El
primer premio Nobel de Literatura para
un escritor chino recayó el pasado
12 de octubre en Gao Xingjian, un despreciable
disidente, “gusano” o activista
traidor para el todopoderoso régimen
comunista chino, y para nosotros sencillamente
un desconocido.
100
años de premios Nobel
El
famoso galardón sueco acaba de
cumplir su primer siglo de existencia.
Para quienes han llegado a recibirlo en
Estocolmo el premio ha implicado un largo
viaje. Para ninguno de ellos es un golpe
de suerte ni el ganarse de la noche a
la mañana una lotería o
kino. Es una orquídea cultivada
con esmero en la oquedad oscura de una
roca o una rara planta, que sobrevive
por años y con escasa agua, junto
a las dunas de algún desierto.
El Nobel en alguna de las ramas de la
ciencia, en letras, en procesos de paz,
es el reconocimiento –a veces tardío–
a méritos acumulados por una larga
paciencia de investigación, de
escritura, de diplomacia. En el campo
de las varias ciencias llama la atención
el excesivo favoritismo que viene dándose
en el otorgamiento del premio a los norteamericanos,
así como antes de la segunda guerra
mundial era para los europeos. En los
últimos 30 años, de los
70 laureados 40 han sido estadounidenses,
aunque algunos de ellos nacidos en otro
pais. Acerca de éste predominio
una periodista preguntó recientemente
a Phillip Schewe, miembro del Instituto
Americano de Física, si se debía
a que los norteamericanos eran más
inteligentes. Su respuesta fue: “Probablemente
no. Creo que se debe a que hay más
dinero involucrado en investigación”.
En letras y paz, los premios Nobel se
han venido distribuyendo más ampliamente
por todos los continentes y aun países
de poca significación mundial,
como es el caso de García Márquez
(Colombia), Arias (Costa Rica), Rigoberta
Menchú (Guatemala), Carlos Belo
y Ramos Horta (Timor Oriental). Sin embargo,
los últimos cinco Nobel de Literatura
han sido todos para europeos: 1999 Günther
Grass (Alemania); 1998 José Saramago
(Portugal); 1997 Darío Fo (Italia);
1996 Wislawa Szymborska (Polonia), 1995
Seamus Heaney (Irlanda).
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| Un
Nobel para la otra orilla
“La
otra orilla” es el título
de una obra de Gao que fue prohibida por
el Gobierno chino. Fue el nombre escogido
por la prestigiosa Editorial Norma de Colombia
para una interesante colección de
contraste radical de autores y opiniones.
Para el régimen comunista chino,
“la otra orilla” es
todo el mundo occidental, burgués,
capitalista. Para los gobernantes chinos,
Gao no es un artista ni un buen escritor,
sino un activista desafecto al régimen,
aunque nunca militó abiertamente
en la oposición. No puede descartarse,
por consiguiente, que en el otorgamiento
del premio a Gao por la Academia sueca haya
contado el propósito no sólo
de distinguir a un escritor con suficientes
méritos propios, sino también
el exaltar al exilio chino y fustigar al
régimen comunista de Beijing por
sus acciones represivas y violación
de derechos humanos. Algo así como
la canonización pública de
varias decenas de mártires chinos
que fueron víctimas del régimen
comunista, que hace poco Juan Pablo IIº
llevó a cabo, en la Plaza de San
Pedro, cuando precisamente la República
Popular China celebraba ese domingo sus
50 años.
Viaje
de Gao a la montaña del alma
•
GAO XINGJIAN nació en la provincia
de Jianxi en 1940. Hace más de 40
años se inició como periodista
y está escribiendo poesías,
novelas y obras de teatro. Es además
pintor. Durante la Revolución Cultural
de 1966 a 1979, cuando los “guardias
rojos” purgaron implacablemente a
quienes por su inteligencia o méritos
consideraban “burgueses” (así
consideraban a Den–Xiao–Ping),
Gao estuvo internado en un campo de trabajos
forzados, donde fue obligado a destruir
todos sus escritos, varias novelas, estudios
sobre la estética y quince obras
de teatro. Es difícil imaginar la
tragedia personal y familiar que significa
el que un escritor tenga que hacer desaparecer
sus obras –fruto amado de muchos años–
porque no son del gusto del régimen
de turno, o tenga que escribirlas desde
una cárcel. Gao era ya conocido en
China y el exterior por sus obras teatrales
como “Señal de Alarma“
(Jueduixinhao) y “La Parada del
autobús” (Chenzhan). Gao
abandonó el Partido comunista y se
convirtió en disidente a raíz
de la masacre de la Plaza de Tiannamen,
junio 1989, cuando el gobierno aplastó
con tanques el naciente movimiento democrático
de jóvenes universitarios. Ese año
se exilió en Francia, donde publicó
en francés su obra cumbre “La
Montaña del Alma”, y desde
hace 2 años tiene ciudadanía
francesa.
•
“LA MONTAÑA DEL ALMA”
(Lingshan), publicada en francés
en 1994, parece ser su obra cumbre. Es una
especie de odisea china de alguien en búsqueda
de respuestas, de paz interior y sobre todo
de libertad. Toma la forma de un largo viaje
a lo largo del río Yagtze, por una
majestuosa geografía china, hasta
llegar a una montaña mítica,
cuna de una antiquísima cultura,
donde el viajero espera encontrar la solución
a sus enigmas. Es una especie de diario
de viaje, mezclado con una serie de fábulas,
historias de amor, confrontaciones políticas
y reflexiones filosóficas. Como bien
advierte el autorizado crítico literario
colombiano, Leopoldo Villar Borda, hay dos
influjos advertibles en esta obra, que recomiendan
su calidad. El primero, “Viaje
al Oeste ”, clásica novela
china del siglo XVI, atribuída a
Wu Cheng’en y considerada en China
como el Don Quijote en nuestro mundo hispánico
o Hamlet en el angloparlante. Cuenta la
aventura de un monje que recorre China hacia
occidente, sufre toda suerte de pruebas
y tormentos, y finalmente logra descubrir
las escrituras escondidas en una montaña
inaccesible, cuyas cumbres rozan el cielo.
El otro influjo es el de Lu Xun, padre de
la literatura china contemporànea,
cuyo lenguaje conciso y refinado parece
haber sido asimilado por el nuevo Nobel.
Como Lu Xun, Gao trasmite la ideas y describe
las imágenes con frases cortas y
palabras precisas. Ediciones del Bronce,
que pertenece al grupo Planeta, ofrece tenernos
la edición española para comienzos
del 2001, y será uno de nuestros
más leidos y provechosos best sellers.
Seguro que tras un recorrido por aldeas
y etnias de la China profunda (más
honda que la comunista actual), podremos
tocar la Montaña mágica, donde
se aplacan todas las tensiones que el pernicioso
Yo provoca en cada uno de nosotros.
6 noviembre 2000 |