Uno
de los asuntos internacionales más
urgentes y delicados al que tendrá
que atender prioritariamente el nuevo
presidente Obama, se refiere a ese pequeño
pero explosivo lugar en el Medio Oriente,
cuna de civilizaciones que llevan seis
décadas disputándose israelíes
y palestinos. El pasado agosto, Discovery
Channel estrenó un valioso documental
titulado "Raíces del conflicto:
60 años de crisis en Medio Oriente".
En
1948, al final de la Segunda Guerra Mundial,
la Sociedad de Naciones otorgó
el territorio de lo que era un Protectorado
inglés para permitir la creación
del nuevo Estado de Israel. Desde entonces
las pugnas de las dos naciones (la judía
y la palestina) por asegurarse la supervivencia
o un mayor control del territorio compartido
o al menos una forma equitativa de convivencia
pacífica, han sido permanentes.
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| Hay
que reconocer que, en medio de ese recurrente
fuego cruzado, Israel no sólo ha
convertido un suelo desértico en
tierra feraz, sino que ha logrado construir
un Estado con libertades democráticas
reales aun en los periodos de guerra, con
un sistema jurídico independiente
y un sistema educativo impresionante. Contra
todo pronóstico, ha transformado
el desierto en una pujante nación
a la vanguardia de las más avanzadas
del mundo, y todo ello dentro de un Estado
plural y social de Derecho. Cuenta hoy con
una potente industria informática
y de fármacos genéricos, es
uno de los líderes mundiales en patentes
y en investigación de nuevos materiales,
es pionero en energía solar y su
industria de armamentos poderosa acaba de
desplazar al Reino Unido como cuarto exportador
mundial de armas.
Guerra y negociaciones
Por
60 años, el vecindario entre israelíes
y palestinos se ha visto estremecido por
seis grandes guerras y se han intentado
difíciles negociaciones. Son pocos
los paréntesis de convivencia pacífica.
Las guerras fueron las de 1948, al inicio
del nuevo Estado contra seis ejércitos
árabes; 1956 Canal del Suez; 1967
Blitzkrieg de los Seis Días; 1973
Yom Kipur; 1982 guerra del Líbano;
2006. Las principales de 16 negociaciones
han sido las de Camp David (1978), los acuerdos
de Oslo I y II (1983 y 1995), el de Wye
Plantation (1998), la cumbre de Camp David
con Clinton (2000) y la declaración
de Madrid (10 abril 2002). Pero ni los F–16
ni los tanques del Tsahal han dejado de
sonar; y los sangrientos actos de terrorismo
y contraterrorismo siguen día y noche.
El problema real de convivencia
Para
tener alguna idea del problema real de convivencia
pacífica de dos pueblos tan antagónicos
en la historia, basta echar unas cuentas.
En 20 años las dos poblaciones habrán
llegado a 15 millones. La mitad palestinos
y la mitad judíos Y el territorio
para ambos, el comprendido entre el Mediterráneo
(al occidente) y el río Jordán
(límite con Jordania) es de sólo
24.000 km2. Apenas el doble del territorio
del Estado Mérida. Ya sea que la
Autoridad Autónoma Palestina aumente
en un 20% su actual territorio (como lo
reclama), o Israel mantenga la mayor parte,
las dos poblaciones sufrirán una
grave presión territorial para su
autoabastecimiento agrícola, con
el agravante de que los pobladores palestinos
seguirán siendo islotes pobres distribuidos
entre un archipiélago opulento israelí.
Y
a los zig-zags de la guerra de siempre corresponde
al interior de Israel el zigzagueo de sus
aspiraciones aparentemente contradictorias:
1) la consolidación de la paz, sin
pagar a los palestinos el precio correspondiente;
2) la aceptación de la idea de un
Estado palestino (dentro de o vecino a Israel)
sin otorgarle su plena soberanía;
3) el manejo de la paz por una política
de Estado israelí, sin las fuertes
interferencias de las tres grandes familias
religiosas ortodoxas que alimentan posiciones
ultranacionalistas.
El núcleo político del conflicto
Son
muchos los ingredientes acumulados por años
en esta contienda a muerte entre palestinos
e israelíes. Pero el fondo del problema
es político. Desde cuando las Naciones
Unidas crearon un Estado judío en
Palestina, se consagró una partición
arbitraria. Israel quedó como nuevo
Estado, con territorio propio, pero sin
fronteras seguras. Y los palestinos quedaron
defraudados, con simples promesas de territorio
y de un Estado propio algún día.
Tras los acuerdos de Oslo I y II, Israel
reconoce a la Autoridad Nacional Palestina
(ANP) los territorios de la franja de Gaza
y de Jericó en la Cisjordania. Pero
el problema inicial no hace sino cambiar
de cara: Israel sigue sin seguridad y los
palestinos siguen sin Estado. La solución
de "dos Estados para dos Pueblos"
entrevista inicialmente, ha resultado en
el escandaloso fiasco actual de un rico
Estado de Israel y un pobre pueblo palestino.
Son tres los pilares sobre los que la comunidad
internacional debe ayudar a construir una
solución del conflicto:
1) un acuerdo político equilibrado,
2) restaurar la seguridad para ambos pueblos,
3) relanzar la economía para ambas
partes.
09 diciembre 2008 |