| El
actual mapa de Jerusalem, con cifras poblacionales
de la Oficina Central de Estadísticas
del año 1998, es el siguiente:
> La Ciudad Antigua, dentro
de las murallas, que contiene casi todos
los Lugares Sagrados (Via–Crucis,
Calvario, Sepulcro de la Resurrección),
menos la Sala donde celebró Jesús
la Ultima Cena en el Monte Scopus; hay allí
barrios de musulmanes, judíos, cristianos
y armenios.
> Jesuralem Oriental, al norte
de la Ciudad Antigua, moderno sector residencial
árabe.
> La Ciudad Nueva o Jerusalem
Occidental (completamente judía),
donde están las sedes del Knesset
(parlamento), del Gobierno, de la Corte
Suprema. La población judía
es de 430.000 habitantes (180.000 radicados
en Jerusalem Este) y la palestina de 200.000.
Según
la partición que la Sociedad de Naciones
había hecho en 1947, Jerusalem debía
constituir un “cuerpo separado bajo
régimen internacional especial”.
Pero la primera guerra árabe–israelí
condujo a una división “de
hecho” de la ciudad entre su parte
oriental (ocupada por los trasjordanios)
y su parte occidental (anexada por los israelíes).
En la siguiente guerra de 1967, las tropas
israelíes arrancan la parte Este
de la ciudad de manos de las tropas hachemitas.
A los habitantes palestinos se les dan papeles
de “residencia”; son sometidos
a la ley israelí común, con
las mismas ventajas sociales que los judíos,
pero siguen considerándose como extranjeros
en su propia ciudad.
El
30 de julio de 1980, siendo Menahem Begin
Primer Ministro, la Knesset israelí
proclama solemnemente Jerusalem su capital.
Su texto es tajante: “1º Jerusalem,
completa y unida, es la capital de Israel.
2º Jerusalem es la sede del Presidente
del Estado, del Knesset, del Gobierno y
de la Corte Suprema. 3º Los Santos
Lugares serán protegidos contra cualquier
irreverencia, violencia o pretensión
de impedir el libre acceso de los miembros
de las diferentes religiones a los lugares
sagrados para ellos o para sus sentimientos
respecto de esos lugares”. Dicha proclamación
unilateral de Israel no ha sido reconocida
por la comunidad internacional, que sigue
rechazando la anexión de territorio
por medio de la guerra, y los cambios de
ella resultantes como ilegales e inválidos.
Por la otra parte, los Palestinos reclaman
que Jerusalem Este sea la capital del futuro
Estado independiente. El problema ha adquirido
carácter de urgencia, después
de haber estado congelado por años.
La
Resolución nº 478 del Consejo
de Seguridad, del 20 agosto 1980 resolvió
no reconocer la “Ley Básica”
de Israel (de un mes atrás) sobre
la capital y advirtió a las naciones
miembros que no ubiquen allí sus
representaciones diplomáticas. La
Asamblea General nº 76 de la ONU (2
diciembre 1998) determinó que la
decisión de Israel de imponer sus
leyes, jurisdicción y administración
sobre la Santa Ciudad de Jerusalem es ilegal
y, por consecuencia, nula e inválida;
y deplora que algunos Estados hayan mudado
sus misiones diplomáticas ante Israel
a Jerusalem, en contravención de
la Resolución 478 de 1980.
Los
acuerdos de paz en Oslo I y II no abordaron
el espinoso asunto de Jerusalem, dejándolo
para resolver cuando el resto de negociaciones
hubiera llegado a su final, que se esperaba
fuera el pasado 13 de setiembre. Durante
los diálogos de 1996 existió
una propuesta del gobierno laborista de
Israel, que tuvo cierta acogida por parte
palestina, en el sentido de permitir que
Jerusalem Oriental quedara bajo la soberanía
israelí, pero a condición
de que la pequeña ciudad Abou–Dis,
actualmente fuera de los límites
de Jerusalem, se rebautizara como al–Qods
y sirviera de capital del Estado palestino.
En las conversaciones secretas tenidas recientemente
en Camp David entre el presidente Clinton,
Arafat y Barak, no hay noticia de esta propuesta.
En
síntesis, hoy por hoy parece que
Israel excluye cualquier forma de doble
soberanía sobre Jerusalem; pero acepta
un estatuto de extraterritorialidad y administración
palestina para la explanada de las mesquitas
y acepta la creación de una municipalidad
palestina que administre Jerusalem Oriental
y esté unida a la municipalidad judía
de Jerusalem Occidental por un Consejo Municipal
conjunto. La comunidad internacional (encabezada
por el Vaticano y países musulmanes)
mantiene firme la exigencia de que Jerusalem
sea ciudad abierta con acceso siempre libre
y sin cortapisas para todos los devotos
y peregrinos de las confesiones religiosas
que tienen allí sus Lugares Sagrados.
16 octubre 2000 |