| El
núcleo del problema: Seguridad y
Estado
Son
muchos los ingredientes acumulados por años
en esta contienda a muerte entre palestinos
e israelíes. Raza, lengua, historia
y tradiciones, religión, mentiras
y verdades, logros de unos y fracasos de
otros, cesiones en reclamos y compensaciones
en daños. Pero el fondo del problema
es político. Desde cuando las Naciones
Unidas en 1947 – con 33 votos a favor
y 13 en contra– crearon un Estado
judío en Palestina, se consagró
una partición arbitraria. Israel
quedó como nuevo Estado, con territorio
propio, pero sin fronteras seguras. Y los
palestinos quedaron defraudados, con simples
promesas de territorio y un Estado propio
algún día. En la “blitzkrieg”
de 1967, Israel cuadruplica su extensión
territorial y despoja a sus vecinos de Jerusalem,
Cisjordania y Gaza, el Golán y el
Sinaí. Tras la guerra del Yom Kipur
(1973), Israel comienza a negociar “seguridad
por tierra”. En 1979 firma la
paz con Egipto a cambio del Sinaí,
convenio que ha funcionado. Tras los acuerdos
de Oslo I y II, Israel reconoce a la Autoridad
Nacional Palestina (ANP) los territorios
de la franja de Gaza y de Jericó
en la Cisjordania. Pero el problema inicial
no hace sino cambiar de cara: Israel
sigue sin seguridad y los palestinos siguen
sin Estado.
•
El laborista Ehud BARAK, como primer Ministro
israelí –con imaginación
y decisión que fueron secundadas
por el presidente Clinton– trató
de llegar con Arafat a soluciones efectivas
y rápidas. Pero en 22 meses de su
gobierno, ni la Paz ni la Seguridad llegaron
para Israel.
•
En febrero 2001 se celebran elecciones adelantadas.
El electorado israelí expresó
su decepción por la política
de Barak y prefirió darle crédito
y carta blanca a Ariel SHARON, quien le
prometió Seguridad. “Halcón”
de larga data y “hombre duro”,
había mostrado en el Líbano
nervio militar (para muchos crueldad). Con
pragmatismo prometió pacificar los
territorios y acabar con la segunda Intifada,
nombre que se la da al terrorismo fanático
que grupos extremistas palestinos vienen
aplicando a la sociedad israelí.
Ni Arafat ni Sharon
14
meses de la nueva Intifada y la
correspondiente respuesta bélica
por parte de Israel (sin contemplaciones
con la población inerme palestina),
han puesto el conflicto entre palestinos
e israelíes en un “punto de
no retorno”, de “locura colectiva”,
con enormes costos para ambas partes.
•
En la parte palestina, desde 1988 Yaser
ARAFAT (actualmente de 73 años) ha
sido respetado por propios y extraños
como el líder legítimo de
la causa palestina. En diciembre 1998 persuadió
a la OLP (Organización para la Liberación
Palestina) a declarar un Estado independiente
palestino, renunció al terrorismo,
aceptó la Resolución 242 de
las Naciones Unidas y el derecho de Israel
a existir. En 15 años Arafat ha dado
pruebas de singular habilidad para sobrevivir
a atentados, accidentes aéreos y
graves equivocaciones, como fue el haber
dado apoyo a Sadam Hussein en la Guerra
del Golfo Pérsico, enajenándose
la amistad y la ayuda monetaria de Kuwait,
Arabia Saudita y otros países árabes.
Pero a pesar de sus comportamientos zigzagueantes,
propios y extraños juzgan que es
preferible que Arafat siga como autoridad
acatada y representativa de la Autonomía
Palestina, y nó que grupos fanáticos
extremistas (YIHAD ISLAMICA, HAMAS, HEZBOLA)
llenen un vacío de poder que conduciría
a total anarquía y a un caos inamanejable
en una región tan explosiva. Tras
el 11 de septiembre pasado, el mundo civilizado
viene satanizando el recurso al terrorismo
como método para el logro de cualquier
objetivo, ya sea étnico o religioso
o social o político. Se excluye hoy
que el terrorismo sea la via apropiada para
arreglar los asuntos en Palestina e Israel,
en Afganistán, en Filipinas, en España,
en Colombia. El mundo civilizado se pregunta:
¿Es que Arafat no quiere acabar con
los grupos terroristas dentro de la ANP?
¿O es que Arafat no puede controlarlos
y su autoridad no es efectiva? ¿O
todo se debe a que, según el texto
de Oslo, la ANP no tiene pleno poder de
policía en sus territorios?
•
En la parte israelí, las respuestas
militares desmedidas del gobierno de Sharon
no sólo han roto cualquier proceso
de paz sino que no han traido seguridad
a Israel y a sus 250.000 colonos en Cisjordania
y Gaza. Peor aún, han sido contraproducentes.
Como declaró recientemente a Time
un integrante de la milicia Fatah Tazim
de Arafat, quien escapó de la masacre
del campo de Jenín: “Estamos
muy agradecidos a Sharon, porque ha hecho
que todo niño palestino, toda mujer
palestina y todo hombre palestino odien
a los judíos y odien a Israel”.
Conclusión
Los palestinos hacen terrorismo y esto
radicaliza a Israel. E Israel reprime brutalmente
y esto radicaliza a los palestinos. No se
ve quién pueda ser el líder
moderado y acatado que pueda suceder a Arafat
como representante legítimo de la
ANP. Y por ahora, no se ve inmediato el
relevo del primer ministro Sharon, al que
todavía apoyan políticamente
el partido Likud (mayoritario) y varias
facciones religiosas ultranacionalistas
de su alianza. Pero es más fácil
para Israel poner fin a la insensatez política
de Sharon que ordenar la desocupación
de los territorios ocupados desde 1967 y
hacer sobre esa base la paz con los palestinos.
¿Cómo salir del fango y del
dilema hamletiano: ‘to be or not to
be’ ? El ser de cada uno está
en juego.
6
mayo 2002 |