Ha
habido un cambio radical de líderes
tanto en Israel como en Estados Unidos,
que inevitablemente afectará el
proceso de paz entre Israel y la Autonomía
Palestina, tal como venía siendo
adelantado por el primer ministro Barak
con apoyo de la administración
Clinton.
Al
vaivén de la guerra de siempre,
al interior de Israel se ha dado un permanente
zigzagueo en sus aspiraciones aparentemente
contradictorias, por lo menos a los ojos
de un observador lejano y neutral. Israel
busca con sus vecinos la Paz, sin pagar
el precio correspondiente. Se acepta la
idea de un Estado palestino (dentro de
Israel o vecino a Israel), pero sin acabar
de otorgarle plena soberanía a
la que tiene derecho. Se intenta un manejo
de la paz por una especie de política
de Estado, pero se siguen aceptando fuertes
interferencias por parte de tres grandes
familias religiosas ortodoxas que alimentan
posiciones ultranacionalistas, incompatibles
con un pleno Estado palestino.
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| Israel
prefiere seguridad a paz
•
En mayo del 99, los laboristas lograron
un 60% de los votos y retornaron al poder
con Ehud Barak, que había prometido
paz, seguridad y reformas sociales. Su mandato
debería durar hasta el 2002. En el
parlamento (Knesset), los laboristas obtuvieron
un poco más de la tercera parte de
los 120 escaños y redujeron algo
(a 27 curules) la presencia de la línea
religiosa nacionalista. Pero de todos modos,
debían contar con el apoyo de otros
once partidos pequeños para su programa
de paz y de gobierno. Barak se empeñó
a fondo para llegar con lo palestinos de
Arafat a unas soluciones efectivas y rápidas,
en cumplimiento de los acuerdos pactados
anteriomente en Oslo (Suecia) y en Wye River
(USA).
• En las elecciones adelantadas (por
decisión del mismo Barak) del pasado
6 de febrero 2001, el “halcón”
y “hombre duro” Ariel Sharon
(jefe del partido ultranacionalista Likud)
infirió una grave derrota a Barak
(laborista), sacándole una ventaja
del 24% en los votos. Ayudó a ella
una alta abstención (para lo acostumbrado
en Israel) de colonos israelíes y
de la población palestina asimilada
dentro del actual Israel. El electorado
israelí expresó, así,
su decepción respecto de la expectativas
de paz, que había suscitado Barak
22 meses antes. Y muestra que está
prefiriendo la seguridad a la paz, dando
crédito a las promesas de Sharon
de pacificar los territorios con mano dura
y acabar con los 5 meses de Intifada (terrorismo
fanático de grupos palestinos) que
ha producido decenas de muertos israelíes.
• Los resultados electorales cambian
el panorama político de la región
y modifican drásticamente el proceso
de paz, tal como venía siendo manejado
por Barak y Arafat, con el apoyo de Clinton.
Sharon ha sido muy claro en que no negociará
bajo presión; que va a hablar con
los palestinos, pero nó los “temas
finales” grandes (como estatuto de
la ciudad capital de Jerusalem, situación
de los refugiados...); que buscará
acuerdos transitorios (interim deals) que
estabilicen la frágil situación
de hoy; que partirá de los términos
de la actual realidad y nó de los
términos pactados en Oslo y Wye River.
¿Y el proceso de paz ?
•
Ante todo, se requiere un gobierno
de unidad nacional. Un gobierno
durable y serio, capaz de fuertes cambios
y que lleve el timón desde este miércoles
7 hasta las próximas elecciones de
noviembre 2003. El nuevo gobierno tiene
que ser el resultado de una fuerte y estable
coalición entre el Likud (hoy mayoría)
y el Partido Laborista (segundo en resultados),
de modo que no quede al vaivén de
13 pequeños partidos ni vaya a quedar
al garete en una coyuntura difícil.
Ariel Sharon, 72 años, el hombre
fuerte (que indujo la ocupación del
Líbano y se muestra reacio a ceder
territorios ocupados) está dando
muestras de ser también habilidoso
político y flexible diplomático.
Ha invitado al Partido Laborista a conformar
el gobierno, ofreciéndole 8 carteras
muy importantes, entre ellas las de Relaciones
Exteriores y Defensa. Para ello debe ceder
en posiciones de extremo nacionalismo y
buscar un punto de equilibrio entre la derecha
religiosa y militar del Likud y la izquierda
de larga tradición laborista.
•
El Partido Laborista
recién derrotado, ha aceptado incorporarse
al gobierno –con los votos de un 67%
de los miembros del Comité Central
Laborista. Y es un acierto la designación
como Ministro de Relaciones Exteriores de
Shimon Peres, 77 años (llamado ministro
de teflón o incombustible), Premio
Nobel de la Paz y bien visto por todo el
mundo como el garante de una política
de paz en el nuevo gabinete. Pero, a la
vez, el laborismo ha escogido a un “superhalcón”,
Benjamín Ben Eliezer, como Ministro
de Defensa, quien favorecerá una
política dura contra los ataques
palestinos.
•
A Arafat, Presidente
de la Autonomía Palestina, no le
queda otra opción que aceptar la
elección hecha por los israelíes
y con una posición muy pragmática,
maniobrar de acuerdo a lo que quiera y no
quiera Sharon. Su posición es difícil
porque no puede ya prometer a los palestinos
ganancias territoriales a cambio de conversaciones
de paz. Pero para todos es preferible que
él siga como autoridad acatada y
representativa de la Autonomía Palestina
y nó que grupos armados fanáticos
llenen un vacío de poder que conduciría
a un caos inmanejable en la región.
•
La nueva administración republicana
de George W. Bush
parece querer llevar las cosas con Israel
de manera más gradualista y paso
a paso. Sharon y Bush están de acuerdo
en que Barak y Clinton quisieron hacer mucho
y demasiado pronto.
Conlusión
Con “real politik”, el proceso
de paz hay que reducirlo en su agenda y
hacerlo más eficaz poco a poco, con
acuerdos puntuales. Algo así como
lo que también viene perfilándose
en Colombia: 1) menos proceso de paz entendido
como grandes acuerdos sobre cosas finales,
y 2) más seguridad para la población,
con acuerdos puntuales efectivos y no de
papel ni bla, bla, bla. Debe primar el pragmatismo
de la seguridad colectiva por sobre el utopismo
de una paz idealizada.
05 marzo 2001 |