China
construye su historia no por años
sino por milenios. Cuando la dinastía
Shang (16 siglos antes de Cristo) la comenzó
a escribir en los anales de la humanidad,
ya habían transcurrido 500.000
años desde el vagabundeo del "hombre
de Pekín" por tierras del
norte de la actual República Popular
China. En la anterior columna comenté
la designación que hizo el reciente
16º Congreso del Partido Comunista
Chino de Hu Jintao como Secretario General
y próximo Presidente. Pero dicho
Congreso también trazó las
líneas maestras para la conducción
del Partido y del país en los próximos10-20
años. Lo cual nos plantea una reflexión.
Economía
y política
China
comunista ha venido aplicando exitosamente
la fórmula ideada por Den Xiaoping, que
fue consagrada por el Partido Comunista
Chino en setiembre 1977 y reafirmada por
el 14º Congreso del Partido en 1992. Han
sido 25 años de reformas económicas y
sociales, audaces y modernizadoras. Pero
todo ello sin apertura política. El secreto
de ésta modernización ha consistido en
juntar simultáneamente un efectivo y alto
CRECIMIENTO ECONOMICO con un obsesivo
cuidado por mantener la ESTABILIDAD.
Para
Deng-Xiaoping estuvo siempre claro que
el embarcar a su gigantesco país en la
construcción de una economía de libre
mercado tenía que hacerse bajo la ley
de hierro del rígido sistema político
comunista: "La gente debe ser libre para
hacerse rica, pero no para conspirar ni
para cuestionar ni para cambiar sus líderes.
Las libertades económicas deben coexistir
con una estricta disciplina política.
China debe continuar siendo regida por
hombres y no por leyes", declaró a Time
(march 3, 1997, p.30). Con razón Jean-Louis
Rocca, de Le Monde Diplomatique, designó
a esta modernización como "paradógica".
Es una modernización por la cual China
ha entrado, por su racional eficacia económica,
al mundo moderno (o postmoderno).
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| Pero
es paradógica porque, a la vez, está lejos
de la modernidad, que implica rechazo a
las formas autoritarias y nodemocráticas
de gobierno. La liberalización económica
china no puede, en manera alguna, quitar
al Partido Comunista el monopolio del poder.
"Hay que extirpar en el huevo toda tentativa
de estructurar de manera transversal estas
protestas dispersas, locales, a veces categoriales",
fue por 13 años la consigna de Jiang Zemin.
Y la virulencia de la represión policial
contra los jóvenes universitarios en la
plaza de Tiannamen en 1989 y contra el movimiento
místico Fa Lun Gong -que había logrado federarse
de forma clandestina-, muestra bien hasta
qué punto el régimen de Beijing (a contrapelo
de su diplomacia sonriente sobre los derechos
humanos), aplasta toda veleidad que cuestione
su monopolio. El proceso de enriquecimiento
económico debe proseguirse, pues, dentro
de la "estabilidad" política. Pero la percepción
que se tiene de ésta por los dirigentes
chinos equivale a una defensa a ultranza
del "status quo" del poder comunista y no
propiamente a una defensa del "Estado de
derecho" como lo entendemos en occidente.
Un
neoliberalismo a la China
Es
bien interesante observar cómo en China
comunista se ha logrado en los últimos 20
años una extraña combinación de estatismo
y libre mercado, es decir, de régimen autoritario
y de neoliberalismo económico. Se ha impulsado
la producción de bienes, bajo una rígida
planificación estatal, buscando favorecer
un bienestar colectivo. Y se ha dejado progresivamente
la distribución de esos bienes al libre
mercado. Lo que inevitablemente favorece
a unas minorías. Y así ha ocurrido en China
comunista. Los grandes emporios industriales
ubicados en los polos de desarrollo de la
Costa Pacífica, con sus trabajadores de
alto ingreso, contrastan con el subdesarrollo
de los campesinos en los campos y poblados.
Exitosos
empresarios pueden ya ser miembros plenos
del Partido Comunista y sus decisiones y
alianzas seguramente pesarán más que los
intereses de los simples proletarios. Los
conflictos sociales comienzan a agudizarse
entre individuos y comunidad, entre localidades
y regiones entre sí. No será fácil para
el sistema cerrado de partido único -que
hasta ahora ha bloqueado cualquier reforma
interna- dar respuesta a las cada día mayores
exigencias del pueblo, sin tener que seguir
recurriendo a la represión policial o armada.
¿Estabilidad
o cambio?
¿El
nuevo timonel, Hu Jintao, seguirá prefiriendo
la "estabilidad" a una riesgosa "apertura"
de las instituciones políticas, de modo
que pudieran éstas procesar mejor las crecientes
demandas de la sociedad china? Ningún nuevo
dirigente habla todavía de ir hacia una
"plena democracia". A Wei Jingheng le costó
una prisión de 15 años el haberla propuesto
en 1978, en su ensayo "La Quinta Modernización".
Y más recientemente Li Ruihuan -el más liberal
de los dirigentes comunistasdurante el período
de Jiang Zemin, tuvo que permanecer recluido
en un discreto silencio. Hu Jintao - al
presentar a los medios de comunicación el
nuevo Comité del Politburó, el pasado 15
noviembre ha sugerido que su política tendrá
que seguir siendo gradualista, puesto que
estará ceñida a los "tres referentes ideológicos"
adoptados por el 16º Congreso del Partido,
a saber: el Marxismo-Leninismo, el Pensamiento
de Mao Sedung y la Teoría de Den Xiaoping.
Dentro de esos carriles, su gobierno asume
grandes tareas hacia el futuro:
"* adaptarse a las exigencias de los tiempos,
* trabajar duro por construir una sociedad
exitosa en todos los campos,
* acelerar la modernización socialista,
* y trazar una nueva pista en la construcción
del socialismo con características chinas"(
New York Times). Con Jintao, el crecimiento
económico y la modernización social de China
comunista seguirán adelante. Pero hay observadores
serios que advierten que no todo lo chino
puede seguir viéndose, en occcidente, color
de rosa.
El
sinólogo japonés Mineo Nakajima ha dicho
que "China luce maravillosa. Pero es una
ilusión. Es como un set de cine". Es conocida
la anécdota, puesta en boca de Bolívar,
de un loco griego quien desde las colinas
de Atenas pretendía dirigir los barcos en
alta mar que estaban más allá del Pireo.
No es dable, desde tan lejos, señalarle
a China su camino apropiado ni decirle a
su nuevo timonel cómo debe conducir la nave.
Sería arrogancia inexcusable. De todos modos,
el sabio consejo que nos sigue dando China,
sobre todo a nosotros los latinos, es: "Paciencia.
Todo eso requiere tiempo (Xujao
shijian)".
2 diciembre 2002 |