia Internacional IPS, en la que sin tapujos expresa ya su espíritu conciliador y su táctica negociadora: "Cuando uno dice 'este tema particular no es negociable' está destruyendo todo el proceso de negociación. Negociación significa que uno debe estar preparado para un arreglo que satisfaga a todas las partes involucradas. Si uno no está preparado para un compromiso, entonces no debería entrar y ni siquiera pensar en un proceso de negociación".

• El proceso de negociación con el poder blanco de Pretoria fue difícil, enredado: exigió mucha paciencia, entereza y habilidad. Mandela no lideró una venganza contra los opresores. No expresó amargura de corazón. Tenía que buscar la unidad y el consenso entre dos razas peleadas a muerte. Mantuvo una línea de equilibrio entre el justo reclamo de los derechos debidos a los negros y el reconocimiento que habría de los mismos derechos de la minoría blanca en un eventual Estado de inmensa mayoría negra. Tuvo en dicho proceso un invaluable socio, el nuevo Presidente Frederik De Klerk, quien con los votos del Partido Nacional acababa de suceder en el cargo al duro e intrasigente racista Botha. "De Klerk es un hombre íntegro ", afirmó públicamente Mandela en momento oportuno. Político pragmático y con visión de futuro y principios éticos, el mandatario blanco veía que había que desactivar esa bomba de hidrógeno que amenazaba con destruir a Sudáfrica en una guerra racista, con graves repercusiones aun internacionales; y fue conduciendo a la minoría blanca a aceptar la realidad de que el país no era viable sin igualdad de razas. Ambos, con espíritu conciliador y pulso firme, llevaron el proceso hasta el final, en forma tal que fueron acreedores, méritos pares, al Premio Nobel de la Paz en octubre de 1993. Cada uno, por su lado, tuvo que contener los odios, las acciones terroristas, la táctica violenta que los dos extremos intentaron aplicar. La extrema derecha armada de los "afrikaaners" y los "boers" (Conservative Party) y la extrema izquierda del partido tribal, enardecido (Inkhata Freedom Party) de los zulúes al mando de Buthelezi. Pero entre ambos sacaron la nave de la conciliación adelante pasando entre los dos escollos. "Hemos experimentado muchos milagros en el pasado. Lo que pasó, pasó. Vamos a olvidar el pasado y nos concentraremos en lo que podemos construir hoy y mañana ".

05 julio 1999