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Las
elecciones parlamentarias del pasado 20
de febrero han sido una helada política
que quemó las yemas primaverales
de una florescencia democrática
que venía alimentando, desde hace
7 años, el presidente de corte
liberal Mohamed Jatamí. El integrismo
teocrático del ayatolá Jamenei
y su Consejo de Guardianes ha enterrado
la ilusión modernizadora y democrática
que venía liderando pacientemente
Jatamí.
Jatamí
el timonel de un viraje
Culto,
discreto, bien educado, de finos modales,
persistente en sus objetivos y flexible
en sus métodos, el hodjatoleslam
Mohamed Jatamí, elegido Presidente
de la República Islámica
en 1997, venía siendo el conductor
apropiado de este gran movimiento de reforma
democrática contra un anquilosamiento
teocrático de la revolución
islámica del famoso Ayatolá
Jomeini. Resulta toda una hazaña
voltear el “establecimiento”,
contra los mismos que están arriba
controlándolo. Algo así
como lo que logró Mijail Gorbachov
en la Unión Soviética entre
los años 85 y 91, tanto en política
interna como en política internacional.
Produjo un remezón de trasparencia
en el manejo de lo público (glasnot)
y de democratización política
dentro de un régimen autocrático
y cerrado (perestroika). La lucha
en Irán es contra los conservadores
– a cuya cabeza está el Guía
supremo, el Faquí o Sumo Jurista,
actualmente Alí Jamenei–
quienes controlan el poder judicial, los
grandes medios de comunicación
de masas (radio y tv), el poder económico,
las policías y fuerzas armadas
y las milicias paramilitares que hacen
los trabajos sucios. La empresa de Jatamí
y sus seguidores era poner fin al poder
omnímodo del dogmatismo religioso,
que a través de los molás
han confiscado la revolución. Había
que llegar a establecer un pleno Estado
de derecho, un multipartidismo, la libertad
de opinión y de prensa, el derecho
de los intelectuales y de los innovadores
a la crítica, un mayor acceso de
las mujeres a los puestos de responsabilidad.
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Desmonte de la teocracia
En
este duelo, dentro del mundo shiita, lo
que en el fondo se cuestiona es el carácter
TEOCRATICO de la República Islámica.
Algo que interesa no sólo a Irán
sino a todo el mundo musulmán de
comienzos de este siglo. Personajes iraníes,
de gran solvencia intelectual y moral, como
el ayatolá Alí Montazeri (81
años, actualmente pagando prisión
en su casa y quien debía haber sucedido
como Guía a Jomeini) y el cheik Mohamed
Shabistari (profesor de filosofía
islámica en la Universidad de Teherán),
han expuesto razones contundentes en contra
de este anacronismo religioso (coránico),
que es incompatible con una plena democracia
moderna. “En el Islam no existe
ninguna forma obligatoria de instituciones
estatales. Así como un Gobierno que
se inspira en los valores supremos del Islam
es legítimo, así mismo un
Estado islámico no tiene sentido
a la luz de los textos sagrados. La institución
del Velayat Faquí pertenece al campo
de la política y no de la religión”.
Equivale a decir que la religión
del profeta Mahoma determina sobre todo
las obligaciones de los creyentes islámicos,
mientras que la democracia garantiza los
derechos de los ciudadanos. Si no hay compatibilidad
entre los dos polos, uno de ellos debe ceder.
Mucho debe haber de exageración y
fundamentalismo en la interpretación
que los “ulamas” y los “molás”
shiitas de Irán hacen del Corán,
para seguir imponiendo una pesada y anacrónica
teocracia (muy parecida a una monarquía
absoluta o a un totalitarismo), cuando en
el resto del mundo musulmán encontramos
muy variadas formas políticas en
los regímenes: unos conservadores
y otros progresistas; monarquías,
repúblicas y dictaduras; economías
capitalistas y economías socialistas.
Y si de legitimidad se trata, no puede olvidarse
que tanto el Presidente como el anterior
Parlamento iraníes provienen de una
clara elección popular del pueblo
soberano, mientras que el gran Faquí
se autosustenta de un invisible hilo que
guinda supuestamente de Alá. “El
que gobierna es el vigilante de Alá
sobre la tierra”. Por lo demás,
los intelectuales aperturistas, que defienden
las reformas, subrayan –con razón–
que debe distinguirse entre los principios
fundamentales del Corán (que son
pocos) y los innumerables juicios coyunturales
que hace 14 siglos correspondían
a una sociedad muy diferente de la nuestra.
Si el mismo Mahoma regresara ahora a nuestro
planeta dictaría normas muy diferentes
de conducta social y política. No
aceptaría que sólo una mujer
haya logrado quedar como diputada en el
nuevo Parlamento iraní de 192 escaños,
dominado totalmente por mulás y clérigos
fundamentalistas.
Cuando
una revolución necesita de revolución
Irán,
la antigua Persia, es uno de los países
con población más joven del
mundo. El 70% de sus 65 millones es menor
de 30 años. Y habría que añadir
otro 15% del resto de mujeres, para entender
las grandes esperanzas que venían
animando a los sectores estudiantiles, femeninos
y de intelectuales reformistas que apoyaban
la política progresista del presidente
Jatamí. Todo ello se ha derrumbado
ante la elección de un Parlamento
homogéneo de claro corte conservador,
clerical e integrista como lo impuso el
gran Faquí y su poderoso Consejo
de Guardianes. La brecha entre el régimen
autocrático y el pueblo de ciudadanos
no ha hecho sino ahondarse. Jatamí
encarnaba la vía de las reformas.
Así lo consignó en su discurso
del 11 de febrero en la plaza Azadi (Libertad)
celebrando los 25 años de la Revolución.
“La Tercera Vía en la que yo
creo es la de la República Islámica,
la de las reformas…Los iraníes
tienen ante sí la vía de los
que quieren imitar a Occidente…o la
del extremismo de quienes se oponen a la
libertad y la democracia en el nombre de
la religión, aparentemente según
el modelo de los últimos años
en Afganistán”. Al fracasar
la reforma del paso a paso, no queda sino
la vía de un aventurado radicalismo
enfrentado a la represión de un talibanismo
consolidado. El molá rebelde, Mohsen
Dadivar ha afirmado que “una oposición
interior fuerte y la presión exterior
forzarán la desintegración
pacífica de la teocracia y la aparición
de una república democrática”.
Y Reza Jatamí, hermano de Mohamed
Jatamí, ha afirmado que “los
iraníes llevan la democracia dentro
y por ello el país no puede caminar
hacia la dictadura”. Pero son afirmaciones
que se nos antojan ingenuas e ilusas. ¡Cuántos
pueblos conocemos que también llevan
muy dentro la democracia y siguen caminando
hacia la dictadura como ovejas al matadero!
marzo 03, 2004 |
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