El duelo Arafat – Sharon
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Un conflicto de nunca acabar

Por 54 años, el vecindario entre israelíes y palestinos se ha visto estremecido por cinco grandes guerras y se han intentado difíciles negociaciones. Pero son pocos los paréntesis de convivencia pacífica. Las guerras fueron las de 1948, al inicio del nuevo Estado; 1956, Canal del Suez; 1967 de los Seis Días; 1973 Yom Kipur y 1982 guerra del Líbano. Las principales de 16 negociaciones han sido las de Camp David (1978), los acuerdos de Oslo I y II (1983 y 1995), el de Wye Plantation (1998), la cumbre de Camp David con Clinton (2000) y la reciente declaración de Madrid (10 abril 2002). Pero ni los F–16 ni los tanques del Tsahal han dejado de sonar; y los sangrientos actos de terrorismo y contraterrorismo siguen día y noche. Estados Unidos acaba de imponer a Israel el dejar con vida y libre de movimientos a Yaser Arafat, presidente de la Autoridad Palestina (a quien tenía confinado en Ramalá) y ha solicitado a Israel un cese inmediato de la despiadada “operación limpieza” de supuestas infraestructuras terroristas, que venía haciendo en ciudades con alto número de palestinos.

 

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El núcleo del problema: Seguridad y Estado

Son muchos los ingredientes acumulados por años en esta contienda a muerte entre palestinos e israelíes. Raza, lengua, historia y tradiciones, religión, mentiras y verdades, logros de unos y fracasos de otros, cesiones en reclamos y compensaciones en daños. Pero el fondo del problema es político. Desde cuando las Naciones Unidas en 1947 – con 33 votos a favor y 13 en contra– crearon un Estado judío en Palestina, se consagró una partición arbitraria. Israel quedó como nuevo Estado, con territorio propio, pero sin fronteras seguras. Y los palestinos quedaron defraudados, con simples promesas de territorio y un Estado propio algún día. En la “blitzkrieg” de 1967, Israel cuadruplica su extensión territorial y despoja a sus vecinos de Jerusalem, Cisjordania y Gaza, el Golán y el Sinaí. Tras la guerra del Yom Kipur (1973), Israel comienza a negociar “seguridad por tierra”. En 1979 firma la paz con Egipto a cambio del Sinaí, convenio que ha funcionado. Tras los acuerdos de Oslo I y II, Israel reconoce a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) los territorios de la franja de Gaza y de Jericó en la Cisjordania. Pero el problema inicial no hace sino cambiar de cara: Israel sigue sin seguridad y los palestinos siguen sin Estado.

• El laborista Ehud BARAK, como primer Ministro israelí –con imaginación y decisión que fueron secundadas por el presidente Clinton– trató de llegar con Arafat a soluciones efectivas y rápidas. Pero en 22 meses de su gobierno, ni la Paz ni la Seguridad llegaron para Israel.

• En febrero 2001 se celebran elecciones adelantadas. El electorado israelí expresó su decepción por la política de Barak y prefirió darle crédito y carta blanca a Ariel SHARON, quien le prometió Seguridad. “Halcón” de larga data y “hombre duro”, había mostrado en el Líbano nervio militar (para muchos crueldad). Con pragmatismo prometió pacificar los territorios y acabar con la segunda Intifada, nombre que se la da al terrorismo fanático que grupos extremistas palestinos vienen aplicando a la sociedad israelí.

 

Ni Arafat ni Sharon

14 meses de la nueva Intifada y la correspondiente respuesta bélica por parte de Israel (sin contemplaciones con la población inerme palestina), han puesto el conflicto entre palestinos e israelíes en un “punto de no retorno”, de “locura colectiva”, con enormes costos para ambas partes.

• En la parte palestina, desde 1988 Yaser ARAFAT (actualmente de 73 años) ha sido respetado por propios y extraños como el líder legítimo de la causa palestina. En diciembre 1998 persuadió a la OLP (Organización para la Liberación Palestina) a declarar un Estado independiente palestino, renunció al terrorismo, aceptó la Resolución 242 de las Naciones Unidas y el derecho de Israel a existir. En 15 años Arafat ha dado pruebas de singular habilidad para sobrevivir a atentados, accidentes aéreos y graves equivocaciones, como fue el haber dado apoyo a Sadam Hussein en la Guerra del Golfo Pérsico, enajenándose la amistad y la ayuda monetaria de Kuwait, Arabia Saudita y otros países árabes. Pero a pesar de sus comportamientos zigzagueantes, propios y extraños juzgan que es preferible que Arafat siga como autoridad acatada y representativa de la Autonomía Palestina, y nó que grupos fanáticos extremistas (YIHAD ISLAMICA, HAMAS, HEZBOLA) llenen un vacío de poder que conduciría a total anarquía y a un caos inamanejable en una región tan explosiva. Tras el 11 de septiembre pasado, el mundo civilizado viene satanizando el recurso al terrorismo como método para el logro de cualquier objetivo, ya sea étnico o religioso o social o político. Se excluye hoy que el terrorismo sea la via apropiada para arreglar los asuntos en Palestina e Israel, en Afganistán, en Filipinas, en España, en Colombia. El mundo civilizado se pregunta: ¿Es que Arafat no quiere acabar con los grupos terroristas dentro de la ANP? ¿O es que Arafat no puede controlarlos y su autoridad no es efectiva? ¿O todo se debe a que, según el texto de Oslo, la ANP no tiene pleno poder de policía en sus territorios?

• En la parte israelí, las respuestas militares desmedidas del gobierno de Sharon no sólo han roto cualquier proceso de paz sino que no han traido seguridad a Israel y a sus 250.000 colonos en Cisjordania y Gaza. Peor aún, han sido contraproducentes. Como declaró recientemente a Time un integrante de la milicia Fatah Tazim de Arafat, quien escapó de la masacre del campo de Jenín: “Estamos muy agradecidos a Sharon, porque ha hecho que todo niño palestino, toda mujer palestina y todo hombre palestino odien a los judíos y odien a Israel”.

 

Conclusión

Los palestinos hacen terrorismo y esto radicaliza a Israel. E Israel reprime brutalmente y esto radicaliza a los palestinos. No se ve quién pueda ser el líder moderado y acatado que pueda suceder a Arafat como representante legítimo de la ANP. Y por ahora, no se ve inmediato el relevo del primer ministro Sharon, al que todavía apoyan políticamente el partido Likud (mayoritario) y varias facciones religiosas ultranacionalistas de su alianza. Pero es más fácil para Israel poner fin a la insensatez política de Sharon que ordenar la desocupación de los territorios ocupados desde 1967 y hacer sobre esa base la paz con los palestinos. ¿Cómo salir del fango y del dilema hamletiano: ‘to be or not to be’ ? El ser de cada uno está en juego.

6 mayo 2002