Prosigue la era Putin
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Rusia vive en la historia, y la historia vive en Rusia. En el siglo pasado proyectó una sombra larga sobre el planeta. Tras la caída del muro de Berlín, muchos creyeron en Occidente que era el ocaso de Rusia, y más cuando comenzaron a emerger gigantes rutilantes como China e India. Pero Rusia sigue siendo el país más grande, con el mayor depósito de armas nucleares, el segundo mayor productor de petróleo (después de Arabia Saudita), factor clave de lo que ocurra en el Medio Oriente y prosigue afirmándose con empuje en la geopolítica mundial. Los ojos están puestos en la actual Estado Nación rusa. Y mucho de su éxito se debe a un sólo hombre: Vladimir Vladimirovich Putin, que ha llegado a sus ocho años de gobierno con una popularidad de 70%, que no la tuvo Gorbachov tras cuatro años del suyo.

El personaje del año 2007

Cuando el intenso agente de la temida KGB llegó a Presidente de Rusia en el 2002, encontró un país despeñándose hacia un "Estado fallido". Con notable persistencia, clara visión de lo que Rusia debería ser y encarnando el espíritu de la Madre Rusia, Putin puso de nuevo a su país de pies sobre el mapa. Y ha intentado rediseñarlo. Aunque por Constitución no podía presentarse de nuevo a reelección, se las ingenió para desempeñarse a partir del 7 de Mayo como Primer Ministro en un gobierno del Presidente Medvédev, recién electo. Ser el personaje del año escogido por Time no ha sido nunca un honor, no es un respaldo ni el resultado de una encuesta de popularidad. Sencillamente es el reconocimiento de uno entre las individualidades que más fuertemente han moldeado el mundo, para bien o para mal. Y esta vez han escogido a Putin por la extraordinaria hazaña de haber impuesto estabilidad sobre una nación que por años raramente la ha tenido. Putin ha vuelto a sentar a Rusia en el gran tablero mundial del poder. Apoyado en sus grandes recursos energéticos y exportación de materias primas, Rusia ya ocupa el puesto 10 en la economía mundial (con un crecimiento anual de 8%) y ha redefinido su política exterior con pragmatismo, realismo y autonomía mayor.

 

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El quite a la reelección

Quiero resaltar la forma hábil y creativa como Putin ha manejado el problema de la perpetuación en el poder, manteniendo las formalidades constitucionales y democráticas, sin caer en despotismos ni ridiculeces de mandatarios de otras latitudes muy amañados en el poder. Conciente de un 70% de respaldo popular, no escogió la vía de buscar una reforma de la Constitución que le permitiera optar por un tercer periodo consecutivo en la presidencia, ni el camino directo de convocar a un referéndum. No tenía el recurso de retener el poder en familia pasando el bastón de mando a su esposa. Pero sí encabezó un partido político, su partido (Rusia Unida), con el que consiguió una barrida general en las pasadas elecciones parlamentarias del 2 de diciembre. Y en la mejor tradición soviética, el 10 de diciembre anunció que Medvéded, su actual director de Gazprom -la gigantesca compañía estatal con la que Rusia domina el mercado del gas natural en Europa- sería el candidato de su partido a la Presidencia y que él personalmente podría ser su primer Ministro. Y así viene aconteciendo. El 2 de este marzo, de un potencial de 109 millones de electores en el que votaron 67%, Medvéded obtuvo el 70,3% de votos a su favor, con bastante ventaja sobre otros candidatos como Ziuganov, candidato comunista (18,5%) y Yirinovski, ultranacionalista (10.6%). Como sugiere bien un redactor de El Tiempo (13 diciembre), mientras en América Latina se reforman constituciones, se recogen firmas, se hacen referendos y se estrena la figura de la sucesión familiar, en Rusia, país del ajedrez, han redescubierto las ventajas del enrroque, del trueque de cargos. Así las cosas, en 2012, cuando termine el primer periodo del nuevo presidente -y Vladimir Putin pueda volver a presentarse- Rusia puede prepararse para otra larga presidencia suya. Es decir el sueño de Chávez. Sin referendo ni sobresaltos.

 

Dmitri Medvédev

42 años, prestante abogado de San Petersburgo, hombre de confianza de Putin, quien lo lleva en su meteórico ascenso a Moscú, sin que fuera del grupo duro y cerrado de los llamados "siloviki" (ex KGB), pero sí de excelentes relaciones con los emprendedores de grandes negocios. En el 2005 Putin lo nombra primer ministro diputado para grandes proyectos nacionales de mucho impacto en la población y consiguientemente de gran cobertura en los medios de comunicación (salud, vivienda, educación, agricultura). Representa Medvédev un liberalismo controlado, según el cual el Estado debe involucrarse solamente cuando los problemas son muy grandes o los riesgos demasiados para la empresa privada. Se lo considera en economía más liberal que Putin, así como más abierto que él en política exterior, sobre todo con Europa y Estados Unidos. Pero así lo preseleccionó Putin para iniciar con él una especie de gobierno en comandita a partir de mayo y para que fuera su sucesor al menos por 5 años. Queda asegurada la estabilidad rusa y el control por parte de la actual fuerza dominante en la política del Kremlin.

31 marzo 2008