China capitalista: una tercera vía
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El 16 Congreso del Partido Comunista Chino, reunido en Beijing (Pekín) del 8 al 14 de noviembre, tiene un enorme significado no sólo para los 1.300 millones de chinos sino para todo el mundo. Los observadores de fuera de China con frecuencia retenemos sólo aquellos trágicos momentos por los que ha pasado en su historia. Los miles que murieron cuando se construyó la Gran Muralla, el caos de la masacre de jóvenes universitarios en la Plaza de Tiannamen el 4 de junio 1989. Pero hoy, la cuarta generación de chinos en la actual República Popular no quieren saber nada de ese pasado. Ha remplazado el culto de la historia por el culto de lo nuevo. Hoy China es un jugador de las grandes ligas del mundo diplomático, es miembro de la Organización Mundial del Comercio, es un gigantesco país que viene de años atrás a un ritmo de crecimiento de 10% anual y que comienza a inundar con sus productos todos los rincones del mundo. Y se estima que dentro de 10-20 años, China estará en la vanguardia del mundo con su industria produciendo chips y jumbos para las grandes potencias, sus astronautas plantando la bandera en alguna colina de Marte, tras haber sus deportistas cosechado medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing, en el 2008.

 

EL 16º CONGRESO COMUNISTA CHINO

La amplia y moderna arquitectura de la Sala en la que sesionó el Congreso con sus 2.114 delegados (de ellos 300 que conforman el Comité Central), en representación de los 66 millones de miembros del Partido Comunista Chino, fue testigo de una transferencia de poder ordenada, pacífica, sin previas “purgas” ni silenciamiento de adversarios como ocurría antes. Un magnífico ejemplo de lo que es la actual madurez política y la observancia de la ley en las esferas más altas del Comunismo en China Las dos grades tareas a las que debió atender el Congreso del PCCh (Partido Comunista Chino) fueron:

 

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consagrar a los nuevos líderes del Partido y 2) trazar el derrotero que mantendrá el monopolio leninista en el poder, en una China que hace años dejó a un lado la ortodoxia comunista económica e ideológica. En la selección de los nuevos jefes, El Congreso fue tajante. De la vieja guardia anterior de 7 miembros sólo dejó a HU JINTAO, quien venía ejerciendo la Vicepresidencia y quedó designado como Secretario General del Partido, remplazando a Jiang Zemin (75 años), quien se desempeñó por 13 años en el vértice de la Nomenklatura china y deberá entregar la Presidencia de la República al comienzo del 2003. Fueron relevados en sus cargos dirigentes de mucho poder y experiencia como Li Peng (73 años, presidente de la Asamblea Nacional del Pueblo y había sido Primer Ministro antes); Zhu Rongji (73 años, Primer Ministro); Li Rulhuan (presidente de la segunda Cámara del Parlamento).

Para la nueva Larga Marcha de estabilidad y progreso en China, el Congreso acogió -insertándola en el texto de la Constitución vigentela propuesta de los tres símbolos patrios” del presidente Zemin, a saber:
• el Marxismo-Leninismo,
• el Pensamiento de Mao Sedung y
• la Teoría de Den Xiaoping.

EL NUEVO TIMONEL

Biografía. HU JINTAO nace en Shanghai en 1942, en el seno de una familia comerciante de te, que se muda a la provincia de Jiangsu, donde hace su high school y en 1959 gana un cupo en la prestigiosa universidad Qinghua en Beijing. Allí ingresa a la Liga de Jóvenes comunistas y es secretario del Grupo de Danzas. En 1965 se gradúa como Ingeniero hidráulico y obtiene un cargo como profesor e “instructor político” en marxismo. Cuando la caótica Revolución Cultural de las “boinas rojas” fue enviado a levantar casas para campesinos desplazados por la construcción de una represa. En 1982 lo encontramos en un cargo nacional como subsecretario de la Liga de Jóvenes Comunistas en la que asciende –dos años después- como Secretarsio, con fama de alinearse con líderes modernizantes como Hu Yaobang quien fue su mentor, pero que fue purgado” por el gran reformista Den Xiaoping por ir demasiado aprisa en su afán de reformas políticas. Como dato curioso de esa época se anota la campaña que promovió de airear los campuses universitarios de China con fiestas y bailes por todo el país, que ayudaran a superar los hábitos sociales y mentales de una juventud todavía muy conservadora. Lo encontramos más tarde como jefe del Partido en la remota provincia de Guizhou, donde hábilmente manejó un vantamiento de estudiantes que exigían reformas más rápidas. Con lo ocurrido a su maestro Hu Yaobang, aprendió la lección de que no se pueden empujar las reformas más rápido de lo que toleran sus jefes. Hay que tomarse su tiempo y construir una base de apoyo antes de introducir algo drástico”. En 1988, Hu es designado jefe del Partido de la turbulenta región del Tibet. Su desempeño parece agradó a Den Xiaoping, quien lo instaló en Beijing como el 7º y más joven miembro del Comité del Politburo, aparente heredero de Jiang Zemin, y un año más tarde como rector de la Universidad Central del Partido en las afueras de la capital.

Perfil. Hu, 59 años, es un tecnócrata, de peinado impecable y experto danzarín. A pesar de lo joven, ha venido escalando con éxito los más diversos cargos del Partido. Es esquivo a las controversias y al “pantalleo”. Tiene inclinaciones liberales, pero no impacienta a los mayores de línea dura. Su misión no es fácil. Deberá conducir a China hacia una era post-comunista, prosiguiendo los cambios y reformas iniciadas por el genio de Den Xiaoping, pero sin acelerar demasiado las reformas políticas que podrían hacer perder la estabilidad lograda por el régimen. Por ahora, no parece que pueda ser el hombre del cambio fuerte. Debe mantenerse como el fiel de una balanza entre fuerzas muy progresistas (como Li Ruihuan, Zeng Qinghong y Lu Gan) y dirigentes moderados como el mismo presidente Jiang Zemin, que tras bambalinas seguirá reteniendo mucho poder sobre el mayor ejército del mundo.

. Retos. Son enormes los desafíos que debe enfrentar el nuevo Timonel. Los logros de una década de estabilidad y desarrollo económico han generado en millones de chinos aspiraciones que van mucho más allá de eso. Hu debe continuar por otros 10-20 años el proceso de reforma de la gigantesca China, de su acelerada modernización y de su apertura global; y ello sin que se convierta en una amenaza para la paz del mundo. La sabiduría china le aconseja al nuevo mandatario, que podría ser tentado de convertirse en otro mandarín, a “vadear el río tanteando las piedras”.

 

Observatorio 25 noviembre 2002