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años de historia
2.500
años antes de Cristo, la ciudad fue
habitada por los cananeos; más tarde
fue una ciudadela de los jebuseos. El rey
David la capturó en el año
1000 a.C., e hizo de ella la capital de
su reino. Salomón construyó
sobre la colina un magnífico Templo
para hospedar el Arca de la Alianza. Jerusalem
se convirtió en la ciudad clave para
la historia bíblica de salvación.
Fue la Ciudad Santa, el Trono de Dios. Allí
los reyes de la línea de David reinaron
y murieron. Allí desempeñaron
los sacerdotes sus funciones. Los profetas
de Israel ligaron la suerte del pueblo de
Dios a la suerte de Jerusalem. La resistencia
de la ciudad al asedio de Senaquerib (año
701 antes de Cristo); su destrucción
por Nabucodonosor II (año 586 a.C.);
su reconstrucción bajo el imperio
persa al final del siglo VI (libros de Esdras
y Nehemías); sus avatares bajo los
griegos y luégo bajo los romanos
(toma de la ciudad por Pompeyo en el año
63 y destrucción del segundo templo
en el 70 de la era cristiana) son hitos
de la historia del pueblo de Dios. Y todo
el Cristianismo que tiene su origen en el
hecho de Jesús, el Cristo –
quien sube a la Ciudad Santa y allí
muere crucificado y allí resucita–,
tiene como su epicentro a Jerusalem y desde
allí se irradia por el mundo. Hasta
cuando venga definitivamente el Reino de
Dios, convertido en la “Jerusalem
celeste” (Apocalipsis).
Jerusalem
permaneció bajo control romano (y
luégo bizantino) hasta el año
638, cuando el Islam la conquistó.
Entre 688 y 691, los árabes contruyeron
la mesquita dorada “Santuario de la
Roca”, sobre la explanada del antiguo
templo judío; y más tarde
a partir del 710 la bella mesquita plateada
“El–Aqsa” (el lugar–extremo
a donde llegó Mahoma y de donde subió
al Cielo). La Cristiandad europea lanzó
sus expedicionarios (“cruzados”)
a la reconquista de los Lugares Sagrados.
Tomaron a Jerusalem el año 1099 y
la convirtieron en la capital del Reino
Latino. Saladino recuperó la ciudad
para los musulmanes en 1187, quienes la
mantuvieron hasta cuando el Imperio Otomano
tomó su control en 1517.
Exactamente
4 siglos más tarde (1917), Gran Bretaña
(cuando la Primera Guerra Mundial) ocupó
Jerusalem, que fue capital del llamado Mandato
Palestino, hasta 1948 (finalizada la Segunda
Guerra Mundial). Fue entonces cuando la
ONU quiso repartir Palestina e internacionalizar
a Jerusalem, plan al que se opusieron los
árabes. Desde 1949, la ciudad de
Jerusalem quedó dividida en dos:
el sector oriental antiguo, amurallado,
en manos de Jordania (todavía no
reconocida por las Naciones Unidas), y el
sector occcidental en manos del nuevo Estado
de Israel. A raíz de la “Guerra
de los Seis Días” (1967), Israel
unificó la ciudad bajo su mando,
intensificó su poblamiento y nuevo
urbanismo, la declaró oficialmente
su capital en 1980, y se ha mostrado renuente
a ceder de su presunta soberanía
en un eventual acuerdo con la Autonomìa
Palestina.
La disputa por Jerusalem
El
Estatuto de Jerusalem es uno de los más
sensibles y difíciles temas en el
actual conflicto árabe–israelí.
Y sus ramificaciones van más allá
de lo que afecta directamente al Estado
de Israel y al nuevo eventual Estado Palestino.
La cuestión no es reciente. El Dossier
preparado en 1997 por la Comisión
de las Naciones Unidas sobre “El
Ejercicio de los Derechos Inalienables del
Pueblo Palestino” ofrece por
internet el texto original de las 17 Resoluciones
de las Naciones Unidas sobre el problema
(desde diciembre 1981 hasta diciembre 1997)
y una historia pormenorizada de los 5 diferentes
períodos de la disputa.
1) El llamado “Mandato” de la
ONU, con la partición de Palestina
y la división de facto de Jerusalem
(1922–1966);
2) La Guerra de 1967 y la ocupación
militar por Israel de Jerusalem Oriental
y de otros territorios palestinos;
3) La posición internacional y la
acción desde 1967;
4) Búsqueda de una solución;
5) Proceso de paz y reafirmación
de la posición internacional sobre
Jerusalem.
Actualmente
se pueden visualizar tres sectores de Jerusalem.
A) En el centro, la Ciudad Antigua
dentro de las murallas, que contiene casi
todos los Lugares Sagrados de las varias
confesiones cristianas (Via–Crucis,
Calvario, Sepulcro de la Resurrección),
menos la Sala donde celebró Jesús
la Ulima Cena con sus discípulos
y donde se posó el Espíritu
de Pentecostés, que se localiza en
el Monte Scopus, cerca a la Universidad
de Israel. Sobre calles estrechas, con abigarrados
bazares, hay allí barrios de musulmanes,
judíos, cristianos y armenios. En
el costado occidental del antiguo templo
de Salomón sobrevive el llamado “Muro
de las Lamentaciones”, lugar sagrado
para los judíos desde cuando se les
impidió por años el acceso
a la gran explanada de su templo.
B) La Ciudad Nueva (de los judíos),
donde están los edificios del Knesset
(parlamento) y del gobierno, el Museo de
Israel, el Santuario del Libro (donde reposan
los famosos manuscritos o Rollos del Mar
Muerto), el Centro Médico de la Universidad
Hebrea y lujosos, modernos conjuntos residenciales.
C) Jesuralem Oriental, al norte
de la Ciudad Antigua, moderno sector residencial
árabe con el Museo Rockefeller y
su colección arqueológica.
¿Podrán
convivir en paz, en la misma ciudad, pueblos
y confesiones religiosas tan diferentes?
Y lo que es más difícil ¿podrá
ser Jerusalem simultáneamente sede
capital de dos Estados que se han peleado
por tanto tiempo y no se excluye que seguirán
enfrentados? ¿Cómo se podrá
asegurar el que la ciudad sea ciudad abierta
e internacional para todos, exigencia del
Vaticano ?
09 octubre 2000 |