Obama,
el nuevo presidente de Estados Unidos
ha dicho que dentro de sus prioridades
internacionales figura el tener algún
progreso alrededor del problema Israel-Palestina.
Estos son buenos augurios.
Una guerra de nunca acabar
Israel-Palestina es la frontera donde
se enfrentan dos concepciones del mundo
y dos territorios antagónicos.
Ahí la tensión es tan alta,
que pareciera ser el sitio donde se chocan
las placas tectónicas de dos continentes.
Es un límite frágil, de
donde puede surgir una conflagración
mundial. Más vale que allá
se alcance la coexistencia pacífica
de dos Estados, uno para los palestinos
y otro para los israelíes. Y si
no coexistencia pacífica, al menos
una guerra fría aunque fuera larga.
Recordemos que al final de la Segunda
Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones
otorgó el territorio de lo que
era un Protectorado inglés para
la creación del nuevo Estado de
Israel. Desde entonces las pugnas de las
dos naciones (la judía y la palestina)
han sido incesantes y recurrentes, con
momentos fuertes (seis guerras) y momentos
de negociación (dieciséis
ocasiones importantes). Ambas naciones
tratan de asegurarse la supervivencia,
un mayor control del territorio compartido
o al menos una forma equitativa de convivencia
pacífica.
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El terrorismo de Hamas
Israel, es un país nacido a la fuerza
en una tierra enemiga (aunque fuera posesión
dada por Yahvé al pueblo judío
hace más de 2.000 años). Es
un país rodeado de poblaciones hostiles,
y cuando lo tocan u hostigan, tiende a desquitarse
haciendo un uso desmedido de su poderío
militar. La memoria histórica de
la tragedia sufrida por el pueblo judío
durante siglos -especialmente desde el exterminio
del Holocausto en la infame era de Hitler-
lo ha convertido en un país con reflejos
furiosos, paranoicos, muy dado a la hiperreacción
frente a amenazas reales o imaginadas. No
suele cobrar ojo por ojo -aplicando la ley
talmúdica del talión-, sino
que por cada ojo que le sacan, extirpa cien
o elimina al adversario. Es lo que acaba
de mostrar en la franja de Gaza, para contrarrestar
y castigar el permanente terrorismo de las
milicias de Hamas contra su territorio.
El Movimiento de Resistencia Islámica
(HAMAS), creado en diciembre 1987 por un
grupo de militantes islamistas que decían
pertenecer a los Hermanos Musulmanes, lanzó
una primera de muchas sublevaciones populares
(Intifadas) contra la ocupación
israelí. Hamas no reconoce el Estado
de Israel y se ha mantenido como un enconado
opositor de valiosos y promisorios acuerdos
como los logrados en Oslo (1983 y 1995),
Camp David (2000), Madrid (2003). El propósito
de su odio visceral es la destrucción
de Israel, en sintonía con las amenazas
de Ahmedineyad de Irán. La situación
se complicó desde que en junio de
2007 -habiendo reconocido Israel de tiempo
atrás cuando los tratados de Oslo,
la Autonomía Nacional Palestina y
adjudicado a ella territorios de Gaza y
Cisjordania- Hamas ganó una mayoría
significativa participando sin dejar las
armas en una ingenua consulta democrática
convocada por el presidente moderado de
la Autoridad Palestina Mahmud Abbas. Y Hamas
sigue parapeteado tras dicho control parcial
y violento de Gaza. Hamas e Israel acaban
de pasar a los actos violentos. Dejaron
de gruñir y se agarraron a mordiscos.
Sin embargo, no podemos olvidar que el perro
israelí muerde más duro (como
lo acaba de mostrar), pero los perros árabes
son muchos más y se esconden aun
debajo de las faldas de la población
civil.
El
desafío para Obama e Hillary Clinton
El objetivo inmediato en la política
exterior norteamericana es el cese duradero
al fuego. Algo que es posible en estas primeras
semanas de la Administración, porque
ambos Israel y Hamas pueden estar listos
para ello. En vísperas de las elecciones
en Israel, el 10 de febrero, ninguno de
los dos candidatos (ni la Ministra de Relaciones
Exteriores Livni ni Barak el Ministro de
Defensa) querrá sufrir los costos
o consecuencias de una invasión de
gran escala y de una prolongada ocupación
de campos de refugiados y de ciudades palestinas
donde hay influjo de Hamas. Por otro lado,
a pesar de lo realmente golpeado que esté
por la ofensiva de Israel, Hamas no quiere
perder lo que le resta de control de Gaza.
Para ambos contendores, esta pasada guerra
de veinte días debe culminar en un
cese al fuego más duradero que el
anterior que fue de cinco meses.
Los términos de un nuevo arreglo
están ya señalados por la
que se llama Hoja de Ruta (30 abril 2003)
o sea el Plan de Paz de los Cuatro de Madrid
(Onu, Estados Unidos, Unión Europea
y Rusia). Los términos incluyen no
fuego de rockets contra civiles israelíes,
no operaciones ofensivas de Israel, mecanismo
internacional para reforzar la prohibición
de contrabando de armas ofensivas, compromiso
de la Autoridad Palestina en el control
de los pasadizos abiertos, y la asistencia
en gran escala humanitaria y de reconstrucción
canalizada por la Autoridad Palestina más
que via Hamas. Se requiere la rápida
consolidación de dos Estados independientes,
la supresión de los asentamientos
judíos, de modo que llegue a configurarse
un Estado palestino independiente, quizás
federado con Israel. Dos Estados independientes
y, sin embargo, dependientes entre sí,
plenamente concientes y respetuosos de que
sus destinos están indisolublemente
ligados.
"Obama tiene la oportunidad de
levantar los ojos de Árabes e Israelíes
de la mirada de miseria en que ellos parecen
condenados para siempre hacia el lejano
horizonte de paz, seguridad, normalidad
y un mejor futuro para sus hijos. Coincidente
con la toma de posesión de Obama,
la crisis de Gaza ha convertido esa oportunidad
en una necesidad" (Martin Indyk,
antiguo embajador de EUA en Israel).
27 enero 2009 |