Un alto a la guerra de siempre
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"LA GUERRA DE SIEMPRE" (Península) es el título del libro de Miguel Angel Bestanier, subdirector de "El País", presentado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el domingo 16, un día antes de las elecciones en Israel. Su prologuista lo calificó como "un libro laico sobre un tema sagrado". Y es que el tema de la Paz sigue siendo el prioritario para los habitantes (palestinos e israelíes) del territorio que antes llamábamos Tierra Santa. Y el problema de la Paz con sus vecinos -por la enorme incidencia que ha tenido estos años en lo económico y social del país-, fue el que determinó los resultados electorales que favorecieron ampliamente al laborista Barak.

50 años de asedio

En 1948, al final de la Segunda Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones otorgó el territorio de lo que era un Protectorado inglés para permitir la creación del nuevo Estado de Israel. Desde entonces las pugnas de las dos naciones (la judía y la palestina) por asegurarse la supervivencia o un mayor control del territorio compartido o al menos una forma equitativa de convivencia pacífica, han sido permanentes. La guerra ha sido de siempre, con cinco momentos bélicos muy fuertes e intromisión de países árabes vecinos, con anexión de territorios limítrofes, con incontables acciones terroristas y contra-terroristas.

 

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Hay que reconocer que, en medio de ese recurrente fuego cruzado, Israel no sólo ha convertido un suelo desértico en tierra feraz, sino que ha logrado construir un Estado social de Derecho, con libertades democráticas reales aun en los periodos de guerra, con un sistema jurídico independiente y un sistema educativo impresionante. Ha experimentado con nuevas formas de vida como el "kibbutz", el "moshav" y la "ciudad de desarrollo". Su industria, investigación, agricultura, servicios...no tienen nada que envidiar a los de los países más desarrollados. El actual Israel es la única compensación -si es que hay lugar aquí para compensación- del inmisericorde y devastador Holocausto que sufrió bajo el Nazismo.

Para tener alguna idea del problema real de convivencia pacífica de dos pueblos tan antagónicos en la historia, basta echar unas cuentas. En 20 años las dos poblaciones habrán llegado a 15 millones. La mitad palestinos (hoy son 2 millones, 15% cristianos) y la mitad judíos (hoy son 6 millones). Y el territorio para ambos, el comprendido entre el Mediterráneo (al occidente) y el río Jordán (límite con Jordania) es de sólo 24.000 km2. Apenas el doble del territorio del Estado Mérida. Ya sea que la Autoridad Autónoma Palestina aumente en un 20% (como lo reclama) su actual territorio, o Israel mantenga la mayor parte, las dos poblaciones sufrirán una grave presión territorial para su autoabastecimiento agrícola.

A los zig-zags de la guerra de siempre corresponde al interior de Israel el zigzagueo de sus aspiraciones aparentemente contradictorias: 1) la consolidación de la paz, sin pagar el precio correspondiente; 2) la aceptación de la idea de un Estado palestino (dentro de o vecino a Israel) sin otorgarle su plena soberanía; 3) el manejo de la paz por una política de Estado, sin las fuertes interferencias de las tres grandes familias religiosas ortodoxas que alimentan posiciones ultranacionalistas.


Los hombres de negro

Así denominan a los clérigos judíos, de exagerada ingerencia en el gobierno del país, con posiciones de extrema derecha. Se agrupan en tres partidos, que prácticamente por 3 años mantuvieron como rehén a Netanyahu. Lo que explica la reciente destorcida, en las pasadas elecciones, hacia un Gobierno (primer ministro) y un Knesset (parlamento) más laicos y hacia la izquierda política.

• El Partido nacional religioso (Mafdal), aunque originalmente sionista y moderado, se ha convertido en un partido de línea nacionalista pura y dura, partidario del Gran Israel, que favorece -por lo mismo- la presencia de los colonos judíos y la anexión de los territorios ocupados.
• El bloque Yahdut Hatorah, que se compone de dos movimientos ("Reunión de Israel" y "Bandera de la Torah"), de origen askenase (judíos occidentales); es un partido no sionista sino ultra-ortodoxo de posiciones duras también.
• Y el Shas (Sefardíes Guardianes de la Torah) que agrupa a los ultra-ortodoxos orientales, principalmente de origen marroquí y tienen como líder espiritual al influyente rabino Yossef.


El nuevo espectro político

Como resultado de las elecciones del pasado 17, hasta el año 2002, el escenario político en Israel quedó ampliado de 11 partidos a 15 partidos. Los movimientos laicos que en su campaña propusieron reducir la ingerencia religiosa obtuvieron 16 escaños (7 más de los que tenían en el anterior Knesset). De los 120 miembros del Knesset, los grupos de línea étnica controlan una tercera parte (38 curules), y los de línea religiosa predominante no llegan al tercio (27 curules). El partido laborista pone al nuevo primer ministro Barak y logra más de un tercio del actual parlamento. Pero tiene que entrar a una serie de alianzas que le sirvan de amplia base de sustentación para sus políticas de paz, de recuperación económica y de igualdad social.

La gran cuestión por resolver para el nuevo gobierno es el relanzamiento de las negociaciones de Israel con los palestinos y con los sirios; y cómo llegar a soluciones efectivas y rápidas, cumpliendo los acuerdos de Oslo (Suecia) y de Wye River (USA). Barak sabe que el 60% de los israelíes votaron por el proceso de paz; que puede lograr un apoyo del Shas (su líder ha dicho que no tiene reparo religioso para una política de cambio de territorio judío por paz), desplazando al extremista Likud; y sabe como experto militar por muchos años, que podrá negociar desde una posición de fuerza, cuyos resortes conoce bien, pero puesta al servicio del estadista y diplomático (la otra forma de la guerra).

 

Una utopía todavía lejana

El sueño expresado por David Ben Gurion el día de la Independencia (14 mayo 1948) marca el derrotero, pero sigue todavía huidizo: "El Estado de Israel garantizará la más completa igualdad social y política a todos sus habitantes, sin distinción de religión, de raza o de sexo". No habrá discriminación de árabes y judíos, de palestinos e israelíes. Hace falta un Estado para los palestinos. Ha habido ya suficiente sangre y suficientes lágrimas. La historia escrita por 50 años en rojo debe comenzar a escribirse para el nuevo milenio en verde !

24 may 1998