Un capitalismo mafioso
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Logo Enrique Neira

 

 

     

El nuevo Primer Ministro, Primakov, propuesto por Yeltsin y acogido por un raro consenso de la Duma (que tiene mayoría comunista), tiene que hacer frente a una gravísima crisis económica y política. Es partidario de un gobierno más fuerte, más centralizado y más nacionalista para Rusia. Como funcionario público, en más de 30 años, Primakov vivió el régimen comunista, lo sobrevivió y sabe que estos 10 años de transición del modelo colectivista totalitario hacia uno de capitalismo democrático han sido penosos, estériles y empobrecedores para la mayoría de los rusos. Uno de sus mayores retos es depurar ese "capitalismo mafioso" que ha ayudado a romper las venas de la economía rusa.

 

Jóvenes sifrinos y ratones grises

Durante los años de apertura de Kruscev (1954-1964) y al amparo de los pivilegios que tenían los altos funcionarios comunistas, muchos de sus hijos fueron favorecidos por las nuevas oportunidades de viajes al exterior, adquisición de otras lenguas, estudios en el Occidente. Surgió, así, en la Unión Soviética una generación joven que parecía tenerlo todo y a la que le sonreiría el futuro. Conformaron la generación de los zolotyié dietki (jóvenes dorados). No eran políticos sino celebridades con dinero. Vestidos a lo occidental, con discotecas para ellos, querían ser como los jóvenes de los países ricos. Constituían, ya por entonces, una pequeña élite, con mucha ventaja sobre el resto de los jóvenes comunes y corrientes, que llamaban despectivamente sieryié crysy (ratones grises).

 

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Con los cambios acelerados de la "perestroika" (Gorbachov) y una economía capitalista de mercado, basada en la propiedad privada (Yeltsin), estos jóvenes privilegiados ya adultos, fueron los abanderados del nuevo capitalismo y comenzaron a usufructuarlo. Muchos lograron puestos de corredores de Bolsa (brokers), acumularon los primeros millones, fundaron un banco o una empresa de importación y exportación, y llegaron a ser fabulosamente ricos. Comenzaron a llamarse los Manhattan boys, porque su meta era alcanzar y superar a los ricos americanos. Vehículos de lujo, compañía de bellas jóvenes, gustos excéntricos, protección de una cohorte de gorilas en su entorno. Se han convertido en robots, sin capacidad de tener escrúpulos y fascinados por el estilo de vida norteamericano. Su programación es la de especular gananciosamente, como sea, con los codiciados dólares (bucks).

Yeltsin, en su afán de pisar el acelerador hacia el capitalismo occidental, encontró en esta generación "dorada" sus mejores defensores y colaboradores. Bajo su presidencia, han entrado a servir en el Kremlin -sin haber ejercido antes altas funciones como apparatchiks en el antiguo Partido Comunista de la URSS-, personajes menores de 40 años, convencidos neo-liberales, obsecuentes partidarios del Fondo Monetario Internacional y de poca sensibilidad social con respecto a las angustias que sus medidas producen en la mayoría de la población. Algunos ejemplos: Egor Gaidar, Andrei Kozyrev, Anatoly Chubais, Boris Fiodorov, Piotr Aven, quizás también Guennadi Bourbulis. Al anterior Primer Ministro, Victor Chernomyrdin -candidato de Yeltsin para sucederlo-, la revista uruguaya Postdat (4 setiembre) le asigna una fortuna personal de 5.000 millones de dólares. Y tras el trono asoma sus orejas el actual barón financiero, Berezovsky, quien espera su turno para dar un zarpazo a la Presidencia, gracias al mucho dinero acumulado que se ha convertido en poder acumulado en la Nueva Rusia.

 

La mafia rusa

La proporción entre el 10% de rusos más ricos y el 10% de los más pobres es hoy de 20 a 1, cuando en Occidente no pasa de ser de 10 a 1 y aun de 6 a 1 (países escandinavos). Rusia bate hoy todos los records de injusta desigualdad social. Los ricos rusos son exageradamente ricos y han llegado a serlo muy rápidamente. Todos sabemos que las grandes fortunas, acumuladas muy rápido, tanto en su origen como en su exitoso desempeño, han debido ser "legalizadas" a través de prácticas efectivas como el blanqueado de dinero. Y este negocio lo sabe hacer muy bien la Mafia, por todas partes. Los Manhatam boys no pueden prescindir de ella, especialmente en la actual Rusia que se volvió un país muy permisivo y tolerante en su código penal.

Existe una amplia red (de unos 30 millones de rusos) cuya actividad económica es viajar de Rusia a países más o menos vecinos (Italia, Turquía...), en donde ellos compran al contado en dólares zapatos, vestidos, televisores, paratos electrodomésticos..., y los venden en su país, eludiendo casi todos los impuestos estatales. Esta red la conforman los llamados tchelnoki (busetos que van y vienen). El diario Izvestia del 7 marzo 1997, daba la cifra oficial de 15.600 millones de dólares la suma de mercancías importadas en 1996 por los "tchelnoki" en detrimento de los productos nacionales. "El <tchelnokismo> (busetismo)-afirma un moscovita- no es sino la válvula de escape que permite aliviar el exceso de presión de la base. Sin él y sin el comercio ubícuo en las calles, la marmita social habría explotado hace rato".

Y quien tiene los controles de esta gigantesca máquina comercial es la Mafia. Ella utiliza a los "busetos", como los narcotraficantes de estos nuestros países utilizan a las llamadas "mulas". La Mafia es su "sindicato", los protege de la miseria, les ofrece en ocasiones ganancias más sólidas que otras actividades. Con la diferencia de que la Mafia rusa (que hoy controla grandes mercados de drogas y de armas) ha adquirido ya la fama de ser la más violenta y despiadada del mundo. Más que la siciliana y que la norteamericana. Los capos colombianos son, en su comparación, unas hermanitas de la caridad. En Sicilia mucha gente pensaba que la Mafia los protegía mejor que el Estado y sus leyes, y se sentían cubiertos por la dura ley del silencio (la omertá). Pero la organización de la "honorable sociedad" no llegó a echar raíces en dicha isla sino después de un siglo. En Rusia han bastado 5 años ! Y el desmontarla es uno de los retos más difíciles para un gobierno, como el de Primakov, que quiera honestamente taponar las venas rotas y enderezar la economía rusa.

21 setiembre 1998