China
construye su historia no por años
sino por milenios. Cuando la dinastía
Shang (16 siglos antes de Cristo) la comenzó
a escribir en los anales de la humanidad,
ya habían transcurrido 500.000
años desde el vagabundeo del “hombre
de Pekín” por tierras del
norte de la actual República. El
pasado viernes 1º de octubre, China
celebró con gran fanfarria el medio
siglo de la actual República Popular
China. La celebración fue vistosa
e impecable, subrayando los grandes logros
de los 50 años de la Revolución
Comunista China: la patria, el socialismo,
la modernización.
El
presidente Jiang Zemin, en traje gris
tipo Mao, de pie en una limosina marca
“Bandera Roja”, pasó
revista a las tropas alineadas frente
a la entrada de la Ciudad Prohibida y
conjugó, en su discurso, ortodoxia
ideológica y exaltación
patriótica. La gran plaza de Tiananmen
fue el escenario de un largo desfile militar
durante 40 minutos. Pasaron en revista
aviones en vuelo como el famoso bombardero
“Leopardo” (FBC–1) y
cazas Jian–8 o F–8; misiles
de corto alcance DF–11 y DF–15,
suficientes para llegarle a Taiwan; y
el misil balístico intercontinental
DF–31, que con un alcance de 8.000
kms. puede tocar la costa pacífica
de Estados Unidos. La ceremonia terminó
con un multicolor desfile de carrozas
que simbolizaban los temas de la modernización
económica del país: pozos
de petróleo, campos de trigo, diques
hidráulicos.
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LA REVOLUCION DE MAO
En
el centro de Shenyang, como en el de otras
muchas ciudades chinas, se levanta una gigantesca
estatua de Mao Sedung. El Timonel levanta
el brazo hacia un porvenir radiante. En
su base reposan las tallas de héroes
proletarios, bien musculados y exultantes.
A su alrededor, los colegiales de hoy por
las tardes juegan badminton, se deslizan
en patines de ruedas, tocan guitarra, disfrutan
de las ventajas de la revolución
en marcha que les legó el gran conductor.
La República Popular China, proclamada
en 1949 por Mao Zedung, ha estado marcada
por largos períodos de un cuidadoso
desarrollo práctico, mezclados con
períodos breves de intensa movilización
ideológica En 1971, China comunista
logra su admisión en las Naciones
Unidas, con la correspondiente exclusión
de Taiwan, en donde el régimen nacionalista
de Chiang-Kai-Shek se había refugiado.
A la muerte de Mao Zedung, en 1976, Den-Xioping
logra liquidar el radical “Gang de
los Cuatro” (comandado por Jiang Qing,
la intrigante viuda de Mao ) y emerge como
nuevo gran Timonel de China comunista. Inicia
una activa política de apertura hacia
EUA, en donde sabía que obtendría
la tecnología y la modernización
económica que requería China.
En 1978 Deng hace adoptar una nueva Constitución,
de corte más técnico y pragmático,
que fundamenta la construcción de
un Estado socialista moderno, dando énfasis
a lo cultural y técnico sobre lo
simplemente económico, y logra conjugar
equilibradamente cambio con tradición.
La quinta Constitución china, la
de 1982, reafirmó esta línea.
20
AÑOS DE REFORMAS
Para
cualquier sistema político del mundo,
no es pequeña tarea sacar del atraso
un país que tiene el segundo territorio
más vasto del planeta, conducir organizadamente
1.200 millones de habitantes (el 20% de
la actual población mundial), e intentar
un salto audaz y significativo hacia delante,
para el nuevo milenio. Ese diminuto gran
hombre que fue Deng Xiaoping (muerto a los
92 años de edad el 19 de febrero
de 1997) intentó dicha tarea con
pragmatismo. Pero lo hizo sin provocar el
rompimiento de la férrea estructura
política de un sistema basado en
el Partido Unico, el Comunista. Deng logró
en 20 años poner a funcionar una
serie de reformas económicas y sociales,
audaces y modernizadoras, pero sin apertura
política. Todo ello fue después
consagrado por el Congreso del Partido Comunista
Chino (en septiembre 1977), y explica el
actual éxito de China comunista,
presidida por Jiang Zemin (72 años).
•
El secreto de ésta modernización
ha consistido en juntar simultáneamente
un efectivo y alto CRECIMIENTO ECONOMICO
con un obsesivo cuidado por mantener la
ESTABILIDAD. Para Deng-Xiaoping estuvo siempre
claro que el embarcar a su gigantesco país
en la construcción de una economía
de libre mercado tenía que hacerse
bajo la ley de hierro del rígido
sistema político comunista: "La
gente debe ser libre para hacerse rica,
pero no para conspirar ni para cuestionar
ni para cambiar sus líderes. Las
libertades económicas deben coexistir
con una estricta disciplina política.
China debe continuar siendo regida por hombres
y no por leyes" (Time, march 3, 1997,
p.30). Con razón Jean–Louis
Rocca, de Le Monde Diplomatique, designa
a esta modernización como “paradójica”.
Es una modernización por la cual
China ha entrado, por su racional eficacia
económica, al mundo moderno (o postmoderno).
Pero es paradójica porque, a la vez,
está lejos de la modernidad, que
implica rechazo a las formas autoritarias
y no–democráticas de gobierno.
La liberalización económica
china no puede, en manera alguna, quitar
al Partido Comunista el monopolio del poder.
“Hay que extirpar en el huevo toda
tentativa de estructurar de manera transversal
estas protestas dispersas, locales, a veces
categoriales”, ha sido la consigna
de Zamir. Y la virulencia de la reciente
represión policial contra el movimiento
místico Fa Lun Gong, que había
logrado federarse de forma clandestina,
muestra bien hasta qué punto el régimen
(a contrapelo de su diplomacia sonriente
sobre los derechos humanos), está
resuelto a aplastar toda veleidad que cuestione
su monopolio. El actual primer ministro,
Zhu Rongji, fue muy explícito al
respecto, el jueves 30 de setiembre (un
día antes de la fastuosa celebración
del 1º de octubre), en su discurso
pronunciado en el Palacio del Pueblo: “Nosotros
debemos reprimir firmemente toda las actividades
criminales a fin de mantener la estabilidad
social y la seguridad del Estado. La experiencia
histórica muestra que nada puede
alcanzarse sin la estabilidad”. El
proceso de enriquecimiento económico
debe proseguirse, pues, dentro de la estabilidad
política. Pero la percepción
que se tiene de ésta por los dirigentes
chinos es la de una defensa a ultranza del
“status quo” del poder comunista
y no propiamente una defensa del “Estado
de derecho” como la entendemos en
occidente.
¿CUAL
ES LA REALIDAD CHINA?
La
respuesta sencilla es que no hay respuesta
sencilla. Su realidad es muy compleja y
ambigua. A pesar del crecimiento económico
y la modernización social innegables
de China comunista, hay observadores serios
que advierten que no todo es color de rosa.
El sinólogo japonés Mineo
Nakajima ha dicho que “China luce
maravillosa. Pero es una ilusión.
Es como un set de cine”. Es conocida
la anécdota, puesta en boca de Bolívar,
de un loco griego quien desde las colinas
de Atenas pretendía dirigir los barcos
en alta mar que estaban más allá
del Pireo. No es dable, desde tan lejos,
señalarle a China su camino apropiado
ni decirle a sus timoneles cómo deben
conducir la nave. China tiene demasiados
rostros. Es el país de las mil caras.
La alta y sofisticada tecnología
que está adquiriendo de Estados Unidos,
puede utlizarla para uso civil pacífico
o para uso militar. Puede ser benigna o
maligna; mejor o no lo bastante buena. A
quien le preocupa China comunista, tiene
mucho de qué preocuparse.
Observatorio 25 octubre 1999
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